| EL SUELO EN CULTIVOS ORGÁNICOS Y
ECOLÓGICOS
RICARDO PINEDA
MILICICH.
Es una tendencia
universal generalizada (megatendencia) la preocupación por la contaminación del ambiente
y la destrucción de los recursos naturales. En el ámbito agrícola se manifiesta a
través de esfuerzos por desarrollar una agricultura compatible con los preceptos
ecológicos. El primer paso en este camino es hacer un recuento de cuál era la situación
de los ecosistemas naturales en el mundo antes que interviniera el hombre. Luego, es
necesario analizar cuál es la situación actual dentro del esquema de agricultura moderna
convencional y establecer en qué medida cada una de las tecnologías más adelantadas
pueden estar dañando al ecosistema; y de ser así, entonces es obvio que deberán
buscarse alternativas tecnológicas sustitutorias. El asunto está en hacer un análisis
serio para establecer con suficientes argumentos científicos si una determinada práctica
es o no realmente perniciosa. Sobre esto hay todavía algunos mitos por esclarecer.
Dentro de los intentos por desarrollar un
agricultura limpia están los cultivos orgánicos que dan como resultado los productos
agrícolas orgánicos, cuya demanda es creciente dado que contienen contaminantes que
pueden dañar a la salud. Las exigencias de manejo de los cultivos orgánicos que
establecen los certificadores internacionales, obedeciendo directivas de la IFOAM
(Federación Internacional de Movimientos para la Agricultura Orgánica), son bastante
rigurosos, y ello está limitando notablemente una mayor difusión de estos cultivos en el
mundo. Su principal desventaja está en el mayor gasto de mano de obra que demandan y en
los menores rendimientos obtenidos por deficiencias nutrimentales, las cuales están
íntimamente relacionadas con las características, comportamiento y manejo del suelo. De
tal manera que el suelo se constituye en el factor fundamental dentro de las posibilidades
de desarrollo de una agricultura orgánica o ecológica.
Si bien el aspecto del control de plagas
mediante métodos biológicos ha tenido un buen avance, el problema de nutrir
convenientemente a los cultivos sólo con material orgánico, no tiene aún alternativas
viables actuales. Por tanto, un primer deslinde que debiera hacerse es el de los
agroquímicos: no pueden seguir metidos en un mismo saco los plaguicidas con los
fertilizantes minerales sintéticos. Otro aspecto por deslindar es el de los cultivos
orgánicos con los cultivos ecológicos. Muchas veces se usan indistintamente estos dos
términos como sinónimos.
Suelo Agrícola
Suelo agrícola en su definición más
simple es aquel en el que se práctica la agricultura, es decir, donde se cultivan
plantas. La ciencia que estudia al suelo en su relación con la planta se llama
Edafología, y ésta define al suelo agrícola como: "un ente vivo constituido por
una fracción mineral y una fracción orgánica que conteniendo proporciones adecuadas de
agua y aire sostiene y nutre a las plantas". Entonces, un suelo que no contenga
materia orgánica, no es un suelo agrícola.
Para determinar la calidad de un suelo
agrícola hay que evaluarlo desde tres dimensiones:
- El paisaje, que es lo que está encima y comprende
fundamentalmente los elementos: topografía (relieve y pendiente), vegaetación (natural y
cultivada), erosión, pedregosidad y fauna.
- La capa arable, que es una delgada capa (25 a 30 cm) done
se distribuye la mayor proporción del sistema radical de la mayoría de las especies
cultivadas. Esta es la zona donde se practican las labores culturales (araduras, riego,
fertilización, etc), y es el lugar de donde se extraen generalmente las muestras de suelo
para los análisis de laboratorio.
- El perfil, que corresponde a las características que
presenta el suelo, del ras de la superficie hacia abajo (1.5 a 2 m). En este espacio
debemos reparar, principalmente, en los siguientes elementos: profundidad, horizontes,
capas reducidas, napa freática y drenaje.
Por tanto, es indispensable que cuando
apreciemos un suelo agrícola lo veamos como un subsistema que no es sólo la capa arable,
sino que tiene prolongaciones de conexión con los otros componentes del sistema
agrícola, y que consideremos que todos ellos tienen importancia para determinar su
capacidad potencial productiva. Por consiguiente, un análisis físico-químico de la capa
arable de un suelo es un factor muy importante de calificación de la calidad del mismo,
pero no es ni debe ser el único.
El suelo es un sistema
silvestre
CONSTITUCIÓN
En un sistema silvestre promedio el suelo
es un subsistema que tiene vida propia. En un principio la fracción mineral (roca), por
procesos físico mecánicos, se va fraccionando. En un segundo momento interactúa con la
fracción orgánica (organismos vivos y restos de animales y vegetales) y constituye lo
que edafológicamente se denomina un suelo agrícola, cumpliéndose de esta manera con la
condición indispensable de una presencia significativa de materia orgánica.
RECICLAJE
Es un sistema silvestre (ideal) se da el
reciclaje perfecto, por lo menos a nivel del subsistema de suelo: las plantas toman sus
nutrimentos del suelo, del aire y del agua; y los animales comen parte de los vegetales y
durante su vida devuelven al suelo, a través de sus excretas (estiércol y orina), una
parte de lo que consumen y cuando mueren devuelven el resto. Por otro lado, los vegetales
devuelven poco a poco al suelo todo lo que extrajeron; no hay exportación de nutrimentos,
puesto que no hay cosecha.
ESTRUCTURA
Otra característica típica en un sistema
silvestre es que el suelo no es disturbado abruptamente, salvo desastres naturales; de
modo que mantiene estable su estructura: solo ocurren horadaciones producidas por
lombrices, escarabajos, etc, que contribuyen a facilitar la aireación y el humedecimiento
(o drenaje según sea el caso).
CUBIERTA VEGETAL
Otra particularidad de un sistema
silvestre es que mantiene siempre una cubierta vegetal sobre el suelo. Si es una zona en
la que llueve todo el año, pues, todo el año tendrá vegetación verde. Y si es una zona
donde sólo llueve una parte del año, pues, en esa parte del año tendrá vegetación
verde y en el resto tendrá vegetación seca, pero que permanece allí, no siento removida
8salvo la que pueda ser comida por el ganado). De modo que en ambos casos el suelo queda
protegido de la erosión, tanto hídrica (impacto de las gotas de lluvias o escorrentía)
como eólica (por el viento).
BIOEDAFODIVERSIDAD
Un sello típico de un subsistema suelo
silvestre es el de la bioedafodiversidad: presencia y convivencia de muchas especies
diferentes, tanto de vegetales como de animales, que mantienen un equilibrio ecológico.
De modo que no se da la presencia de lo que se llama propiamente plaga: un crecimiento
desmesurado de una especie que ataca y afecta gravemente a otras.
NUTRIMENTOS
Es un sistema silvestre todos los
elementos esenciales del suelo (iones minerales absorbibles): PO4H=, Po4H2-,
K+, Ca++, Mg++, etc.) proceden de los minerales primarios
existentes en el propio suelo, como las apatitas, feldespatos, calcitas, magnesitas, etc,
que solubilizan por reacciones bioquímicas, con activa participación de microorganismos
vivos y compuestos orgánicos derivados de la materia orgánica. El único nutrimento que
no tiene un mineral primario-madre en el suelo es el nitrógeno. Este procede
íntegramente de la materia orgánica o de la fijación del nitrógeno atmosférico por
parte de microorganismos varios (la materia orgánica, además de ser fuente de
nitrógeno, lo es también de todos los demás elementos esenciales). Por tanto, si todos
estos nutrimentos, al fin y al cabo, han de regresar al suelo (vía reciclaje), entonces,
no se justifica ninguna práctica de reposición, es decir, de fertilización, ya que no
hay cosecha y no hay quema (por lo menos exprofesamente).
AGUA
Por último, otra característica de un
sistema silvestre es el de la utilización natural del agua; el humedecimiento se
desarrolla sólo bajo condiciones de lluvia. No existe manejo del agua. Por tanto, las
zonas desérticas sólo pueden sostener una reducida cubierta vegetal de especies
compatibles con tal situación o, probablemente en algún caso, una tupida vegetación
arbórea como resultado de fuertes precipitaciones eventuales, como consecuencia de
fenómenos especiales (el FEN, por ejemplo) que recarguen periódicamente el freático.
De un sistema suelo silvestre, debemos
recoger la enseñanzas de mantener su componente orgánico, fomentar el reciclaje,
defender su estructura y cubierta vegetal, promover la bioedafodiversidad y en general
velar por un abastecimiento suficiente y oportuno de agua y nutrimentos.
CONSTITUCIÓN
En un sistema silvestre promedio el suelo
es un subsistema que tiene vida propia. En un principio la fracción mineral (roca), por
procesos físico mecánicos, se va fraccionando. En un segundo momento interactúa con la
fracción orgánica (organismos vivos y restos de animales y vegetales) y constituye lo
que edafológicamente se denomina un suelo agrícola, cumpliéndose de esta manera con la
condición indispensable de una presencia significativa de materia orgánica.
RECICLAJE
Es un sistema silvestre (ideal) se da el
reciclaje perfecto, por lo menos a nivel del subsistema de suelo: las plantas toman sus
nutrimentos del suelo, del aire y del agua; y los animales comen parte de los vegetales y
durante su vida devuelven al suelo, a través de sus excretas (estiércol y orina), una
parte de lo que consumen y cuando mueren devuelven el resto. Por otro lado, los vegetales
devuelven poco a poco al suelo todo lo que extrajeron; no hay exportación de nutrimentos,
puesto que no hay cosecha.
ESTRUCTURA
Otra característica típica en un sistema
silvestre es que el suelo no es disturbado abruptamente, salvo desastres naturales; de
modo que mantiene estable su estructura: solo ocurren horadaciones producidas por
lombrices, escarabajos, etc, que contribuyen a facilitar la aireación y el humedecimiento
(o drenaje según sea el caso).
CUBIERTA VEGETAL
Otra particularidad de un sistema
silvestre es que mantiene siempre una cubierta vegetal sobre el suelo. Si es una zona en
la que llueve todo el año, pues, todo el año tendrá vegetación verde. Y si es una zona
donde sólo llueve una parte del año, pues, en esa parte del año tendrá vegetación
verde y en el resto tendrá vegetación seca, pero que permanece allí, no siento removida
8salvo la que pueda ser comida por el ganado). De modo que en ambos casos el suelo queda
protegido de la erosión, tanto hídrica (impacto de las gotas de lluvias o escorrentía)
como eólica (por el viento).
BIOEDAFODIVERSIDAD
Un sello típico de un subsistema suelo
silvestre es el de la bioedafodiversidad: presencia y convivencia de muchas especies
diferentes, tanto de vegetales como de animales, que mantienen un equilibrio ecológico.
De modo que no se da la presencia de lo que se llama propiamente plaga: un crecimiento
desmesurado de una especie que ataca y afecta gravemente a otras.
NUTRIMENTOS
Es un sistema silvestre todos los
elementos esenciales del suelo (iones minerales absorbibles): PO4H=, Po4H2-,
K+, Ca++, Mg++, etc.) proceden de los minerales primarios
existentes en el propio suelo, como las apatitas, feldespatos, calcitas, magnesitas, etc,
que solubilizan por reacciones bioquímicas, con activa participación de microorganismos
vivos y compuestos orgánicos derivados de la materia orgánica. El único nutrimento que
no tiene un mineral primario-madre en el suelo es el nitrógeno. Este procede
íntegramente de la materia orgánica o de la fijación del nitrógeno atmosférico por
parte de microorganismos varios (la materia orgánica, además de ser fuente de
nitrógeno, lo es también de todos los demás elementos esenciales). Por tanto, si todos
estos nutrimentos, al fin y al cabo, han de regresar al suelo (vía reciclaje), entonces,
no se justifica ninguna práctica de reposición, es decir, de fertilización, ya que no
hay cosecha y no hay quema (por lo menos exprofesamente).
AGUA
Por último, otra característica de un
sistema silvestre es el de la utilización natural del agua; el humedecimiento se
desarrolla sólo bajo condiciones de lluvia. No existe manejo del agua. Por tanto, las
zonas desérticas sólo pueden sostener una reducida cubierta vegetal de especies
compatibles con tal situación o, probablemente en algún caso, una tupida vegetación
arbórea como resultado de fuertes precipitaciones eventuales, como consecuencia de
fenómenos especiales (el FEN, por ejemplo) que recarguen periódicamente el freático.
De un sistema suelo silvestre, debemos
recoger la enseñanzas de mantener su componente orgánico, fomentar el reciclaje,
defender su estructura y cubierta vegetal, promover la bioedafodiversidad y en general
velar por un abastecimiento suficiente y oportuno de agua y nutrimentos.
El suelo es un sistema
agrícola
TUMBA Y QUEMA
Cuando ingresa el hombre al escenario
silvestre para hacer agricultura, la primera aación debió corresponder seguramente al
desbroce de la vegetación natural, silvestre, y su quema para dejar el "campo
limpio". Este fue el primer atentado contra la biodiversidad y contra la
conservación de suelos. Esta es una de las primeras acciones que podrían calificar los
ecologistas, con rigor , como de lesa naturaleza.
ARADURA
El romper el suelo para depositar en él
la semilla fue la siguiente acción del hombre; y no sólo romper, sino prácticamente
moler el suelo en su afán por lograr "mullimiento". Esto constituyó el primer
atentado contra la estructura de suelo y la primera puerta abierta para su erosión. En
este afán de "preparar bien el suelo" se diseñaron múltiple tipos de arados,
gradas, rastras, rodillos, etc, cada vez más grandes y más pesados, que por un lado
molían la capa superficial y por el otro compactaban el subsuelo.
MONOCULTIVO
Luego de desbrozadas, quemadas y aradas
cientos de miles de hectáreas, el hombre empezó a llenar estos espacios con unas pocas
especies "seleccionadas" para su alimentación y otros usos, como por ejemplo:
granos(trigo, arroz, maíz, sorgo); menestras (frijoles, lentejas, soya, maní);
frutas(banano, piña, naranja, papaya, mango); tubérculos (papa, yuca, camote);
industriales (algodón, caña de azúcar, coco), etc.
De los cientos de miles de especies
vegetales que existen en la tierra (nadie sabe en realidad cuántas son), los botánicos
calculan que aproximadamente 20,000 son comestibles, pero la humanidad en toda su historia
ha cultivado apenas unas 3000, y en los últimos siglos esta cifra se ha reducido
drásticamente. Se calcula que el número de especies que se cultiva comercialmente es de
apenas 150. Hoy, la mayoría de los pobladores del mundo obtiene el 95% de sus calorías y
proteínas de apenas unos 30 cultivos. En la medida en que el hombre fue incorporando a la
agricultura millones de hectáreas de suelo, con un reducido grupo de especies
seleccionadas, todo el gran resto fue siendo arrinconado en áreas marginales (montañas,
desiertos, pantanos), donde hay que ir a rescatarlas. La biodiversidad se ha ido a vivir a
los extramuros. El monocultivo ha sentado sus reales; grandes movimientos mundiales han
emprendido la tarea del rescate de la biodiversidad.
El otro efecto dañino del monocultivo se
da (paradójicamente para consigo mismo), a través de la surgencia y resurgencia de
poblaciones incontrolables de plagas y enfermedades, que en determinadas circunstancias
arrasan con enormes extensiones de cultivo, causando pérdidas económicas
extraordinarias.
RIEGO
La práctica del represamiento,
canalización y aplicación de agua a los campos de cultivo es otro sello característico
de la agricultura convencional. Mediante el riego se han incorporado, y se siguen
incorporando, millones de hectáreas de terrenos eriazos a la agricultura. Sin embargo, el
manejo de todos estas acciones ha estado plagado de innumerables errores, desde el propio
diseño y construcción de las grandes represas y sistemas de drenaje, hasta los métodos
de riego a nivel de parcela; de modo que los perjuicios han sido y siguen siendo enormes,
en muchos casos.
El dispendio del agua es muy grande. Por
ejemplo, en algunos lugares de la costa norte se llega a aplicar hasta 100,000 M3/Ha
de agua en cultivo de arroz (riego por pozas en suelos sueltos), de modo que con ello se
recarga el freático y se salinizan los suelos; todo esto agravado por un sistema de
drenaje que no funciona. El mal manejo del riego también produce erosión de la capa
superficial y pérdidas de nutrimentos por lixiviación.
FERTILIZACION
La fertilización de los campos de cultivo
es otro rasgo típico de la agricultura convencional. Parte de un principio muy simple e
indiscutible: el de la restitución; ya que si ha de exportarse fuera del suelo, a través
de la cosecha, parte de los nutrimentos extraídos por la planta, entonces debe pensarse
en la necesidad de restituir esos nutrimentos mediante fertilizantes. En la medida en que
esa extracción sea mayor, más frecuente y más rápida (alta productividad), también la
restitución por medio de fertilizantes deberá ser mayor, más frecuente y más rápida.
El aceleramiento de este proceso lleva al
suelo, a la larga, a una situación "suigéneris": al final llega a convertirse
en un espectador casi neutral de un ciclo cerrado de fertilización producción
cosecha fertilización, que se repite indefinidamente. Esto significa, en
gran medida, una paralización de los procesos de abastecimiento de nutrimentos
provenientes de los minerales primarios y de la materia orgánica.
La nutrición de las plantas es
evidentemente mineral. Es decir, que las formas asimilables finales (las que ingresan por
el sistema radical) son iones, los cuales pueden proceder, bien sea de los minerales
primarios o de la materia orgánica. Sin embargo, el uso exagerado de los fertilizantes
minerales sintéticos tendrá efectos contaminantes sobre el ecosistema.
Entonces, el asunto se reduce a tener
suficiente fuente orgánica en el suelo, suficiente actividad microbiana y adecuadas
condiciones del medio (pH, humedad, aireación, salinidad, etc) para que se potencien,
reactiven y aceleren los procesos de solubilización de los minerales primarios. Si esto
es así, y con ello se logran altos rendimientos de cosecha, ya no sería necesario hacer
aplicación de fertilizantes sintéticos. Por tanto, aquí radica el meollo del asunto:
hay que hacer un análisis costo/beneficio, pero incluyendo las variables ecológicas y
sociales para decidir en última instancia lo más conveniente para el agricultor y el
ecosistema.
Cada práctica agronómica que se realice
debe ser analizada en términos de sus beneficios y perjuicios sobre el medio ambiente,
sobre los recursos naturales y sobre la economía y bienestar del agricultor.
COSECHA
Es obvio que la actividad agrícola
implica la obtención de una cosecha. un producto que se come, se usa o se procesa. Y,
asimismo, es obvio que el afán del agricultor será obtener la mejor cosecha posible (en
cantidad y calidad), en el menor tiempo posible. A nivel de promedios mundiales podemos
decir que el problema no es de productividad, que existe suficiente producción de
alimentos para alimentar a todos. Pero, el asunto está en cómo y cuándo hacer ese
reparto proporcional, equitativo, justo. Mientras no se logre esto, el agricultor estará
pugnando siempre por conseguir la máxima cosecha posible en sus cultivos. Ese es su
problema de hoy.
QUEMA
Así como al inicio se quema para dejar un
"área limpia" para hacer agricultura; así también, luego de las cosechas se
vuelven a quemar los rastrojos 8doble pecado), 1 pórque así lo obligan las disposiciones
reglamentarias del Ministerio de Agricultura, con plazos perentorios para dejar los
"campos limpios".
Al quemar se devuelve a la atmósfera todo
el nitrógeno que con tanto gasto de energía, tiempo y trabajo logró almacenar el
agricultor dentro de la planta (durante todo el proceso del cultivo); y además se le
niega al suelo el aporte de materia orgánica que significaría si esos rastrojos se
enterraran, o si con ellos se preparara compost, para incorporarlo al mimo.
En un estimado "grosso modo" que
hicimos en Piura, hace ya algunos años, calculamos que luego de cada campaña de algodón
(40,000 Ha9 se quemaba alrededor de medio millón de TM de biomasa (sólo rastrojos de
algodón) lo que equivale a 500 TM de nitrógeno (más de 1,000 TM de urea).
Además si bien al quemar se destruyen las
plagas, (éste es el argumento fundamental de la quema), se dejan a los suelos pelados, y
por tanto expuestos a la erosión y a la salinización. Se tiene que encontrar la manera
de controlar a las plagas sin necesidad de quemar los rastrojos; y esto está ligado
estrechamente al manejo integrado del cultivo y del ecosistema.
CONTROL DE PLAGAS
En el suelo se localizan, o se ubican
transitoriamente, muchas plagas de gran importancia para los cultivos, como por ejemplo,
los nemátodes, los nuctuideos, los organismos patógenos que producen las pudriciones
radicales, etc.
En la medida en que cunde el monocultivo,
cunden las plagas, y entonces se inicia una lucha sin cuartel y sin esperanzas contra
ellas. Como en el mito de la medusa, por cada cabeza que se corta, surgen dos. Es una
pelea desenfrenada en la que se recurre a plaguicidas cada vez más tóxicos, aplicados
cada vez en mayor cantidad y con mayor frecuencia. Esta lucha se reduce al famoso juego de
"Los proyectiles y los blindados" que practican en el Pentágono: cada vez que
se consigue un blindado que detenga un proyetil que sí lo perfore, y así
indefinidamente.
Luego de años de pelea incesante, de
millones de kilogramos de plaguicidas vertidos en los campos de cultivos, el agricultor se
detiene fatigado, exhausto, y se ve rodeado de insectos sonrientes , gozando de buena
salud, acompañados de muchos otros que no estaban cuando empezó la lucha.
Pero, esto no es lo peor. Además de una
población de plagas vigorosa y lista para reiniciar el combate, tenemos suelos, aguas y
frutos contaminados con pesticidas, y cada año cientos de miles de personas que se
intoxican por su mal manejo en el campo.
Vistas todas las implicancias que
significan las diferentes prácticas agrícolas antes mencionadas en su impacto sobre el
recurso suelo y sobre el ambiente, entonces, se hace indispensable revisar todas esas
prácticas y modificarlas para evitar esos impactos negativos, y al mismo tiempo mantener
altos niveles de productividad. He aquí el desafío.
TUMBA Y QUEMA
Cuando ingresa el hombre al escenario
silvestre para hacer agricultura, la primera aación debió corresponder seguramente al
desbroce de la vegetación natural, silvestre, y su quema para dejar el "campo
limpio". Este fue el primer atentado contra la biodiversidad y contra la
conservación de suelos. Esta es una de las primeras acciones que podrían calificar los
ecologistas, con rigor , como de lesa naturaleza.
ARADURA
El romper el suelo para depositar en él
la semilla fue la siguiente acción del hombre; y no sólo romper, sino prácticamente
moler el suelo en su afán por lograr "mullimiento". Esto constituyó el primer
atentado contra la estructura de suelo y la primera puerta abierta para su erosión. En
este afán de "preparar bien el suelo" se diseñaron múltiple tipos de arados,
gradas, rastras, rodillos, etc, cada vez más grandes y más pesados, que por un lado
molían la capa superficial y por el otro compactaban el subsuelo.
MONOCULTIVO
Luego de desbrozadas, quemadas y aradas
cientos de miles de hectáreas, el hombre empezó a llenar estos espacios con unas pocas
especies "seleccionadas" para su alimentación y otros usos, como por ejemplo:
granos(trigo, arroz, maíz, sorgo); menestras (frijoles, lentejas, soya, maní);
frutas(banano, piña, naranja, papaya, mango); tubérculos (papa, yuca, camote);
industriales (algodón, caña de azúcar, coco), etc.
De los cientos de miles de especies
vegetales que existen en la tierra (nadie sabe en realidad cuántas son), los botánicos
calculan que aproximadamente 20,000 son comestibles, pero la humanidad en toda su historia
ha cultivado apenas unas 3000, y en los últimos siglos esta cifra se ha reducido
drásticamente. Se calcula que el número de especies que se cultiva comercialmente es de
apenas 150. Hoy, la mayoría de los pobladores del mundo obtiene el 95% de sus calorías y
proteínas de apenas unos 30 cultivos. En la medida en que el hombre fue incorporando a la
agricultura millones de hectáreas de suelo, con un reducido grupo de especies
seleccionadas, todo el gran resto fue siendo arrinconado en áreas marginales (montañas,
desiertos, pantanos), donde hay que ir a rescatarlas. La biodiversidad se ha ido a vivir a
los extramuros. El monocultivo ha sentado sus reales; grandes movimientos mundiales han
emprendido la tarea del rescate de la biodiversidad.
El otro efecto dañino del monocultivo se
da (paradójicamente para consigo mismo), a través de la surgencia y resurgencia de
poblaciones incontrolables de plagas y enfermedades, que en determinadas circunstancias
arrasan con enormes extensiones de cultivo, causando pérdidas económicas
extraordinarias.
RIEGO
La práctica del represamiento,
canalización y aplicación de agua a los campos de cultivo es otro sello característico
de la agricultura convencional. Mediante el riego se han incorporado, y se siguen
incorporando, millones de hectáreas de terrenos eriazos a la agricultura. Sin embargo, el
manejo de todos estas acciones ha estado plagado de innumerables errores, desde el propio
diseño y construcción de las grandes represas y sistemas de drenaje, hasta los métodos
de riego a nivel de parcela; de modo que los perjuicios han sido y siguen siendo enormes,
en muchos casos.
El dispendio del agua es muy grande. Por
ejemplo, en algunos lugares de la costa norte se llega a aplicar hasta 100,000 M3/Ha
de agua en cultivo de arroz (riego por pozas en suelos sueltos), de modo que con ello se
recarga el freático y se salinizan los suelos; todo esto agravado por un sistema de
drenaje que no funciona. El mal manejo del riego también produce erosión de la capa
superficial y pérdidas de nutrimentos por lixiviación.
FERTILIZACION
La fertilización de los campos de cultivo
es otro rasgo típico de la agricultura convencional. Parte de un principio muy simple e
indiscutible: el de la restitución; ya que si ha de exportarse fuera del suelo, a través
de la cosecha, parte de los nutrimentos extraídos por la planta, entonces debe pensarse
en la necesidad de restituir esos nutrimentos mediante fertilizantes. En la medida en que
esa extracción sea mayor, más frecuente y más rápida (alta productividad), también la
restitución por medio de fertilizantes deberá ser mayor, más frecuente y más rápida.
El aceleramiento de este proceso lleva al
suelo, a la larga, a una situación "suigéneris": al final llega a convertirse
en un espectador casi neutral de un ciclo cerrado de fertilización producción
cosecha fertilización, que se repite indefinidamente. Esto significa, en
gran medida, una paralización de los procesos de abastecimiento de nutrimentos
provenientes de los minerales primarios y de la materia orgánica.
La nutrición de las plantas es
evidentemente mineral. Es decir, que las formas asimilables finales (las que ingresan por
el sistema radical) son iones, los cuales pueden proceder, bien sea de los minerales
primarios o de la materia orgánica. Sin embargo, el uso exagerado de los fertilizantes
minerales sintéticos tendrá efectos contaminantes sobre el ecosistema.
Entonces, el asunto se reduce a tener
suficiente fuente orgánica en el suelo, suficiente actividad microbiana y adecuadas
condiciones del medio (pH, humedad, aireación, salinidad, etc) para que se potencien,
reactiven y aceleren los procesos de solubilización de los minerales primarios. Si esto
es así, y con ello se logran altos rendimientos de cosecha, ya no sería necesario hacer
aplicación de fertilizantes sintéticos. Por tanto, aquí radica el meollo del asunto:
hay que hacer un análisis costo/beneficio, pero incluyendo las variables ecológicas y
sociales para decidir en última instancia lo más conveniente para el agricultor y el
ecosistema.
Cada práctica agronómica que se realice
debe ser analizada en términos de sus beneficios y perjuicios sobre el medio ambiente,
sobre los recursos naturales y sobre la economía y bienestar del agricultor.
COSECHA
Es obvio que la actividad agrícola
implica la obtención de una cosecha. un producto que se come, se usa o se procesa. Y,
asimismo, es obvio que el afán del agricultor será obtener la mejor cosecha posible (en
cantidad y calidad), en el menor tiempo posible. A nivel de promedios mundiales podemos
decir que el problema no es de productividad, que existe suficiente producción de
alimentos para alimentar a todos. Pero, el asunto está en cómo y cuándo hacer ese
reparto proporcional, equitativo, justo. Mientras no se logre esto, el agricultor estará
pugnando siempre por conseguir la máxima cosecha posible en sus cultivos. Ese es su
problema de hoy.
QUEMA
Así como al inicio se quema para dejar un
"área limpia" para hacer agricultura; así también, luego de las cosechas se
vuelven a quemar los rastrojos 8doble pecado), 1 pórque así lo obligan las disposiciones
reglamentarias del Ministerio de Agricultura, con plazos perentorios para dejar los
"campos limpios".
Al quemar se devuelve a la atmósfera todo
el nitrógeno que con tanto gasto de energía, tiempo y trabajo logró almacenar el
agricultor dentro de la planta (durante todo el proceso del cultivo); y además se le
niega al suelo el aporte de materia orgánica que significaría si esos rastrojos se
enterraran, o si con ellos se preparara compost, para incorporarlo al mimo.
En un estimado "grosso modo" que
hicimos en Piura, hace ya algunos años, calculamos que luego de cada campaña de algodón
(40,000 Ha9 se quemaba alrededor de medio millón de TM de biomasa (sólo rastrojos de
algodón) lo que equivale a 500 TM de nitrógeno (más de 1,000 TM de urea).
Además si bien al quemar se destruyen las
plagas, (éste es el argumento fundamental de la quema), se dejan a los suelos pelados, y
por tanto expuestos a la erosión y a la salinización. Se tiene que encontrar la manera
de controlar a las plagas sin necesidad de quemar los rastrojos; y esto está ligado
estrechamente al manejo integrado del cultivo y del ecosistema.
CONTROL DE PLAGAS
En el suelo se localizan, o se ubican
transitoriamente, muchas plagas de gran importancia para los cultivos, como por ejemplo,
los nemátodes, los nuctuideos, los organismos patógenos que producen las pudriciones
radicales, etc.
En la medida en que cunde el monocultivo,
cunden las plagas, y entonces se inicia una lucha sin cuartel y sin esperanzas contra
ellas. Como en el mito de la medusa, por cada cabeza que se corta, surgen dos. Es una
pelea desenfrenada en la que se recurre a plaguicidas cada vez más tóxicos, aplicados
cada vez en mayor cantidad y con mayor frecuencia. Esta lucha se reduce al famoso juego de
"Los proyectiles y los blindados" que practican en el Pentágono: cada vez que
se consigue un blindado que detenga un proyetil que sí lo perfore, y así
indefinidamente.
Luego de años de pelea incesante, de
millones de kilogramos de plaguicidas vertidos en los campos de cultivos, el agricultor se
detiene fatigado, exhausto, y se ve rodeado de insectos sonrientes , gozando de buena
salud, acompañados de muchos otros que no estaban cuando empezó la lucha.
Pero, esto no es lo peor. Además de una
población de plagas vigorosa y lista para reiniciar el combate, tenemos suelos, aguas y
frutos contaminados con pesticidas, y cada año cientos de miles de personas que se
intoxican por su mal manejo en el campo.
Vistas todas las implicancias que
significan las diferentes prácticas agrícolas antes mencionadas en su impacto sobre el
recurso suelo y sobre el ambiente, entonces, se hace indispensable revisar todas esas
prácticas y modificarlas para evitar esos impactos negativos, y al mismo tiempo mantener
altos niveles de productividad. He aquí el desafío.
El suelo en cultivos
orgánicos
Un producto agrícola orgánico es el
que procede de un manejo estrictamente orgánico de su cultivo, es decir, con absoluta
ausencia de aplicación de fertilizantes sintéticos y plaguicidas, o de otros compuestos
obtenidos mediante procedimientos químicos. Esta es una exigencia impuesta por el
consumidor al agricultor, de modo que en tal virtud, aquel asume la prerrogativa de
controlar a éste, a través de un sistema de certificación. Esta exigencia obviamente,
redunda en una menor productividad, pero que se compensa con un mayor precio que se paga
en el mercado por los productos orgánicos.
De modo que si todos se ponen de acuerdo,
no hay problema: el productor produce lo que quiere el consumidor, y éste paga precios
apropiados por ello. Dentro de rangos normales de costos, beneficios y ganancias, todos
quedan contentos. Si esto ocurre así, entonces, queda definido un espacio para este tipo
de agricultura.
Para esto el agricultor, en cuanto a
manejo del suelo, debe recurrir a diferentes modalidades de fertilización orgánica
directa, como es el caso de incorporación de rastrojos de cosecha (no quema), siembra e
incorporación de abonos verdes, aplicación de compost, fosfocompost, humus de lombriz,
etc. O, a la única forma indirecta de fertilizar orgánicamente al suelo, que es el
cultivo e inoculación de leguminosas, o fomento de otras formas de fijación microbiana
no simbiótica. Y, asimismo, a la aplicación de algunos fertilizantes minerales naturales
que no esten vetados por los certificadores de la agricultura orgánica.
En Piura, recientemente nos visitó el
Coordinador Nacional del Programa de Plátano, con el objetode realizar coordinaciones del
caso para instalar progresivamente 4000 Ha de banano orgánico (en el presente año la
meta es de 600 Ha). En este caso, los plataneros que produzcan banano orgánico tendrían
ya un comprador asegurado.
Un producto agrícola orgánico es el
que procede de un manejo estrictamente orgánico de su cultivo, es decir, con absoluta
ausencia de aplicación de fertilizantes sintéticos y plaguicidas, o de otros compuestos
obtenidos mediante procedimientos químicos. Esta es una exigencia impuesta por el
consumidor al agricultor, de modo que en tal virtud, aquel asume la prerrogativa de
controlar a éste, a través de un sistema de certificación. Esta exigencia obviamente,
redunda en una menor productividad, pero que se compensa con un mayor precio que se paga
en el mercado por los productos orgánicos.
De modo que si todos se ponen de acuerdo,
no hay problema: el productor produce lo que quiere el consumidor, y éste paga precios
apropiados por ello. Dentro de rangos normales de costos, beneficios y ganancias, todos
quedan contentos. Si esto ocurre así, entonces, queda definido un espacio para este tipo
de agricultura.
Para esto el agricultor, en cuanto a
manejo del suelo, debe recurrir a diferentes modalidades de fertilización orgánica
directa, como es el caso de incorporación de rastrojos de cosecha (no quema), siembra e
incorporación de abonos verdes, aplicación de compost, fosfocompost, humus de lombriz,
etc. O, a la única forma indirecta de fertilizar orgánicamente al suelo, que es el
cultivo e inoculación de leguminosas, o fomento de otras formas de fijación microbiana
no simbiótica. Y, asimismo, a la aplicación de algunos fertilizantes minerales naturales
que no esten vetados por los certificadores de la agricultura orgánica.
En Piura, recientemente nos visitó el
Coordinador Nacional del Programa de Plátano, con el objetode realizar coordinaciones del
caso para instalar progresivamente 4000 Ha de banano orgánico (en el presente año la
meta es de 600 Ha). En este caso, los plataneros que produzcan banano orgánico tendrían
ya un comprador asegurado.
El suelo en
cultivos ecológicos
Un producto
agrícola ecológico es el que durante su proceso productivo no fue sometido a prácticas
que signifiquen contaminación del ambiente ni degradación de los recursos naturales, ni
que contenga en sí residuos de compuestos tóxicos dañinos para la salud.
En este caso no hay exigencia específica
y concreta, o una prohibición taxativa, hacia el agricultor (como sí lo hay en el caso
de los productos orgánicos), sino sólo un enunciado de los principios fundamentales de
la agroecología. El control, de parte de los consumidores, se hace mediante análisis del
producto, cuyo contenido de compuestos peligrosos debe estar por debajo de determinados
niveles, previamente establecidos.
El primer paso para llegar ala producción
de productos ecológicos es la eliminación del uso de plaguicidas químicos de alta
toxicidad y la reducción drástica de los de menor toxicidad. En el Ecuador, por ejemplo,
hay un programa de producción de banano ecológico, en el que se ha eliminado el uso de
plaguicidas químicos durante la conducción del cultivo en el campo, pero se mantiene la
aplicación de fertilizantes sintéticos mezclados con fertilizantes orgánicos, así como
el uso de algunos preservantes químicos en el proceso de embalaje.
En estos momentos estamos en la etapa de
dilucidar terminologías. Muchos usan todavía como sinónimos productos orgánicos y
productos ecológicos. Creo que es imprescindible establecer un deslinde entre ambos
conceptos. Este deslinde está necesariamente vinculado a otro que es necesario definir
previamente: es el de los plaguicidas químicos y fertilizantes sintéticos, metidos en un
mismo saco con el rótulo de agroquímicos.
Agroquímicos son todos aquellos productos
que se producen mediante procedimientos químicos en la industria y que están destinados
a su uso en la agricultura. Entonces, el término agroquímico cubre una amplia gama de
sustancias: como los plaguicidas, que son venenos especialmente diseñados para matar a
las plagas pero con éstas no tienen capacidad de discernimiento matan por igual a todo
organismos viviente, entere ellos a los controladores biológicos e, inclusive, al propio
hombre, si este no toma las debidas precauciones 8y aunque no llegara a matarlo, por
acumulación en el cuerpo humano puede llegar a afectar seriamente su salud produciendo
daño en sus órganos vitales: cerebro, hígado, riñones,etc.).
Pero también están incluidos dentro de
los agroquímicos los fertilizantes sintéticos, que muchas veces son catalogados al mismo
nivel del cuestionamiento que los plaguicidas. Y, asimismo, pertenecen al grupo de los
agroquímicos otras sustancias reguladoras del crecimiento, que tampoco son de alta
toxicidad. Por ello, resulta más conveniente usar el término de agrotóxicos, para
identificar a los plaguicidas y poder hacer contra ellos, con toda razón y fundamento,
una lucha por su erradicación final.
Todo cuestionamiento que hagamos contra
los agroquímicos, si seguimos metiendo en el mismo saco a plaguicidas, fertilizantes y
reguladores del crecimiento, perderá fuerza, si no se hace esta diferenciación. Por
ejemplo, el argumento de la contaminación por nitratos provenientes de los fertilizantes
sintéticos (digamos nitrato de amonio) es igualmente válido para los nitratos
provenientes de los estiércoles, cosa que es común en países europeos donde la
producción de estiércol es muy grande. Entonces, el asunto no es de donde proviene sino
cómo se maneja.
Un primer deslinde que debe hacerse es
el de los agroquímicos: no pueden seguir metidos en un mismo saco los plaguicidas con los
fertilizantes minerales sintéticos; resulta más conveniente usar el término de
"agrotóxicos" para referirse a los plaguicidas y luchar por su erradicación
final. Un segundo deslinde es el de los conceptos "cultivos ecológicos y 2cultivos
orgánicos ", que equivocadamente se usan indistintamente como sinónimos.
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