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Agro Sintesis

Junio 1999


EL SUELO EN CULTIVOS ORGÁNICOS Y ECOLÓGICOS

RICARDO PINEDA MILICICH.

Es una tendencia universal generalizada (megatendencia) la preocupación por la contaminación del ambiente y la destrucción de los recursos naturales. En el ámbito agrícola se manifiesta a través de esfuerzos por desarrollar una agricultura compatible con los preceptos ecológicos. El primer paso en este camino es hacer un recuento de cuál era la situación de los ecosistemas naturales en el mundo antes que interviniera el hombre. Luego, es necesario analizar cuál es la situación actual dentro del esquema de agricultura moderna convencional y establecer en qué medida cada una de las tecnologías más adelantadas pueden estar dañando al ecosistema; y de ser así, entonces es obvio que deberán buscarse alternativas tecnológicas sustitutorias. El asunto está en hacer un análisis serio para establecer con suficientes argumentos científicos si una determinada práctica es o no realmente perniciosa. Sobre esto hay todavía algunos mitos por esclarecer.

Dentro de los intentos por desarrollar un agricultura limpia están los cultivos orgánicos que dan como resultado los productos agrícolas orgánicos, cuya demanda es creciente dado que contienen contaminantes que pueden dañar a la salud. Las exigencias de manejo de los cultivos orgánicos que establecen los certificadores internacionales, obedeciendo directivas de la IFOAM (Federación Internacional de Movimientos para la Agricultura Orgánica), son bastante rigurosos, y ello está limitando notablemente una mayor difusión de estos cultivos en el mundo. Su principal desventaja está en el mayor gasto de mano de obra que demandan y en los menores rendimientos obtenidos por deficiencias nutrimentales, las cuales están íntimamente relacionadas con las características, comportamiento y manejo del suelo. De tal manera que el suelo se constituye en el factor fundamental dentro de las posibilidades de desarrollo de una agricultura orgánica o ecológica.

Si bien el aspecto del control de plagas mediante métodos biológicos ha tenido un buen avance, el problema de nutrir convenientemente a los cultivos sólo con material orgánico, no tiene aún alternativas viables actuales. Por tanto, un primer deslinde que debiera hacerse es el de los agroquímicos: no pueden seguir metidos en un mismo saco los plaguicidas con los fertilizantes minerales sintéticos. Otro aspecto por deslindar es el de los cultivos orgánicos con los cultivos ecológicos. Muchas veces se usan indistintamente estos dos términos como sinónimos.

Suelo Agrícola

Suelo agrícola en su definición más simple es aquel en el que se práctica la agricultura, es decir, donde se cultivan plantas. La ciencia que estudia al suelo en su relación con la planta se llama Edafología, y ésta define al suelo agrícola como: "un ente vivo constituido por una fracción mineral y una fracción orgánica que conteniendo proporciones adecuadas de agua y aire sostiene y nutre a las plantas". Entonces, un suelo que no contenga materia orgánica, no es un suelo agrícola.

Para determinar la calidad de un suelo agrícola hay que evaluarlo desde tres dimensiones:

  • El paisaje, que es lo que está encima y comprende fundamentalmente los elementos: topografía (relieve y pendiente), vegaetación (natural y cultivada), erosión, pedregosidad y fauna.
  • La capa arable, que es una delgada capa (25 a 30 cm) done se distribuye la mayor proporción del sistema radical de la mayoría de las especies cultivadas. Esta es la zona donde se practican las labores culturales (araduras, riego, fertilización, etc), y es el lugar de donde se extraen generalmente las muestras de suelo para los análisis de laboratorio.
  • El perfil, que corresponde a las características que presenta el suelo, del ras de la superficie hacia abajo (1.5 a 2 m). En este espacio debemos reparar, principalmente, en los siguientes elementos: profundidad, horizontes, capas reducidas, napa freática y drenaje.

Por tanto, es indispensable que cuando apreciemos un suelo agrícola lo veamos como un subsistema que no es sólo la capa arable, sino que tiene prolongaciones de conexión con los otros componentes del sistema agrícola, y que consideremos que todos ellos tienen importancia para determinar su capacidad potencial productiva. Por consiguiente, un análisis físico-químico de la capa arable de un suelo es un factor muy importante de calificación de la calidad del mismo, pero no es ni debe ser el único.

El suelo es un sistema silvestre

CONSTITUCIÓN

En un sistema silvestre promedio el suelo es un subsistema que tiene vida propia. En un principio la fracción mineral (roca), por procesos físico mecánicos, se va fraccionando. En un segundo momento interactúa con la fracción orgánica (organismos vivos y restos de animales y vegetales) y constituye lo que edafológicamente se denomina un suelo agrícola, cumpliéndose de esta manera con la condición indispensable de una presencia significativa de materia orgánica.

RECICLAJE

Es un sistema silvestre (ideal) se da el reciclaje perfecto, por lo menos a nivel del subsistema de suelo: las plantas toman sus nutrimentos del suelo, del aire y del agua; y los animales comen parte de los vegetales y durante su vida devuelven al suelo, a través de sus excretas (estiércol y orina), una parte de lo que consumen y cuando mueren devuelven el resto. Por otro lado, los vegetales devuelven poco a poco al suelo todo lo que extrajeron; no hay exportación de nutrimentos, puesto que no hay cosecha.

ESTRUCTURA

Otra característica típica en un sistema silvestre es que el suelo no es disturbado abruptamente, salvo desastres naturales; de modo que mantiene estable su estructura: solo ocurren horadaciones producidas por lombrices, escarabajos, etc, que contribuyen a facilitar la aireación y el humedecimiento (o drenaje según sea el caso).

CUBIERTA VEGETAL

Otra particularidad de un sistema silvestre es que mantiene siempre una cubierta vegetal sobre el suelo. Si es una zona en la que llueve todo el año, pues, todo el año tendrá vegetación verde. Y si es una zona donde sólo llueve una parte del año, pues, en esa parte del año tendrá vegetación verde y en el resto tendrá vegetación seca, pero que permanece allí, no siento removida 8salvo la que pueda ser comida por el ganado). De modo que en ambos casos el suelo queda protegido de la erosión, tanto hídrica (impacto de las gotas de lluvias o escorrentía) como eólica (por el viento).

BIOEDAFODIVERSIDAD

Un sello típico de un subsistema suelo silvestre es el de la bioedafodiversidad: presencia y convivencia de muchas especies diferentes, tanto de vegetales como de animales, que mantienen un equilibrio ecológico. De modo que no se da la presencia de lo que se llama propiamente plaga: un crecimiento desmesurado de una especie que ataca y afecta gravemente a otras.

NUTRIMENTOS

Es un sistema silvestre todos los elementos esenciales del suelo (iones minerales absorbibles): PO4H=, Po4H2-, K+, Ca++, Mg++, etc.) proceden de los minerales primarios existentes en el propio suelo, como las apatitas, feldespatos, calcitas, magnesitas, etc, que solubilizan por reacciones bioquímicas, con activa participación de microorganismos vivos y compuestos orgánicos derivados de la materia orgánica. El único nutrimento que no tiene un mineral primario-madre en el suelo es el nitrógeno. Este procede íntegramente de la materia orgánica o de la fijación del nitrógeno atmosférico por parte de microorganismos varios (la materia orgánica, además de ser fuente de nitrógeno, lo es también de todos los demás elementos esenciales). Por tanto, si todos estos nutrimentos, al fin y al cabo, han de regresar al suelo (vía reciclaje), entonces, no se justifica ninguna práctica de reposición, es decir, de fertilización, ya que no hay cosecha y no hay quema (por lo menos exprofesamente).

AGUA

Por último, otra característica de un sistema silvestre es el de la utilización natural del agua; el humedecimiento se desarrolla sólo bajo condiciones de lluvia. No existe manejo del agua. Por tanto, las zonas desérticas sólo pueden sostener una reducida cubierta vegetal de especies compatibles con tal situación o, probablemente en algún caso, una tupida vegetación arbórea como resultado de fuertes precipitaciones eventuales, como consecuencia de fenómenos especiales (el FEN, por ejemplo) que recarguen periódicamente el freático.

De un sistema suelo silvestre, debemos recoger la enseñanzas de mantener su componente orgánico, fomentar el reciclaje, defender su estructura y cubierta vegetal, promover la bioedafodiversidad y en general velar por un abastecimiento suficiente y oportuno de agua y nutrimentos.

CONSTITUCIÓN

En un sistema silvestre promedio el suelo es un subsistema que tiene vida propia. En un principio la fracción mineral (roca), por procesos físico mecánicos, se va fraccionando. En un segundo momento interactúa con la fracción orgánica (organismos vivos y restos de animales y vegetales) y constituye lo que edafológicamente se denomina un suelo agrícola, cumpliéndose de esta manera con la condición indispensable de una presencia significativa de materia orgánica.

RECICLAJE

Es un sistema silvestre (ideal) se da el reciclaje perfecto, por lo menos a nivel del subsistema de suelo: las plantas toman sus nutrimentos del suelo, del aire y del agua; y los animales comen parte de los vegetales y durante su vida devuelven al suelo, a través de sus excretas (estiércol y orina), una parte de lo que consumen y cuando mueren devuelven el resto. Por otro lado, los vegetales devuelven poco a poco al suelo todo lo que extrajeron; no hay exportación de nutrimentos, puesto que no hay cosecha.

ESTRUCTURA

Otra característica típica en un sistema silvestre es que el suelo no es disturbado abruptamente, salvo desastres naturales; de modo que mantiene estable su estructura: solo ocurren horadaciones producidas por lombrices, escarabajos, etc, que contribuyen a facilitar la aireación y el humedecimiento (o drenaje según sea el caso).

CUBIERTA VEGETAL

Otra particularidad de un sistema silvestre es que mantiene siempre una cubierta vegetal sobre el suelo. Si es una zona en la que llueve todo el año, pues, todo el año tendrá vegetación verde. Y si es una zona donde sólo llueve una parte del año, pues, en esa parte del año tendrá vegetación verde y en el resto tendrá vegetación seca, pero que permanece allí, no siento removida 8salvo la que pueda ser comida por el ganado). De modo que en ambos casos el suelo queda protegido de la erosión, tanto hídrica (impacto de las gotas de lluvias o escorrentía) como eólica (por el viento).

BIOEDAFODIVERSIDAD

Un sello típico de un subsistema suelo silvestre es el de la bioedafodiversidad: presencia y convivencia de muchas especies diferentes, tanto de vegetales como de animales, que mantienen un equilibrio ecológico. De modo que no se da la presencia de lo que se llama propiamente plaga: un crecimiento desmesurado de una especie que ataca y afecta gravemente a otras.

NUTRIMENTOS

Es un sistema silvestre todos los elementos esenciales del suelo (iones minerales absorbibles): PO4H=, Po4H2-, K+, Ca++, Mg++, etc.) proceden de los minerales primarios existentes en el propio suelo, como las apatitas, feldespatos, calcitas, magnesitas, etc, que solubilizan por reacciones bioquímicas, con activa participación de microorganismos vivos y compuestos orgánicos derivados de la materia orgánica. El único nutrimento que no tiene un mineral primario-madre en el suelo es el nitrógeno. Este procede íntegramente de la materia orgánica o de la fijación del nitrógeno atmosférico por parte de microorganismos varios (la materia orgánica, además de ser fuente de nitrógeno, lo es también de todos los demás elementos esenciales). Por tanto, si todos estos nutrimentos, al fin y al cabo, han de regresar al suelo (vía reciclaje), entonces, no se justifica ninguna práctica de reposición, es decir, de fertilización, ya que no hay cosecha y no hay quema (por lo menos exprofesamente).

AGUA

Por último, otra característica de un sistema silvestre es el de la utilización natural del agua; el humedecimiento se desarrolla sólo bajo condiciones de lluvia. No existe manejo del agua. Por tanto, las zonas desérticas sólo pueden sostener una reducida cubierta vegetal de especies compatibles con tal situación o, probablemente en algún caso, una tupida vegetación arbórea como resultado de fuertes precipitaciones eventuales, como consecuencia de fenómenos especiales (el FEN, por ejemplo) que recarguen periódicamente el freático.

De un sistema suelo silvestre, debemos recoger la enseñanzas de mantener su componente orgánico, fomentar el reciclaje, defender su estructura y cubierta vegetal, promover la bioedafodiversidad y en general velar por un abastecimiento suficiente y oportuno de agua y nutrimentos.

El suelo es un sistema agrícola

TUMBA Y QUEMA

Cuando ingresa el hombre al escenario silvestre para hacer agricultura, la primera aación debió corresponder seguramente al desbroce de la vegetación natural, silvestre, y su quema para dejar el "campo limpio". Este fue el primer atentado contra la biodiversidad y contra la conservación de suelos. Esta es una de las primeras acciones que podrían calificar los ecologistas, con rigor , como de lesa naturaleza.

ARADURA

El romper el suelo para depositar en él la semilla fue la siguiente acción del hombre; y no sólo romper, sino prácticamente moler el suelo en su afán por lograr "mullimiento". Esto constituyó el primer atentado contra la estructura de suelo y la primera puerta abierta para su erosión. En este afán de "preparar bien el suelo" se diseñaron múltiple tipos de arados, gradas, rastras, rodillos, etc, cada vez más grandes y más pesados, que por un lado molían la capa superficial y por el otro compactaban el subsuelo.

MONOCULTIVO

Luego de desbrozadas, quemadas y aradas cientos de miles de hectáreas, el hombre empezó a llenar estos espacios con unas pocas especies "seleccionadas" para su alimentación y otros usos, como por ejemplo: granos(trigo, arroz, maíz, sorgo); menestras (frijoles, lentejas, soya, maní); frutas(banano, piña, naranja, papaya, mango); tubérculos (papa, yuca, camote); industriales (algodón, caña de azúcar, coco), etc.

De los cientos de miles de especies vegetales que existen en la tierra (nadie sabe en realidad cuántas son), los botánicos calculan que aproximadamente 20,000 son comestibles, pero la humanidad en toda su historia ha cultivado apenas unas 3000, y en los últimos siglos esta cifra se ha reducido drásticamente. Se calcula que el número de especies que se cultiva comercialmente es de apenas 150. Hoy, la mayoría de los pobladores del mundo obtiene el 95% de sus calorías y proteínas de apenas unos 30 cultivos. En la medida en que el hombre fue incorporando a la agricultura millones de hectáreas de suelo, con un reducido grupo de especies seleccionadas, todo el gran resto fue siendo arrinconado en áreas marginales (montañas, desiertos, pantanos), donde hay que ir a rescatarlas. La biodiversidad se ha ido a vivir a los extramuros. El monocultivo ha sentado sus reales; grandes movimientos mundiales han emprendido la tarea del rescate de la biodiversidad.

El otro efecto dañino del monocultivo se da (paradójicamente para consigo mismo), a través de la surgencia y resurgencia de poblaciones incontrolables de plagas y enfermedades, que en determinadas circunstancias arrasan con enormes extensiones de cultivo, causando pérdidas económicas extraordinarias.

RIEGO

La práctica del represamiento, canalización y aplicación de agua a los campos de cultivo es otro sello característico de la agricultura convencional. Mediante el riego se han incorporado, y se siguen incorporando, millones de hectáreas de terrenos eriazos a la agricultura. Sin embargo, el manejo de todos estas acciones ha estado plagado de innumerables errores, desde el propio diseño y construcción de las grandes represas y sistemas de drenaje, hasta los métodos de riego a nivel de parcela; de modo que los perjuicios han sido y siguen siendo enormes, en muchos casos.

El dispendio del agua es muy grande. Por ejemplo, en algunos lugares de la costa norte se llega a aplicar hasta 100,000 M3/Ha de agua en cultivo de arroz (riego por pozas en suelos sueltos), de modo que con ello se recarga el freático y se salinizan los suelos; todo esto agravado por un sistema de drenaje que no funciona. El mal manejo del riego también produce erosión de la capa superficial y pérdidas de nutrimentos por lixiviación.

FERTILIZACION

La fertilización de los campos de cultivo es otro rasgo típico de la agricultura convencional. Parte de un principio muy simple e indiscutible: el de la restitución; ya que si ha de exportarse fuera del suelo, a través de la cosecha, parte de los nutrimentos extraídos por la planta, entonces debe pensarse en la necesidad de restituir esos nutrimentos mediante fertilizantes. En la medida en que esa extracción sea mayor, más frecuente y más rápida (alta productividad), también la restitución por medio de fertilizantes deberá ser mayor, más frecuente y más rápida.

El aceleramiento de este proceso lleva al suelo, a la larga, a una situación "suigéneris": al final llega a convertirse en un espectador casi neutral de un ciclo cerrado de fertilización – producción – cosecha – fertilización, que se repite indefinidamente. Esto significa, en gran medida, una paralización de los procesos de abastecimiento de nutrimentos provenientes de los minerales primarios y de la materia orgánica.

La nutrición de las plantas es evidentemente mineral. Es decir, que las formas asimilables finales (las que ingresan por el sistema radical) son iones, los cuales pueden proceder, bien sea de los minerales primarios o de la materia orgánica. Sin embargo, el uso exagerado de los fertilizantes minerales sintéticos tendrá efectos contaminantes sobre el ecosistema.

Entonces, el asunto se reduce a tener suficiente fuente orgánica en el suelo, suficiente actividad microbiana y adecuadas condiciones del medio (pH, humedad, aireación, salinidad, etc) para que se potencien, reactiven y aceleren los procesos de solubilización de los minerales primarios. Si esto es así, y con ello se logran altos rendimientos de cosecha, ya no sería necesario hacer aplicación de fertilizantes sintéticos. Por tanto, aquí radica el meollo del asunto: hay que hacer un análisis costo/beneficio, pero incluyendo las variables ecológicas y sociales para decidir en última instancia lo más conveniente para el agricultor y el ecosistema.

Cada práctica agronómica que se realice debe ser analizada en términos de sus beneficios y perjuicios sobre el medio ambiente, sobre los recursos naturales y sobre la economía y bienestar del agricultor.

COSECHA

Es obvio que la actividad agrícola implica la obtención de una cosecha. un producto que se come, se usa o se procesa. Y, asimismo, es obvio que el afán del agricultor será obtener la mejor cosecha posible (en cantidad y calidad), en el menor tiempo posible. A nivel de promedios mundiales podemos decir que el problema no es de productividad, que existe suficiente producción de alimentos para alimentar a todos. Pero, el asunto está en cómo y cuándo hacer ese reparto proporcional, equitativo, justo. Mientras no se logre esto, el agricultor estará pugnando siempre por conseguir la máxima cosecha posible en sus cultivos. Ese es su problema de hoy.

QUEMA

Así como al inicio se quema para dejar un "área limpia" para hacer agricultura; así también, luego de las cosechas se vuelven a quemar los rastrojos 8doble pecado), 1 pórque así lo obligan las disposiciones reglamentarias del Ministerio de Agricultura, con plazos perentorios para dejar los "campos limpios".

Al quemar se devuelve a la atmósfera todo el nitrógeno que con tanto gasto de energía, tiempo y trabajo logró almacenar el agricultor dentro de la planta (durante todo el proceso del cultivo); y además se le niega al suelo el aporte de materia orgánica que significaría si esos rastrojos se enterraran, o si con ellos se preparara compost, para incorporarlo al mimo.

En un estimado "grosso modo" que hicimos en Piura, hace ya algunos años, calculamos que luego de cada campaña de algodón (40,000 Ha9 se quemaba alrededor de medio millón de TM de biomasa (sólo rastrojos de algodón) lo que equivale a 500 TM de nitrógeno (más de 1,000 TM de urea).

Además si bien al quemar se destruyen las plagas, (éste es el argumento fundamental de la quema), se dejan a los suelos pelados, y por tanto expuestos a la erosión y a la salinización. Se tiene que encontrar la manera de controlar a las plagas sin necesidad de quemar los rastrojos; y esto está ligado estrechamente al manejo integrado del cultivo y del ecosistema.

CONTROL DE PLAGAS

En el suelo se localizan, o se ubican transitoriamente, muchas plagas de gran importancia para los cultivos, como por ejemplo, los nemátodes, los nuctuideos, los organismos patógenos que producen las pudriciones radicales, etc.

En la medida en que cunde el monocultivo, cunden las plagas, y entonces se inicia una lucha sin cuartel y sin esperanzas contra ellas. Como en el mito de la medusa, por cada cabeza que se corta, surgen dos. Es una pelea desenfrenada en la que se recurre a plaguicidas cada vez más tóxicos, aplicados cada vez en mayor cantidad y con mayor frecuencia. Esta lucha se reduce al famoso juego de "Los proyectiles y los blindados" que practican en el Pentágono: cada vez que se consigue un blindado que detenga un proyetil que sí lo perfore, y así indefinidamente.

Luego de años de pelea incesante, de millones de kilogramos de plaguicidas vertidos en los campos de cultivos, el agricultor se detiene fatigado, exhausto, y se ve rodeado de insectos sonrientes , gozando de buena salud, acompañados de muchos otros que no estaban cuando empezó la lucha.

Pero, esto no es lo peor. Además de una población de plagas vigorosa y lista para reiniciar el combate, tenemos suelos, aguas y frutos contaminados con pesticidas, y cada año cientos de miles de personas que se intoxican por su mal manejo en el campo.

Vistas todas las implicancias que significan las diferentes prácticas agrícolas antes mencionadas en su impacto sobre el recurso suelo y sobre el ambiente, entonces, se hace indispensable revisar todas esas prácticas y modificarlas para evitar esos impactos negativos, y al mismo tiempo mantener altos niveles de productividad. He aquí el desafío.

TUMBA Y QUEMA

Cuando ingresa el hombre al escenario silvestre para hacer agricultura, la primera aación debió corresponder seguramente al desbroce de la vegetación natural, silvestre, y su quema para dejar el "campo limpio". Este fue el primer atentado contra la biodiversidad y contra la conservación de suelos. Esta es una de las primeras acciones que podrían calificar los ecologistas, con rigor , como de lesa naturaleza.

ARADURA

El romper el suelo para depositar en él la semilla fue la siguiente acción del hombre; y no sólo romper, sino prácticamente moler el suelo en su afán por lograr "mullimiento". Esto constituyó el primer atentado contra la estructura de suelo y la primera puerta abierta para su erosión. En este afán de "preparar bien el suelo" se diseñaron múltiple tipos de arados, gradas, rastras, rodillos, etc, cada vez más grandes y más pesados, que por un lado molían la capa superficial y por el otro compactaban el subsuelo.

MONOCULTIVO

Luego de desbrozadas, quemadas y aradas cientos de miles de hectáreas, el hombre empezó a llenar estos espacios con unas pocas especies "seleccionadas" para su alimentación y otros usos, como por ejemplo: granos(trigo, arroz, maíz, sorgo); menestras (frijoles, lentejas, soya, maní); frutas(banano, piña, naranja, papaya, mango); tubérculos (papa, yuca, camote); industriales (algodón, caña de azúcar, coco), etc.

De los cientos de miles de especies vegetales que existen en la tierra (nadie sabe en realidad cuántas son), los botánicos calculan que aproximadamente 20,000 son comestibles, pero la humanidad en toda su historia ha cultivado apenas unas 3000, y en los últimos siglos esta cifra se ha reducido drásticamente. Se calcula que el número de especies que se cultiva comercialmente es de apenas 150. Hoy, la mayoría de los pobladores del mundo obtiene el 95% de sus calorías y proteínas de apenas unos 30 cultivos. En la medida en que el hombre fue incorporando a la agricultura millones de hectáreas de suelo, con un reducido grupo de especies seleccionadas, todo el gran resto fue siendo arrinconado en áreas marginales (montañas, desiertos, pantanos), donde hay que ir a rescatarlas. La biodiversidad se ha ido a vivir a los extramuros. El monocultivo ha sentado sus reales; grandes movimientos mundiales han emprendido la tarea del rescate de la biodiversidad.

El otro efecto dañino del monocultivo se da (paradójicamente para consigo mismo), a través de la surgencia y resurgencia de poblaciones incontrolables de plagas y enfermedades, que en determinadas circunstancias arrasan con enormes extensiones de cultivo, causando pérdidas económicas extraordinarias.

RIEGO

La práctica del represamiento, canalización y aplicación de agua a los campos de cultivo es otro sello característico de la agricultura convencional. Mediante el riego se han incorporado, y se siguen incorporando, millones de hectáreas de terrenos eriazos a la agricultura. Sin embargo, el manejo de todos estas acciones ha estado plagado de innumerables errores, desde el propio diseño y construcción de las grandes represas y sistemas de drenaje, hasta los métodos de riego a nivel de parcela; de modo que los perjuicios han sido y siguen siendo enormes, en muchos casos.

El dispendio del agua es muy grande. Por ejemplo, en algunos lugares de la costa norte se llega a aplicar hasta 100,000 M3/Ha de agua en cultivo de arroz (riego por pozas en suelos sueltos), de modo que con ello se recarga el freático y se salinizan los suelos; todo esto agravado por un sistema de drenaje que no funciona. El mal manejo del riego también produce erosión de la capa superficial y pérdidas de nutrimentos por lixiviación.

FERTILIZACION

La fertilización de los campos de cultivo es otro rasgo típico de la agricultura convencional. Parte de un principio muy simple e indiscutible: el de la restitución; ya que si ha de exportarse fuera del suelo, a través de la cosecha, parte de los nutrimentos extraídos por la planta, entonces debe pensarse en la necesidad de restituir esos nutrimentos mediante fertilizantes. En la medida en que esa extracción sea mayor, más frecuente y más rápida (alta productividad), también la restitución por medio de fertilizantes deberá ser mayor, más frecuente y más rápida.

El aceleramiento de este proceso lleva al suelo, a la larga, a una situación "suigéneris": al final llega a convertirse en un espectador casi neutral de un ciclo cerrado de fertilización – producción – cosecha – fertilización, que se repite indefinidamente. Esto significa, en gran medida, una paralización de los procesos de abastecimiento de nutrimentos provenientes de los minerales primarios y de la materia orgánica.

La nutrición de las plantas es evidentemente mineral. Es decir, que las formas asimilables finales (las que ingresan por el sistema radical) son iones, los cuales pueden proceder, bien sea de los minerales primarios o de la materia orgánica. Sin embargo, el uso exagerado de los fertilizantes minerales sintéticos tendrá efectos contaminantes sobre el ecosistema.

Entonces, el asunto se reduce a tener suficiente fuente orgánica en el suelo, suficiente actividad microbiana y adecuadas condiciones del medio (pH, humedad, aireación, salinidad, etc) para que se potencien, reactiven y aceleren los procesos de solubilización de los minerales primarios. Si esto es así, y con ello se logran altos rendimientos de cosecha, ya no sería necesario hacer aplicación de fertilizantes sintéticos. Por tanto, aquí radica el meollo del asunto: hay que hacer un análisis costo/beneficio, pero incluyendo las variables ecológicas y sociales para decidir en última instancia lo más conveniente para el agricultor y el ecosistema.

Cada práctica agronómica que se realice debe ser analizada en términos de sus beneficios y perjuicios sobre el medio ambiente, sobre los recursos naturales y sobre la economía y bienestar del agricultor.

COSECHA

Es obvio que la actividad agrícola implica la obtención de una cosecha. un producto que se come, se usa o se procesa. Y, asimismo, es obvio que el afán del agricultor será obtener la mejor cosecha posible (en cantidad y calidad), en el menor tiempo posible. A nivel de promedios mundiales podemos decir que el problema no es de productividad, que existe suficiente producción de alimentos para alimentar a todos. Pero, el asunto está en cómo y cuándo hacer ese reparto proporcional, equitativo, justo. Mientras no se logre esto, el agricultor estará pugnando siempre por conseguir la máxima cosecha posible en sus cultivos. Ese es su problema de hoy.

QUEMA

Así como al inicio se quema para dejar un "área limpia" para hacer agricultura; así también, luego de las cosechas se vuelven a quemar los rastrojos 8doble pecado), 1 pórque así lo obligan las disposiciones reglamentarias del Ministerio de Agricultura, con plazos perentorios para dejar los "campos limpios".

Al quemar se devuelve a la atmósfera todo el nitrógeno que con tanto gasto de energía, tiempo y trabajo logró almacenar el agricultor dentro de la planta (durante todo el proceso del cultivo); y además se le niega al suelo el aporte de materia orgánica que significaría si esos rastrojos se enterraran, o si con ellos se preparara compost, para incorporarlo al mimo.

En un estimado "grosso modo" que hicimos en Piura, hace ya algunos años, calculamos que luego de cada campaña de algodón (40,000 Ha9 se quemaba alrededor de medio millón de TM de biomasa (sólo rastrojos de algodón) lo que equivale a 500 TM de nitrógeno (más de 1,000 TM de urea).

Además si bien al quemar se destruyen las plagas, (éste es el argumento fundamental de la quema), se dejan a los suelos pelados, y por tanto expuestos a la erosión y a la salinización. Se tiene que encontrar la manera de controlar a las plagas sin necesidad de quemar los rastrojos; y esto está ligado estrechamente al manejo integrado del cultivo y del ecosistema.

CONTROL DE PLAGAS

En el suelo se localizan, o se ubican transitoriamente, muchas plagas de gran importancia para los cultivos, como por ejemplo, los nemátodes, los nuctuideos, los organismos patógenos que producen las pudriciones radicales, etc.

En la medida en que cunde el monocultivo, cunden las plagas, y entonces se inicia una lucha sin cuartel y sin esperanzas contra ellas. Como en el mito de la medusa, por cada cabeza que se corta, surgen dos. Es una pelea desenfrenada en la que se recurre a plaguicidas cada vez más tóxicos, aplicados cada vez en mayor cantidad y con mayor frecuencia. Esta lucha se reduce al famoso juego de "Los proyectiles y los blindados" que practican en el Pentágono: cada vez que se consigue un blindado que detenga un proyetil que sí lo perfore, y así indefinidamente.

Luego de años de pelea incesante, de millones de kilogramos de plaguicidas vertidos en los campos de cultivos, el agricultor se detiene fatigado, exhausto, y se ve rodeado de insectos sonrientes , gozando de buena salud, acompañados de muchos otros que no estaban cuando empezó la lucha.

Pero, esto no es lo peor. Además de una población de plagas vigorosa y lista para reiniciar el combate, tenemos suelos, aguas y frutos contaminados con pesticidas, y cada año cientos de miles de personas que se intoxican por su mal manejo en el campo.

Vistas todas las implicancias que significan las diferentes prácticas agrícolas antes mencionadas en su impacto sobre el recurso suelo y sobre el ambiente, entonces, se hace indispensable revisar todas esas prácticas y modificarlas para evitar esos impactos negativos, y al mismo tiempo mantener altos niveles de productividad. He aquí el desafío.

El suelo en cultivos orgánicos

Un producto agrícola orgánico es el que procede de un manejo estrictamente orgánico de su cultivo, es decir, con absoluta ausencia de aplicación de fertilizantes sintéticos y plaguicidas, o de otros compuestos obtenidos mediante procedimientos químicos. Esta es una exigencia impuesta por el consumidor al agricultor, de modo que en tal virtud, aquel asume la prerrogativa de controlar a éste, a través de un sistema de certificación. Esta exigencia obviamente, redunda en una menor productividad, pero que se compensa con un mayor precio que se paga en el mercado por los productos orgánicos.

De modo que si todos se ponen de acuerdo, no hay problema: el productor produce lo que quiere el consumidor, y éste paga precios apropiados por ello. Dentro de rangos normales de costos, beneficios y ganancias, todos quedan contentos. Si esto ocurre así, entonces, queda definido un espacio para este tipo de agricultura.

Para esto el agricultor, en cuanto a manejo del suelo, debe recurrir a diferentes modalidades de fertilización orgánica directa, como es el caso de incorporación de rastrojos de cosecha (no quema), siembra e incorporación de abonos verdes, aplicación de compost, fosfocompost, humus de lombriz, etc. O, a la única forma indirecta de fertilizar orgánicamente al suelo, que es el cultivo e inoculación de leguminosas, o fomento de otras formas de fijación microbiana no simbiótica. Y, asimismo, a la aplicación de algunos fertilizantes minerales naturales que no esten vetados por los certificadores de la agricultura orgánica.

En Piura, recientemente nos visitó el Coordinador Nacional del Programa de Plátano, con el objetode realizar coordinaciones del caso para instalar progresivamente 4000 Ha de banano orgánico (en el presente año la meta es de 600 Ha). En este caso, los plataneros que produzcan banano orgánico tendrían ya un comprador asegurado.

Un producto agrícola orgánico es el que procede de un manejo estrictamente orgánico de su cultivo, es decir, con absoluta ausencia de aplicación de fertilizantes sintéticos y plaguicidas, o de otros compuestos obtenidos mediante procedimientos químicos. Esta es una exigencia impuesta por el consumidor al agricultor, de modo que en tal virtud, aquel asume la prerrogativa de controlar a éste, a través de un sistema de certificación. Esta exigencia obviamente, redunda en una menor productividad, pero que se compensa con un mayor precio que se paga en el mercado por los productos orgánicos.

De modo que si todos se ponen de acuerdo, no hay problema: el productor produce lo que quiere el consumidor, y éste paga precios apropiados por ello. Dentro de rangos normales de costos, beneficios y ganancias, todos quedan contentos. Si esto ocurre así, entonces, queda definido un espacio para este tipo de agricultura.

Para esto el agricultor, en cuanto a manejo del suelo, debe recurrir a diferentes modalidades de fertilización orgánica directa, como es el caso de incorporación de rastrojos de cosecha (no quema), siembra e incorporación de abonos verdes, aplicación de compost, fosfocompost, humus de lombriz, etc. O, a la única forma indirecta de fertilizar orgánicamente al suelo, que es el cultivo e inoculación de leguminosas, o fomento de otras formas de fijación microbiana no simbiótica. Y, asimismo, a la aplicación de algunos fertilizantes minerales naturales que no esten vetados por los certificadores de la agricultura orgánica.

En Piura, recientemente nos visitó el Coordinador Nacional del Programa de Plátano, con el objetode realizar coordinaciones del caso para instalar progresivamente 4000 Ha de banano orgánico (en el presente año la meta es de 600 Ha). En este caso, los plataneros que produzcan banano orgánico tendrían ya un comprador asegurado.

El suelo en cultivos ecológicos

Un producto agrícola ecológico es el que durante su proceso productivo no fue sometido a prácticas que signifiquen contaminación del ambiente ni degradación de los recursos naturales, ni que contenga en sí residuos de compuestos tóxicos dañinos para la salud.

En este caso no hay exigencia específica y concreta, o una prohibición taxativa, hacia el agricultor (como sí lo hay en el caso de los productos orgánicos), sino sólo un enunciado de los principios fundamentales de la agroecología. El control, de parte de los consumidores, se hace mediante análisis del producto, cuyo contenido de compuestos peligrosos debe estar por debajo de determinados niveles, previamente establecidos.

El primer paso para llegar ala producción de productos ecológicos es la eliminación del uso de plaguicidas químicos de alta toxicidad y la reducción drástica de los de menor toxicidad. En el Ecuador, por ejemplo, hay un programa de producción de banano ecológico, en el que se ha eliminado el uso de plaguicidas químicos durante la conducción del cultivo en el campo, pero se mantiene la aplicación de fertilizantes sintéticos mezclados con fertilizantes orgánicos, así como el uso de algunos preservantes químicos en el proceso de embalaje.

En estos momentos estamos en la etapa de dilucidar terminologías. Muchos usan todavía como sinónimos productos orgánicos y productos ecológicos. Creo que es imprescindible establecer un deslinde entre ambos conceptos. Este deslinde está necesariamente vinculado a otro que es necesario definir previamente: es el de los plaguicidas químicos y fertilizantes sintéticos, metidos en un mismo saco con el rótulo de agroquímicos.

Agroquímicos son todos aquellos productos que se producen mediante procedimientos químicos en la industria y que están destinados a su uso en la agricultura. Entonces, el término agroquímico cubre una amplia gama de sustancias: como los plaguicidas, que son venenos especialmente diseñados para matar a las plagas pero con éstas no tienen capacidad de discernimiento matan por igual a todo organismos viviente, entere ellos a los controladores biológicos e, inclusive, al propio hombre, si este no toma las debidas precauciones 8y aunque no llegara a matarlo, por acumulación en el cuerpo humano puede llegar a afectar seriamente su salud produciendo daño en sus órganos vitales: cerebro, hígado, riñones,etc.).

Pero también están incluidos dentro de los agroquímicos los fertilizantes sintéticos, que muchas veces son catalogados al mismo nivel del cuestionamiento que los plaguicidas. Y, asimismo, pertenecen al grupo de los agroquímicos otras sustancias reguladoras del crecimiento, que tampoco son de alta toxicidad. Por ello, resulta más conveniente usar el término de agrotóxicos, para identificar a los plaguicidas y poder hacer contra ellos, con toda razón y fundamento, una lucha por su erradicación final.

Todo cuestionamiento que hagamos contra los agroquímicos, si seguimos metiendo en el mismo saco a plaguicidas, fertilizantes y reguladores del crecimiento, perderá fuerza, si no se hace esta diferenciación. Por ejemplo, el argumento de la contaminación por nitratos provenientes de los fertilizantes sintéticos (digamos nitrato de amonio) es igualmente válido para los nitratos provenientes de los estiércoles, cosa que es común en países europeos donde la producción de estiércol es muy grande. Entonces, el asunto no es de donde proviene sino cómo se maneja.

Un primer deslinde que debe hacerse es el de los agroquímicos: no pueden seguir metidos en un mismo saco los plaguicidas con los fertilizantes minerales sintéticos; resulta más conveniente usar el término de "agrotóxicos" para referirse a los plaguicidas y luchar por su erradicación final. Un segundo deslinde es el de los conceptos "cultivos ecológicos y 2cultivos orgánicos ", que equivocadamente se usan indistintamente como sinónimos.


Introducción


Sobreproducción de Arroz: un caso de falta de planeamiento agricola apropiado
Jessica Vega

Cuadros
Anexos

 



Asociación - Rotación y Rentabilidad Económica en Agricultura
Ricardo Pineda M.



El Suelo en Cultivos Organicos y Ecoógicos
Ricardo Pineda


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