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El Niño es un fenómeno natural que normalmente
tiene efectos positivos. En diciembre 1982, al término de un año seco,
los campesinos de Piura rogaban al cielo para vinieran las lluvias. La
realidad superó sus expectativas: 1983 fue un año terrible, cuyos rasgos
estan todavía presentes en el sentir y en la economía de la región. Las
secciones El Niño de 1983 en los registros pluviométricos y Algunos
efectos socioeconómicos de El Niño de 1983 de esta página web presentan
algunos de los principales indicadores de esta situación de desastre. |
Los "Niños" extraordinarios, devastadores, que interrumpen las actividades productivas, trastornan la vida cotidiana y ponen en jaque la organización de la sociedad del extremo norte peruano, no resultan insólitos para los pueblos de Piura y Tumbes: antes de 1983 hubo las lluvias de 1791, 1891 y 1925 que fueron de comparable intensidad. Ya desde fines de siglo pasado, gracias a la labor erudita de un eminente piurano, Víctor Eguiguren, se disponía del marco científico y clasificatorio que ponía en relieve el carácter recurrente de este fenómeno meteorológico, climático y oceánico. Pero en el último medio siglo, el desarrollo económico y social de la costa piurana así como de las industrias petrolera, pesquera y algodonera tuvieron como corolario grandes inversiones públicas y privadas en infraestructuras de transportes, de riego y de vivienda. Bajo el diluvio que azotó la región desde diciembre de 1982 hasta junio de 1983, estos frutos de la modernidad revelaron su vulnerabilidad y precariedad. Durante semanas la capital regional estuvo incomunicada por tierra, mar y aire; mientras tanto, diques y puentes se derrumbaban, las carreteras y calles sin drenes se volvían intransitables, las viviendas sin desagües o edificadas imprudentemente en áreas bajas se transformaban en pozas insalubres.
Para enfrentar esta situación desastrosa, que duró meses, la población piurana se movilizó y se organizó: se constituyó un Frente de Defensa presidido por el Arzobispo de Piura y Tumbes y personalidades de la sociedad civil que ulteriormente fueron elegidas como representantes al Parlamento, Alcalde provincial y Presidente de la Región. Lo que fue calificado en Lima como "desastre natural" fue vivido in situ como un problema político, social y económico, vinculado a la imprevisión humana, a la ausencia de control por parte de las colectividades locales de su marco de vida, a los prejuicios del centralismo, a la falta de autonomía y de recursos de las autoridades públicas regionales para tomar las medidas de emergencia que se imponían. La otra cara de una durísima experiencia de desasosiego fue el surgimiento de una nueva percepción y afirmación de la identidad política y territorial regional.