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PARA EL
DESARROLLO LOCAL:
ORDENAMIENTO Y ACONDICIONAMIENTO
TERRITORIAL *
Los grupos humanos,
sociedades organizadas, tienen como marco para su desarrollo la ocupación
de la superficie terrestre y el empleo de recursos; cuestión en la que,
aunque parezca obvio, casi nunca ponemos énfasis en los impactos que
efectuamos en el medio ni, viceversa, en los impactos que el medio ejerce
sobre el hombre.
Lamentablemente, de cierta
manera -debido a nuestra educación- estamos impregnados de una idea: el
Perú es un país rico en recursos naturales, y éstos son inagotables.
Esta forma de pensar nos hace ser poco previsores en la explotación de
recursos naturales, nos hace pensar que estamos ante una inacabable fuente
de bienes e, inclusive, nos hace creer que el territorio nacional
alcanzará para todo aquello que querramos hacer. Pero, al echar una
ojeada a nuestro espacio local, vemos que cada lugar tiene
potencialidades, que a veces las identificamos sólo para sobre
explotarlas, y después nos damos cuenta que también tenemos carencias.
En este sentido debemos estar
constantemente identificando elementos que encontramos en nuestro entorno
inmediato, para conocerlo y posterior-mente
proponer su mejor uso, sea este un recurso o un espacio. Los recursos más
visibles son: el suelo agrícola, el agua, el bosque, el clima, la flora,
la fauna, entre otros, pero hay otro recurso muy importante, que es el
territorio. Este recurso que es de naturaleza finita, puede y debe ser
manejado con respon-sabilidad e inteligencia, pensando en no comprometer
su potencialidad, pues las siguientes generaciones deben conti-nuar
disponiendo de aquello que ahora aprovechamos.
En el Perú concebimos a
nuestro territorio y sus recursos como primera fuente de riqueza y en un
segundo plano consideramos a la riqueza que repre-senta las
potencialidades de nuestras comunidades, es decir, aquellas capaci-dades
que tienen los ciudadanos, que al mismo tiempo pueden constituirse en
transformadores y agentes de desarrollo de nuestro espacio local. En este
sentido debemos tener en cuenta que el aprove-chamiento de recursos debe
tener relación con el nivel de desarrollo de la comunidad, pues ambos se
encuentran íntimamente ligados.
Conocer
el entorno
Para aprovechar el territorio resulta
indispensable conocerlo y reconocerlo al mismo tiempo como aquel
"recipiente" en el que realizamos nuestras activi-dades, en el
que vivimos. El territorio es concebido según nuestros intereses o como
nuestra cultura o economía pueda valorarlo. Por ejemplo, pueden existir
* Existen diferentes maneras de
denominar el acondicionamiento territorial en los países hispanoamericanos.
Acondicionamiento y ordenamiento u ordenación del territorio son tomados
como sinónimos pero, en el presente boletín, distinguimos dos fases:
ordenamiento y acondicionamiento.
porciones de territorio
que no sean considerados como aprovechables por algunas culturas, mientras
que otras vean en ese mismo espacio la oportu-nidad de una mayor
explotación de sus recursos. Lógicamente, en esto entran a tallar las
tecnologías aplicadas sobre el medio ambiente en busca de lograr
satisfacer nuestras necesidades.
Tenemos una herencia poco
ponderada, pero muy importante: el conocimiento del medio en el que
habitamos. Durante muchos años hemos acumulado una serie de informaciones
concernientes a nuestro territorio, y sabemos distinguir cuál es la buena
o mala tierra o lugar para dedicarla a determinada función que querramos
hacer. Por ejemplo, no se nos ocurriría construir viviendas en un terreno
extremadamente pedregoso, o un terreno fértil no será seleccionado para
la ganadería, sino más bien para la agricultura. También si reconocemos
las características climáticas y de la cantidad de aguas disponibles,
podemos optar por construir canales o reservorios, si es que sabemos que
el recurso agua empieza a escasear.
Del
medio vivido al acondicionamiento territorial
La primera parte del Acondiciona-miento
Territorial empieza con el reconocimiento o diagnóstico de los recursos
naturales, existentes en un determinado territorio, que en este caso puede
referirse al ámbito de una provincia o distrito. Los recursos naturales
que evaluamos en una primera aproximación de lo que entendemos por
potencial territorial (indicando la potencialidad que éstos pueden
proporcionar) son, por lo general, suelo agrícola, agua, clima, flora,
fauna, bosque, pastos, provisión de
energía, minerales.
Debemos cruzar la
información que obtenemos acerca de los recursos existentes con los usos
actuales del territorio, pero en forma dinámica, determinando los
impactos negativos o positivos que se dan sobre el medio ambiente,
sopesando las compatibi-lidades y conflictos en el uso de los recursos
naturales, que afecten tanto a la sociedad como a la permanencia de los
recursos. En esta parte encontra-remos, seguramente, una serie de
incompatibilidades o usos poco racionales que existen sobre el territorio,
así como desequilibrios y localizaciones poco apropiadas para los usos
necesarios del suelo. Por ejemplo, el cultivo de arroz en la costa
desértica es contraproducente con las condiciones de sostenibilidad de
recursos, tales como el suelo y el uso de agua (salinización).
La primera revisión de
las potencialidades de los recursos debe llevarnos a la localización
geográfica de las principales áreas en donde podemos encontrar las
mejores condiciones para explotar recursos, o conservarlos, pero en
cualquier caso debe primar el criterio del aprovechamiento racional. El
tener un recurso natural no quiere decir que su explotación debe ser
prioritaria para obtener algún nivel de progreso, pues está demostrado
que en no pocos casos el uso inmediato de los recursos no revierte en
desarrollo local; antes bien podemos apoyarnos en su aprovechamiento, pero
no basar el desarrollo en utilizar los bienes naturales. Este es uno de
los principales problemas ambientales en el país: la poca conciencia de
la limitación de recursos.
La determinación de la
localización de centros poblados y actividades humanas, las
interrelaciones existentes, el peso demográfico, la interconexión, son
también elementos básicos para comprender la forma como el hombre ha
venido aprovechando el territorio, y para conocer qué tan efectivo,
racional y positivo ha sido (o es) la actual distribución de la
población.
La localización de
recursos y las actividades humanas poseen fuerte vinculación con aquello
que queremos hacer con ellos y también con la clase de zonificación
económico - ecológica que pueda plantearse en la jurisdicción materia
de estudio. La utilización de recursos y del suelo debe ser una tarea
consensual, en que podamos determinar cuáles son las principales áreas
poten-ciales de nuestro distrito o provincia, pero también en qué
queremos emplear dicho potencial (sin comprometer a las futuras
generaciones y sin agotar la capacidad de renovación de recursos).
El proceso de
espacialización de aquello que deseamos hacer no debe ser el resultado
del trabajo de un equipo especializado, sino que también debe convocar a
la población y sus represen-tantes, pues, caso contrario, estaremos
construyendo un instrumento de planificación técnico-burocrático que
sólo legitimaría la "institucionalidad" de esta forma de
trabajo.
La determinación de los usos posibles de
recursos y potenciales debe generar un Plan de Ordenamiento Territorial,
también conocido como ordenamiento ambiental, aunque esta última
acepción se vincula más a planes de conservación de la naturaleza. Este
Plan de Ordena-miento Territorial contiene aquellos criterios y posibles
usos del territorio, sobre la base de
lo que tenemos ahora y en función a los objetivos que queremos darle en
el futuro. Los criterios técnicos deben apoyar las tomas de decisiones de
la población y su representación, en la determinación del uso deseable
de los recursos potenciales y de un mejor uso para los actuales recursos.
Los pobladores y sus
dirigentes deben plasmar en un documento sus propuestas de distribución y
uso ideal de los recursos existentes, precisando y fundamentando las
acciones que se deben a llevar a cabo en el futuro, así como las
necesidades más urgentes para impulsar el desarrollo económico
productivo, facilitar la ocupación del territorio y la conservación de
los recursos. Para ello será necesario clarificar los proyectos que
tengamos, teniendo en cuenta posibles escenarios positivos y negativos,
conociendo para ello las tendencias existentes en la comunidad y las
generadas fuera del entorno inmediato.
La necesidad de proponer mecanismos que
faciliten la puesta en marcha de los proyectos y programas que deben
desprenderse del uso deseable del espacio, considera la consolidación de
acuerdos a corto, mediano y largo plazo a manera de pacto local, en el que
queden incorporados los esfuerzos del sector público y privado. La
institucionalización de acuerdos y la necesidad de normar procedimientos
nos conducen a elaborar un Plan de Acondicionamiento Territorial, que
tiene como principal característica el proponer la construcción de obras
físicas que faciliten la puesta en marcha de los proyectos propuestos en
determinados espacios y garantizar el uso racional y sostenible del
territorio. Es por ello que este instrumento es un orientador muy
importante del presupuesto público, y por ello debe incluir el concurso
de la población en la propuesta y
control ciudadano de la ejecución del Plan de Acondicionamiento
Territorial.
Estas pautas para la
formulación y ejecución de proyectos debe reflejar efectivamente lo que
es un proyecto local (en buena parte puede ser un proceso de
planificación estratégica para el desarrollo local, pero con criterios
de sostenibilidad ambiental), en el que se ha vertido y concertado las
expectativas de desarrollo de parte de la población, con criterios de
conciencia espacial y de desarrollo sostenible.
En proyectos de esta
naturaleza las funciones de la infraestructura física se enlazan con el
uso racional del espacio local en la perspectiva de optimizar los
servicios brindados a la ciudadanía. Por ejemplo, si se propone otorgar
servicios de salud que lleguen a toda la población, esto no significa que
cada caserío cuente con una posta de salud; debe proponerse cuál es el
lugar con mejores condiciones de centralidad y de alcance a mayor número
de potenciales usuarios para identificar la localización, el tipo de
infraestructura e implementación necesaria, así como la inversión a
efectuarse para atender a la población.
Otro de los ejes más frecuentes en el
Acondicionamiento Territorial es dar prioridad a la potenciación de
flujos, teniendo en cuenta para ello la construcción de corredores y
carreteras que activen la vida económica de una región, o provincia.
Ello no deja de ser importante, pero en muchos casos se desliga de la real
formulación de ordenamiento territorial y de uso sostenible del espacio.
No debemos olvidar que la vialidad, no siempre constituye un motor de
desarrollo de todo el espacio local, pues se pueden plantear reales
impactos en la sociedad - por ejemplo- en el que la relación campo -
ciudad se ve seriamente comprometida a favor sólo de los grandes nodos
urbanos.
Como podemos percatarnos
el criterio político - racional de mejor administra-ción de recursos se
torna en un imperativo, que debe procurar evitar la tentación de hacer
obras para contentar a un potencial electorado, o simplemente construir
con criterios subjetivos.
Las acciones políticas de
un gobierno democrático deben considerar que el Acondicionamiento
Territorial es un instrumento -no el fin- de una planifica-ción que
valora el uso racional del territorio, orientando los procesos del
aprovechamiento sostenible y equili-brado del mismo y ponderando la
participación del sector público y de los actores locales en la
propuesta, ejecu-ción y evaluación de sus intereses para el desarrollo
futuro.
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