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EL SECTOR AGRARIO La orientación exportadora de los ricos valles de la región, que aprovecha su clima seco y cálido y la facilidad de acceso al puerto, se definió desde inicios de este siglo, asociada al desarrollo de grandes haciendas y el mejoramiento de las tecnologías de riego. Ambos procesos, tardíos en relación a otros valles costeños, no eliminaron sino arrinconaron la densa sociedad campesina con fuertes vínculos tradicionales y soporte de una rica tradición cultural, que había poseído hasta entonces las tierras. Tras las grandes transformaciones asociadas a la Reforma Agraria de 1969, la ulterior parcelación de las Cooperativas, y la finalización de la mayor obra de infraestructura de riego de la región, la represa de Poechos (1000,000 mt3) y el sistema de canales y presas secundarias, esta sociedad campesina, tradicional, recibió una de las bases productivas más valiosas del país: unas 90,000 hectáreas con riego regulado que hoy se encuentran distribuidas en algo de 42,500 unidades productivas, en su mayor parte pequeñas, incluso minifundios, y que dan trabajo directo a cerca de 88,000 personas, a más de dinamizar los pequeños servicios y actividades complementarias del mundo rural. Tenencia de la Tierra en los Valles
Estos pequeños agricultores, muchos de ellos analfabetos o de muy bajo nivel educativo, se iniciaron como productores independientes y se desarrollaron por cerca de 20 años bajo un modelo de intervención estatal sobre los mercados que no los confrontaba a las exigencias de un manejo empresarial de sus parcelas. Así, no produjeron vínculos con la banca privada, ni con empresas modernas de servicios. Sin mayores orientaciones técnicas, la cédula tradicional de cultivos de la época anterior (algodón o arroz), con un solo cultivo de campaña al año, se ha mantenido, copiando parcialmente las viejas técnicas de las haciendas, ya desfasadas y mal adaptadas a su pequeña escala. El propio sistema de riego (inundación de pozas) reproduce las tecnologías anteriores, cuando el agua de riego no estaba regulada por el enorme sistema que hoy existe, provocando no sólo desperdicio en el recurso más caro y escaso de esta región árida, el agua, que mejor utilizada permitiría ampliar la frontera agrícola, sino la creciente salinización de las tierras. Nivel Educativo
de los Jefes de Unidades Productivas. Piura
Fuente: Censo Agropecuario 1993 Quizás la innovación y la inversión más importante de estos pequeños agricultores, haya sido la educación de sus hijos: el nivel educativo de la generación más joven, es notoriamente superior. Esta generación, sin embargo, excepcionalmente numerosa, no accede aún a la gestión de la tierra: sin alternativas de empleo en otros sectores, la herencia significaría la pulverización de la pequeña propiedad. Por el momento, los jóvenes rurales esperan salir del campo y no imaginan que el capital que se ha invertido en ellos pueda revertir, como conocimientos, tecnología y nueva actitud empresarial, hacia un nuevo dinamismo del sector. La pequeña escala de las operaciones de estos pequeños agricultores, eleva sus costos de transacción. Su experiencia organizativa se adaptó más bien a estrategias de movilización y negociación de costos de factores con un Estado intervencionista / populista (las grandes comunidades campesinas y Federaciones) que a la gestión de recursos en condiciones de mercado. La única experiencia organizativa de tipo empresarial, las Cooperativas, asociaciones compulsivas y no voluntarias, fue desastrosa. Este sistema no renovado, se ha visto súbitamente confrontado desde 1990 a los imperativos de competitividad del nuevo marco de política económica y al rápido retiro de todo el aparato de intervención del Estado, incluyendo el Banco Agrario que proveía el crédito, sin que se haya desarrollado un nuevo conjunto de funciones y regulaciones estatales para la promoción de los mercados. Si bien el pequeño sector de medianos y grandes propietarios, que empieza a crecer al amparo de la nueva legislación que liberaliza el mercado de tierras, ha empezado a dinamizar el sector incorporando nuevos cultivos de alta rentabilidad, dirigidos a nuevos mercados e incorporando nuevas tecnologías gracias a su capacidad de disponer de información, vinculaciones con la banca privada y mayor capacidad de gestión, la pequeña agricultura, desorganizada y desprovista de acceso al crédito, la información y los nuevos mercados, tiene dificultades y altos riesgos para replicar estas experiencias cercanas. Los valles de la costa de Piura tienen reunidos rasgos que es posible encontrar en otras regiones del país: pequeña agricultura de costa (en mucho mayor porcentaje que en otros valles) con buenos recursos a su disposición, bajos ingresos, pero gran potencial; sociedades densamente campesinas, con fuertes vínculos y soporte de ricas tradiciones culturales como en los valles interandinos con producción para mercados dinámicos. En el éxito que pequeños agricultores de una región como Piura puedan tener para adaptarse al nuevo contexto de mercado, que abre oportunidades, pero contiene también enormes riesgos, se juega no sólo su propio futuro, sino las posibilidades para la región de un dinamismo agrario amplio, que incorpore y no excluya a los cientos de miles de familias rurales que demandan productos de otros sectores y espacios de la región, y un modelo de desarrollo agrario incluyente, susceptible de adaptarse a otros espacios del país, como alternativa al imaginario predominante del desarrollo por impulso de la gran empresa.
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