| Descentralizar o solo
desconcentrar
La descentralización es un concepto que
engloba muchos proyectos, expectativas, anhelos, así como descontentos y reclamos, de
parte de las poblaciones que se encuentran en una posición de desventaja, respecto a un
centro totalizador (en el caso peruano, la ciudad de Lima).
La descentralización
obviamente es una reacción frente al centralismo, cuya característica básica, en el
plano político, es la concentración del poder de decisión y de los recursos
presupuestales. Sin embargo, el centralismo también se manifiesta en todas las otras
esferas de la vida social. En el plano económico, por ejemplo, se expresa en la
concentración aplastante en Lima del aparato productivo y comercial. En realidad, el
centralismo es un fenómeno que desequilibra al país y subutiliza las capacidades
locales, determinando el atraso de todas las regiones y localidades del interior.
Pero, el centralismo es una herencia colonial
en todos los países latinoamericanos. Al surgir estos como estados independientes se hizo
necesario diseñar adaptaciones en sus sistemas de gobierno, basados en una mejor
administración de sus territorios, delegándose algunas funciones directas a provincias o
estados alejados. Por su extensión, en el Brasil, Méjico y Argentina resultó más
práctico propiciar modelos descentralistas, aunque se conservó un fuerte nivel de
concentración en sus ciudades capitales.
En otros países, como el
nuestro, los modelos de concentración de decisiones se acentuaron en el siglo XX. Pero,
conforme el crecimiento demográfico, las vías de comunicación al interior y las
migraciones fueron cambiando la configuración territorial y la correspondiente
gobernabilidad, se tornó necesario tomar medidas para que el sistema de gobierno se
man-tenga y no colapse. Se optó, entonces, por solucionar los problemas a través de
mecanismos burocráticos e instituciones centralizadas, antes que delegar efectivamente
responsa-bilidades y capacidades y sobre esta base promover el desarrollo de la periferia
para que ésta de soporte al centro o capital.
El modelo centralista
consi-dera que ejerce una mejor administración y gestión desde las capitales nacionales,
que concentran los cuadros más capacitados, sin tener en cuenta que somos un país con
una amplia diversidad de realidades. En este sentido, el centralismo crea una estructura
jerárquica piramidal que en la práctica puede perjudicar la aplicación de cualquier
buena intención traducida en política nacional. Y es que las políticas recogen sólo
las perspectivas del centro y no llegan a considerar efectivamente las expectativas de las
regiones. Sin embargo, lo repetimos, cuando este modelo centralista y capitalino llega a
tener dificultades en la ejecución de sus políticas, programas y actividades, toman
medidas para "cambiar sin que cambie nada": una de estas estrategias es el
descentralizar "desde arriba".
La modalidad más empleada para tal
propósito es la desconcentración de funciones del gobierno central; modalidad en la que
la definición de políticas, controles y financiamiento se mantienen manejados por el
centro, y las compe-tencias otorgadas a las regiones son siempre menores a las
indispensables.
Las estrategias de descentralización-desconcentración se
pueden traducir en políticas sectoriales, tal como lo anunció el gobierno de Fujimori en
julio del ´99 en su mensaje por Fiestas Patrias. La descentralización de la salud y/o de
la educación pueden resultar interesantes al oído, pero al analizar experiencias en
Latinoamérica (países con tradición centralista) o al repasar los pocos casos aislados
que se pueden exhibir en el Perú, encontramos que, dadas las caracte-rísticas del
contexto político, poco es el poder que se plantea delegar o compartir.
Por ello podemos inferir
que, en la intención gubernamental actual, sólo se tratará de delegar funciones
adminis-trativas pero no capacidades de decisión sobre aspectos centrales (o, en todo
caso, se preocuparán porque sólo queden en el papel). Por otro lado, también debemos
ser conscientes que la mayoría de los gobiernos locales, tanto provinciales como
distritales, no poseen experiencia sobre gestión educativa y de salud. Bajo el panorama
actual, las municipalidades no podrían apropiarse de este proyecto, dadas las
características y carencias de los gobiernos y espacios locales.
En una descentralización verdadera el centro cede parte
de sus facultades a niveles de gobierno de escalas territoriales menores, recogiendo las
opiniones y propuestas de las regiones para formular una política común; empieza,
entonces, a existir respeto por la autonomía local, pero dentro de una política
nacional. Los programas y acciones tienden a ser de amplio respaldo local o regional, bajo
sistema de consultas y negociaciones en pro del desarrollo armónico del país, entendido
como una sumatoria de distritos, provincias y regiones funcionales. Se potencian y
rescatan las capacidades locales para hacerlas crecer, constituyéndose en un capital
esencial para el desarrollo.
En esta perspectiva, un
proceso de descentralización sin capacidades locales para recibir nuevas
responsabilidades, significa todo un desafío que deberá tenerse en cuenta en el debate
electoral. Las propuestas de descentralización pocas veces contemplan la necesidad de
elevar la capacidad de gestión para asumir nuevas competencias, y esta cuestión es uno
de los argumentos para que el centralismo se resista a transferir poder de decisión a los
gobiernos locales.
Para que el estado centralista no colapse,
éste debe desconcentrar sin descentralizar, pero lógicamente sin perspectiva de futuro
nacional. Por esta razón la descentralización no debe entenderse como una concesión de
Lima, sino que debe considerarse como una manifestación de la madurez de los elementos
que construyen una región, desde las capacidades locales, traducidas en propuestas y
planes susceptibles de ser adoptados y adaptados por los gobiernos regionales y locales.
Cualquier intento de sólo descon-centrar debe ser
entendido como tal, para que no se confunda con descentralizar, trayendo con ello
frustración y descon-tento. En este sentido debemos utilizar este primer ensayo sectorial
de descon-centración (tanto en educación como en salud) para ponernos a prueba nosotros
mismos acerca de la competencia que tenemos para construir desde abajo un proceso
descentralizador, en el que deberán existir acuerdos con el centro para que éste delegue
realmente poderde decisión (en el caso de la educación,
por ejemplo, sobre contenidos curricu-lares y en general sobre aspectos referidos a
mejorar la calidad de la educación).
En la ejecución de este proceso tendrán
que efectuarse desembolsos que financien las nuevas actividades que asumirían las
municipalidades, pero tan importante como ello, es obtener una pronta capacitación y
calificación sobre la gestión integral de la educación a nivel local. Para las
municipalidades resultaría igual de importante un manejo presu-puestal más flexible,
pues así podrían comprometerse a destinar impuestos locales a la educación, promoviendo
de esta manera la participación de la población a través de tributos en pro de la
educación de sus hijos. Esto tendría la virtud de involucrar directamente a la
población en la descentralización, lo cual resulta muy importante por cuanto un alto
porcentaje de ella sigue creyendo que la descentralización es tan sólo un hecho
político-administrativo que debe venir desde arriba, identificando en la práctica
descentralización con desconcentración.
En resumen, como podemos ver una simple
desconcentración administrativa en nuestro país podría significar una
"ilusión" descentralista, y eso hay que evitarlo en la conciencia de las
pobla-ciones del interior de la República. Una descentralización real debe implicar
mucho más que la transferencia de sectores como la educación a escalas de
administración local. Debe fortalecer a los gobiernos locales, los que lògicamente
habrán de prepararse para asumir responsabilidades y obligaciones nuevas. Debe
representar una creciente y activa participación de todos los actores de los procesos
locales, en la búsqueda de consensos orientados al desarrollo regional, articulados a
nivel del conjunto del país en una perspectiva de desarrollo nacional armónico y
equilibrado. |
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