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Cuadernos de desarrollo local

Diciembre 1999


"LA ESCUELA
NO ES UNA EMPRESA"

¿Cree que las municipalidades están preparadas para administrar la educación?

Creo que en este momento no están en condiciones, porque las municipalidades no han sido concebidas para ello; más aún, pienso que no tienen ninguna preparación para este efecto. Pero, sí creo que hay que descentralizar el país y confío en los municipios como entidades democráticas, donde podrían hacerse una interesantísima articulación intersectorial. Por ejemplo, una autoridad cercana a la población, como es el alcalde, que conoce sus necesidades, podría hacer que la currícula de estudios sea mucho más afín a las necesidades productivas, culturales y sociales de su comunidad.

¿Usted ha conversado con algunos alcaldes?, ¿qué opinión le han dado?

He hablado con muchos alcaldes. Lo que pienso es que ellos están muy interesados en recibir la educación. Algunos, porque no saben bien de qué se trata y piensan que a sus municipios les van a dar más recursos y se ponen muy contentos; no se dan cuenta que lo que en realidad les están planteando es el transferir la planilla para pagarle a los maestros, es decir, no son recursos para que ellos los destinen a otra cosa.

Por esto es que nosotros hemos acuñado la frase de "cambian la ventanilla de pagos", que no significa nada para los alcaldes, ni para los maestros, ni para los alumnos. Esto no es mejora de calidad de la educación, no es mejora del salario de los maestros, no es nada positivo; y, por el contrario, puede tener terribles riesgos, porque sencillamente se desarticula más al pais y puede derivar en la tentación de romper la carrera magisterial (que es una cuestión que hay que cuidar bastante)

En otros alcaldes he visto un legítimo interés, porque ven que el servicio educativo es algo que la población aprecia mucho y les gustaría intervenir seriamente en la educación de su pueblo, de su comunidad, distrito, provincia.

¿Cuáles serían las condiciones para una descentralización educativa?

En efecto, hay que crear condiciones para hacer una transferencia, pero con un componente que es muy importante: el control social. Si se transfiere algo no sólo hay que saber manejarlo sino tener el mecanismo de control desde la población para que no se desvirtúe, para que no se corrompa, para que no se maltrate. Esta es una primera condición.

Otra condición que ponemos es que la carrera pública se mantenga. ¿Por qué? Porque sino se va a producir una cosa que es espantosa: que los municipios ricos empiecen a pagarle a los profesores un "alguito" más, cuando los municipios ricos son muy pocos en el país, se pueden contar con los dedos de la mano. De manera tal, que los municipios pobres que no tienen ninguna posibilidad de aumentar el sueldo de los maestros, si es que no hubiera mecanismos compensa-torios, pues, lo que ocurriría es que el abismo que hay entre unos seres humanos y otros se agrandará aún más: los ricos van a ser más ricos y los pobres más pobres. Y una situación como ésta no le hace bien al país, no le hace bien a la gente, no le hace bien a nadie.

Y, ¿cuál debería ser el papel del maestro?

El maestro tiene que tener lucidez, buena información y tener la coherencia -en el caso que no esté de acuerdo con un planteamiento de tal naturaleza- de hacer todo lo que esté a su alcance para informar a los demás, para crear opinión, para juntar a los padres de familia y para unificar a la comunidad educativa. Porque, tan importante como su interés por mejorar su remuneracion (que tiene que mejorar porque la situación económica de los maestros ya es insostenible) es esta pelea por mejorar la calidad de la educacion en el país. Siempre el maestro ha sido una persona muy comprometida con su sociedad, entonces, esta vez no tiene porque estar ajeno, como si fuese sólo un problema de los alcaldes. No, es un problema de todos; el destino de los maestros está en juego, pero también está en juego el destino del país.

¿Qué podría rescatarse de experiencias desarrolladas en otros países?

En los países donde procesos como éste se han dado, la preocupación central es la de encontrar formas de ganar equidad, de igualar para arriba (no es cuestión, pues, de igualar para abajo, es decir, que nadie tenga nada). Con el propósito de igualar para arriba, se han creado en varios casos fondos compensatorios que permitan que los municipios que menos recursos tienen reciban más y de esa forma hacer que la calidad de la educación se empareje hacia arriba. Este tipo de mecanismos tienen que pensarse en un proceso de descen-tralización.

Hay diversas experiencias, pero uno no puede copiarlas, porque va a hacerlo mal, ya que no le va a encajar; sería como prestarse el zapato del vecino que calza 40 y uno calza 38. No podemos copiar, por ejemplo, de Brasil, porque es un sistema de estados y en cada uno de los estados funciona un ministerio. Las cuestiones positivas que tenemos que aprender son mucho más generales. Por ejemplo: no se puede perder la unidad nacional (diversidad cultural, sí, pero con unidad nacional).

¿Qué más se puede aprender de estas experiencias?

Hay una tendencia actual en las propuestas que está haciendo el gobierno: atomizar las escuelas, que cada una tenga autonomía, pero que "baile con su pañuelo", que contrate gente que se encargue de administrarlas. Esta atomi-zación, que en realidad es privatización, no le hace bien al país. Esto también podemos aprender de las experiencias de América Latina, donde sólo Chile priva-tizó, y ya se probó que la privatización no ha mejorado la calidad de la educación. De todas las investigaciones realizadas en Chile sobre el tema, no hay una que concluya en el sentido de que la priva-tización ha traído beneficios; todas señalan que ha sido un fracaso.

Sólo un acuerdo nacional puede garantizar que los cambios en el país, especialmente en la educación, merezcan aprobación, respaldo, compromiso y continuidad de parte de los involucrados. La descentralización de la educación y la salud y del país en general, como proceso integral, requiere de un debate público que busque seriamente el consenso (Foro Educativo, octubre 1999).

Entonces, para qué caer en ese error.

Y, sobre la privatización ¿qué más nos puede decir?

Si hay tendencias privatizadoras, sepámoslo bien, es porque hay grandes intereses económicos que ven en la educación un buen negocio. Por tanto, los empresarios de la educación estarían felices que saliera una ley que les diera en administración cadenas de escuelas, que las tuvieran como cadenas de supermercados, y donde ellos pudieran ganar dinero con los recursos que daría el Estado y con lo que podrían sacarle a los padres de familia. Eso no debe dejarse pasar, porque eso es buen interés para los bolsillos de los empresarios de la educación, pero no es buen interés para el país, ni para el interés de los profesores ni mucho menos para el interés de los niños. La escuela no es una empresa, es una relación humana de maestros con niños, que tienen que ser tratados con la delicadeza, con la calidez y con el cuidado que los niños merecen. Entonces, es otra estructura, es otra identidad, son otras necesidades las que tiene la escuela.

¿Qué pasos deberían darse para la ejecución de la descentralización educativa?

Creo que debe haber una ley que plantee un proceso. Una propuesta descentralizadora se debe plantear como un proceso a mediano plazo, por lo menos. Tenemos que hablar de unos 10 años, donde se va haciendo una capacitación y por eso la insistencia en la escuela, en la formación de los maestros, en la forma-ción de los directores, porque estas propuestas tienen que venir de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo también, pero fundamentalmente se van a hacer buenos procesos de descentraliza-ción cuando hayan capacidades locales. Es decir, por ejemplo, que en Piura haya profesionales de tan buen nivel en las escuelas, distritos, provincias, capaces de hacer propuestas para Piura, y que por lo mismo no necesiten que vengan especialistas de la sede central para que les digan lo que tienen que hacer.

Entonces, ¿la descentralización educativa es un proceso?

Sí, es un proceso que supone una preparación, supone pasos, y lo mismo al nivel de los municipios, porque no se puede transferir algo cuando no hay nadie que lo reciba o lo va a recibir mal; eso sería irresponsabilidad. Hay gente que lo quiere hacer, yo lo advierto; hay gente que quiere crear el caos, y que dice no me importa que se arme el desorden, ya que después los mejores sobrevivirán, como en las empresas, como en las tiendas, que sobrevivan los más grandes, que se coman a los chicos. Este criterio en educación es poner en riesgo a millones de estudiantes, entonces, que vayan a jugar con otra cosa. Por consiguiente, creo en un proceso de descentralización de la educación, pero que sea serio, progresivo, a mediano plazo y sobre todo profundamente responsable.

¿Alguna opinión adicional?

Finalmente, no puede pensarse sólo en educación y salud. La descentralización debe darse en todos los sectores, sino no se puede hacer una articulación intersectorial, por ejemplo, a nivel local. Y, segundo, hay gente que sueña o imagina un gobierno central, municipios y escuelas, pero nadie en el medio; esto es imposible; el país es demasiado grande, demasiado complejo, de manera tal que las regiones no pueden desaparecer. Que el proceso de regionalización anterior se hizo mal, se tergiversó, pues, entonces, hagámoslo mejor, de otra manera, corrigiendo, pero eliminar el organismo intermedio, la región, sería otro desatino más.

Introducción


Julio Olivo


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Julio Olivo

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