NUEVAS
OPCIONES PARA EL
MANEJO DEL CULTIVO DEL ARROZ
Ricardo
Pineda Milicich
Jefe de la Unidad de Adaptación y Transferencia
de Tecnologías Agroecológicas del CIPCA
ANTECEDENTES
El cultivo del
arroz en los valles costeños de nuestro departamento es de reciente data;
no es un cultivo propiamente tradicional, como si lo es el algodonero que
ya tiene muchos años de instalado.
Al poco tiempo de
empezar a utilizarse la abundante y barata agua de riego proveniente de la
represa de Poechos, en los campos de cultivo del Bajo Piura, mediante el
mismo método de riego por pozas que se estilaba cuando sólo se disponía
del agua del río (en la época de los hacendados cuando aún no había
irrigación), los suelos empezaron a mostrar síntomas de salinización.
Lo que estaba sucediendo es que debido a este gran festín del agua, la
cual era aplicada sin medida a los suelos, éstos no pudieron evacuar los
excedentes, por falta de drenaje, y entonces se elevó la napa freática.
Las aguas retornaron a la superficie del suelo, por capilaridad, y se
evaporaron dejando las sales depositadas a ras del mismo. Desde entonces,
y hasta ahora, este proceso continúa produciéndose sin que nadie le
ponga coto: se sigue aplicando excesivos volúmenes de riego y los drenes
continúan sin funcionar.
En estas
circunstancias, alguien consideró que para eliminar esas sales, que ya
habían aflorado a la superficie, sería conveniente cultivar arroz, sólo
en aquellos suelos que tuvieran problemas de salinidad; ya que como el
arroz requiere mucha más agua, esos suelos serían inundados y el agua
arrastraría las sales hacia abajo. Hasta aquí el razonamiento era
correcto, y parecía una propuesta realmente inteligente. Sin embargo, no
se reparó en 2 pequeños detalles: a) que como no funcionaban los drenes,
toda esa sal iba a regresar nuevamente a la superficie del suelo y en
mayor cantidad en cada viaje, y b) que el cultivo de arroz iba a
expandirse rápidamente a todas las demás áreas (salinas o no salinas)
dadas sus "innegables ventajas comparativas" con respecto al
algodonero; por ejemplo: período vegetativo más corto, casi ausencia de
plagas y enfermedades, fácil manejo agronómico, menores costos de
producción, altos rendimientos, buena rentabilidad económica a corto
plazo (cada campaña), etc.
Lamentablemente
el cultivo de arroz, tal como se viene conduciendo en las condiciones
actuales, está causando un enorme daño ecológico que podría resumirse
básicamente: en elevación de la napa freática, salinización de suelos,
gasto excesivo de agua en desmedro de otros cultivos y otras áreas,
incremento de la malaria, daños en infraestructura vial (caminos), etc.
La planta ni el
grano de arroz tienen ninguna culpa en esto; sólo se trata de cuestionar
severamente las condiciones bajo las que se conduce este cultivo. Por
tanto, si fuera posible modificar dichas condiciones, de modo que no
produzcan los daños antes mencionados, entonces, bienvenido y feliz
estadía del cultivo de arroz en los valles irrigados de nuestra costa.
Y, precisamente,
a continuación describiremos unas interesantes experiencias logradas en
Madagascar y el Brasil sobre cultivos de arroz bajo riego.
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