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Los castigos de Piura

Bruno Revesz
CIPCA-marzo 83


"Desde que lo encerraron en su casa de cemento, el rio se puso furioso y nos castiga". Así, aludiendo a la represa de Poechos en el Chira, una comunera bajopiurana nos representa los orígenes del desastre que desde meses azota la región entera. ¿Remanencia de un pensamiento mítico donde, como en el Valle del Nilo, el campesino concede títulos de deidad a este flujo acuático del cual depende en parte y no sólo en apariencia pobreza y riqueza, en definitiva muerte y vida? El espíritu citadino, veloz y politizado, habrá ya detectado, quizás, un patológico caso de resignación activa frente a la amplitud de la adversidad: nuestra comunera recurre a un imaginario precientífico en vez de identificar responsabilidades en la microsociedad de los príncipes -guardianes del bien común- que nos gobiernan; legitimando así la famosa inmunidad presidencial, autoproclamada en vísperas de un tardío y nublado viaje al norte.

Por nuestra cuenta, preferimos privilegiar metodológicamente la sabiduría popular; reconocer en el decir de la creencia una interrogación más que una afirmación y escuchar en ella el realismo de una experiencia.

1. ECOLOGIA Y SOCIEDAD

En Piura las lluvias son cíclicas; salvo el obligatorio aguacero de San José en marzo, se producen aproximadamente cada siete años. Las últimas grandes lluvias e inundaciones son de 1972, el último diluvio comparable al actual fue en 1925. Pero, la continuidad de los ritmos naturales no es la única referencia a considerar en la organización de un espacio. La penetración del capitalismo agrario significó una nueva topología de la acción y se materializó en la expansión de costosas redes de canales y drenes; en la acumulación de bocatomas, compuertas y estaciones de bombeo y rebombeo. Producto de una estrategia de concentración de tierras y de las exigencias de un nuevo ordenamiento técnico, el impecable alineamiento de los fundos cuadrados del sistema de haciendas remite la memoria popular a una ausencia: antaño, anchas manchas de algarrobos animaban un territorio y alimentaban otras prácticas sociales. Lo que quedaba de bosques, conservadores de humedad y vida, lo liquidó a ciegas la voracidad del ferrocarril que, en la primera mitad del siglo, de Catacaos a Paita, vía Sullana, transportaba en dirección a ultramar el cotizado Pima. Instrumento de un política, una espacio se recompone y sus fronteras se desplazan, haciendo en la provincia de Piura, de todo lo "no regado" un despoblado. Para quien tiene viva la experiencia de todas estas rupturas inscritas por las fuerzas dominantes, la construcción de la laguna de Poechos -"la casa de cemento" de nuestra comunera- es fácilmente integrada e interpretada como un factor más en la larga secuencia de los que afectan la humedad y el microclima regional y alteran el régimen de lluvias y de crecientes de los ríos así como las condiciones en que operan. La transformación de un ecosistema y sus efectos es referida a una responsabilidad social.

En cuanto al río Piura mismo, no es exageradamente desatinado considerar que se "rebela" contra los diques que lo encauzan. Los propios ingenieros del Proyecto Chira-Piura lo admiten cuando, como en Santa Rosa, se derrumban ochocientos metros de defensa de reciente edificación. En público se autojustifican demasiado fácilmente y hablan a posteriori y con cierta suficiencia de "puentes descartables" y de "diques fusibles", lo que no es para tranquilizar a las poblaciones ribereñas; en privado reconocen con franqueza que de hecho el rio "busca su cauce" y que es ahora -y no antes, desde la mesa de dibujo- cuando es posible diseñar y colocar espigones de piedra capaces de contrarrestar los golpes de la corriente. La impotencia -relativa- de los detentores del "saber calificado" acredita así el juicio de la creencia popular.

En otros términos, ésta nos indica que no pueden separarse los efectos naturales de lo que opciones tecnológicas designan: formas de producir, de intercambiar, de comunicar. En sí mismas, las lluvias no son uniformemente dañinas. Es verdad que el desierto reverdece y para los millares de minifundistas -que cosechan pastos para sus animales y cultivan frijol chileno, sandía, maíz criollo y otros productos domésticos-, las aguas del cielo son por cierto una bendición. Caso del todo diferente para el agro moderno; las grandes empresas asociativas no han podido terminar sus siembras: el suelo mojado no soporta la maquinaria pesada; los gradeos están por rehacer, los drenes tapados desbordan; el algodón, delicado fruto de la selección genética, se encuentra expuesto a toda clase de plagas, al mismo tiempo que lo "envicia" el crecimiento salvaje de las hierbas. Con un avío recortado por el Banco Agrario a principios de campaña y el alza de los insumos, el año se anuncia definitivamente catastrófico, hipotecando las posibilidades de capitalización y de desarrollo. Lo urbano no va mejor; una vez despegado el asfalto puesto sin zócalo, los camiones cargados de mercancías abren brechas impresionantes en las calles y las carreteras. Las ciudades sin alcantarillas se transforman en lagunas negras donde incuba la tifoidea. En Castilla, a fin de no "saturar más" los deficientes desagües, se corta autoritariamente el agua potable, desesperando a los pobladores y en Piura, es frecuente no encontrar pan "porque esta noche no hubo luz eléctrica". En Sullana, las casas de FONAVI edificadas en una quebrada están directamente amenazadas. Es todo un modo de desarrollo y de estructuración del espacio, articulado sobre un modo de acumulación que revela brutalmente su vulnerabilidad.

Desde luego, una tentación ha de ser conjurada: la de reducir esta vulnerabilidad, a las severas heridas infligidas por la furia de los elementos a las grandes obras de la moderna ingeniería: la nueva panamericana, los muelles marítimos, los canales, puentes, etc., que se edificaron para domar la geografía ruda e indócil. De hecho, los costos son muy altos; aunque totalmente insuficientes los veinticinco mil millones de soles que por fin, el INP anuncia para el plan de reconstrucción, indican la magnitud de lo sucedido. Sin embargo, el castigo piurano no se agota en estos espectaculares estragos físicos; más insidiosa, más desafiante, una extraña parálisis de la actividad económica y social afecta la capacidad de reacción del agro y del mundo de vivir de las poblaciones. Tanto como de las lluvias, esta parálisis parece el efecto de la lenta sedimentación en el tejido regional de las estrategias dominantes todos estos años. Un pasado se lee en la cristalización del presente estancado.

2. EL DESAMPARO AGRARIO

El desasosiego de las empresas agrarias no viene sólo de las perturbaciones climáticas; después de todo, es tarea secular y cotidiana del agricultor convivir con ellas. Otras preocupaciones corroen el agro asociativo que constituye el corazón productivo de Piura: en primer lugar, el difuso sentimiento de desamparo frente a la lejana e inmutable indiferencia de los que fijan los objetivos de la política económica. No son cosas de hoy la falta de liquidez y la ausencia de asistencia técnica que impiden ahora a las cooperativas reaccionar con oportunidad y capear con eficiencia el temporal: desde la toma de poder por Morales Bermúdez se instauró una política anticampesina en la cual los recortes en el crédito, la liberación de los precios de los insumos contrapuesta con una fijación de precios para los productos agrarios destinados a la agro-industria y, sobre todo, la inflexibilidad ahogante de los impuestos que se aplican cualquiera que sea el nivel de rentabilidad efectiva -se conjugan para asediar y agrietar un nuevo sistema agrario al cual no se han dado todavía los medios para consolidarse. No es cosa de hoy, pero la democratización esperada no hizo sino volver el marco más sombrío. A un Estado fiscalizador siguió un Estado cruelmente impasible. De hecho, la Ley de Promoción, promulgado entre gallos y medianoche, había dejado bien sentado que ninguna compasión podían esperar las entidades productivas que habían nacido de una especie de crimen de lesa majestad contra la ley del mercado. Las consecuencias no tardaron: desaparece la responsabilidad y obligación que tenía el Banco de Fomento estatal de garantizar y proporcionar al agro reformado el avío agrario necesario. Desaparece también un elemento tan estratégico en Piura como es el sistema único de comercialización del algodón, sistema duramente criticado por las organizaciones agrarias -no en su principio sino en su funcionamiento- por ser utilizado por el Estado como canal de subsidio a la industria; se esperaba y reclamaba su democratización y reorientación al servicio de los productores: contrariamente, el gobierno decretó su destrucción, entregando a partir de este año los más débiles a las fuerzas de un mercado fuertemente oligopolizado nacional e internacionalmente.

Ahora, cuando el campesinado siente que los ministros lo sobrevuelan, quizás con los brazos cargados de informes complacientes elaborados en sus burós limeños, pero con las manos inexorablemente vacías, constata la ausencia de misiones técnicas para asesorarlo en el terreno.

¿No tendriá, entonces razones suficientes para preguntarse si en definitiva esta mala coyuntura lluviosa no sea algo funcional dentro de una lógica que apunta a reducir más o a quebrar el restringido pero efectivo poder económico que le da todavía la posesión de las mejores tierras y de los principales medios directos de producción.

3. GESTION SOCIAL Y REPRODUCCION DE UN ORDEN DESIGUAL

Tampoco son cosas de hoy los constantes apagones y las interrupciones inoportunas del abastecimiento en agua potable. Simplemente hoy se hace más insoportable, en una situación tensa, el descuido crónico de estos servicios frente a las necesidades más crudas de la población. De semana en semana, de mes en mes, se pone de manifiesto que la persistencia de los charcos de agua estancada, el destrozo creciente de las calles y pistas que tejen poco a poco la imagen de ciudades bombardeadas, hasta el amontonamiento fétido de los grillos muertos que desdeña la baja policía, son el signo de que la fragmentación institucional y la parálisis de los organismos sociales, se prolonga en la incoherencia de los instrumentos de gestión de la existencia colectiva.

En primer lugar, ineficacia en una crítica, masiva de un sistema de asistencia social construído sobre el clientelismo. De Cooperación Popular, las siglas, los actores y las doctrinas pueden cambiar, pero no las estructuras de comportamiento. A una acción social integrada y a una prevención colectiva se han preferido, antes como después de 1969 y de 1980, aparatos políticos de movilización paraestatal que se colocan como intermediarios obligatorios a fin de transformar en favor, lo que las más de las veces no es sino el ejercicio de un derecho. Un modelo tal, de populismo "desde arriba", selectivo y por lo tanto excluyente, dependiente de reducidos circuitos de notables, se encuentra totalmente desarmado frente a deficiencias estructurales y carencias que necesitan acciones de conjunto.

En segundo lugar, los gastos de los sectores públicos no se distribuyen en función de la demanda social sino bajo la presión de las profesiones que dominan estos sectores. Es típico el caso de la salud en donde, mientras las necesidades sociales reclaman una medicina preventiva, las presiones de los gremios imponen el desarrollo de una medicina estrechamente curativa. Es bien piurano el adagio "buscar al pool de maquinaria", ligado a las influencias políticas, cuando se trata de la construcción o de la cualidad de infraestructuras viales y de equipamientos sociales.

En tercer lugar, las políticas sociales se desarrollan en el marco de una estrategía de reproduccíón contradictoria de clase. En principio, es permitido suponer que la acción estatal y la asignación de los gastos públicos tienen también como finalidad la reducción en la colectividad social de las desigualdades que se originan en el terreno de la producción. No obstante, la ausencia de debate regional entre las grandes organizaciones sociales, la falta de estudios detenidos y de información económica pluralista, la exclusión de los sistemas de decisión que sufren los representantes de las capas más necesitadas, sindicatos, ligas agrarias, comunidades campesinas y las asociaciones de los pobladores de estas barriadas que constituyen el principal potencial urbano en Piura, y desde luego la predominencia de los criterios de la economía mercantil, todo esto concurre para que las políticas de salud, educación, vivienda, etc. ahonden más y no atenúen la reproducción de un orden social desigual.

Los aguaceros no perdonan a nadie; sin embargo las cosas que se derrumban son en primer lugar las viviendas precarias de sectores sociales muy precisos. Ningún niño está a salvo de una mala profilaxia sin embargo, los primeros castigados en Piura son los niños pobres, los niños desnutridos. En un informe sobre el programa de promotores de salud que organiza su comunidad, un dirigente campesino de Catacaos declara: "Como uno de los efectos inmediatos de las lluvias se ha generado en la población infantil toda clase de infecciones bronquiales y estomacales y de la piel que ponen a los niños, ya de por sí desnutridos y desprotegidos al borde de la muerte. Y cuando esto pasa, los padres de familia difícilmente pueden recurrir a médicos cuyas consultas pasan de los 8,000 soles y las recetas de 20,000. Los servicios de salud son insuficientes, distantes de las poblaciones rurales y carentes de medicamentos buenos que puedan solucionar las situaciones de emergencia, que es en lo que estamos (...) Los promotores de salud de nuestros caseríos pueden mostrar las listas de los niños muertos en los últimos tres meses con el nombre, apellidos, fechas de muertes y causa probable. Existen caseríos donde el año 1982 murieron 7 niños en seis meses y en ese mismo anexo han muerto 14 en lo que llevamos del año. Estos casos no se ven desde los helicópteros, ni avionetas en los que vienen del gobierno central a contemplar el paisaje, y aunque las vieran, el pueblo no cree en su voluntad de arreglarlas cuando todos los días se suspende el costo de los alimentos básicos, de las medicinas, de los combustibles, y no se le asigna ni el 5% del presupuesto nacional para salud".

En realidad y más allá que los importantes daños físicos que afectan tal o cual infraestructura económica lo que el lento hundimiento regional material y moral pone en tela de juicio es la debilidad estructural de los sistemas de información, de previsión, de planificación y de intervención, así como la ausencia de una verdadera proyección de desarrollo social capaz de tomar en cuenta las necesidades básicas de la población.

4. UNA ESPERANZA FRUSTRADA, EL FRENTE DE DEFENSA

La situación demasiado alarmante para que una nueva conciencia regional no empiece a tomar consistencia. Durante años, la burguesía local había asistido impávida a esta especie de saqueo constituido por la enorme transferencia fuera de Piura, a través de circuitos de acumulación nacional, del excedente producido por el agro regional. ¿Incapacidad política de una clase social aplastada por la pérdida de sus haciendas, fuente de poder y no sólo de riqueza?, ¿Rresentimiento frente a los nuevos agricultores quienes ayer eran sus peones?, ¿Perspectivas atolondradas de los que no se sentían de inmediato golpeados en sus florecientes negocios comerciales?. Muchas otras razones pueden dar cuenta de esta falta de clarividencia frente a una depresión artificial del mercado regional.

Esta vez es toda la actividad comercial y agroindustrial la que se encuentra en crisis por la agudización de las dificultades del campo. Una inquietud, anteriormente circunscrita al sentir popular, se generaliza. Un signo importante: las vigorosas tomas de posición en contra de la indolencia del poder central, de parte del alcalde de Piura y del Presidente de CORPIURA. Uno como el otro, vinculados a Acción Popular, gozan de un cierto prestigio tanto por su competencia y dedicación en sus labores, como por haberse resistido a introducir en las administraciones que tienen a cargo las ásperas pugnas de intereses que más que las discrepancias ideológicas, dividen públicamente los aparatos locales del partido de gobierno.

Esta actitud de firmeza concluyó fácilmente con la voluntad colectiva de las organizaciones populares que año tras año se habían movilizado en una perspectiva próxima.

Nació así el Frente de Defensa convocado por un pronunciamiento -verdaderamente histórico en el contexto piurano- firmado por concejales de los partidos AP, IU, APRA, PPC. El Concejo Provincial declaraba en particular:

"Este concejo se ha visto precisado a hacer público que la comunidad a la que representa mantiene una visible tensión, impaciencia, mortificación y desagrado al no poder obtener la propia solución a sus problemas y es que sigue manteniendo una forzada dependencia al todavía agobiante centralismo".

La desconfianza acumulada durante años no se borra en un día. El Frente apenas nacido, todavía no legitimado frente a la población, se rompió entre cuatro paredes antes de consolidarse. La presión de las organizaciones populares para que la primera movilización del Frente se hiciera en la fecha del paro nacional de la CGTP y con su plataforma, tuvo por consecuencia el retiro del alcalde y de los colegios profesionales. Se perdió así una oportunidad para que los piuranos ejercieran, con más eficiencia, una responsabilidad social.

5. INICIATIVAS POPULARES

El aborto del Frente, la descoordinación que denuncian los editoriales de la prensa local entre el Comité de Emergencia presidido por el prefecto y otras instancias del poder como la municipalidad o la Corporación de Desarrollo, todo esto denota dificultades en la organicidad del actuar regional, una real impotencia para superar la dependencia del "agobiador centralismo".

Queda en las bases una multitud de iniciativas locales. En Chulucanas el alcalde UDP apoyado por un ingeniero delegado por CORPIURA consigue una palana mecánica privada y cambia la tierra infectada del mercado de abastos. En la Quinta, cerca de Mallares en el Chira; grupos de mujeres preparas todos los días 300 almuerzos para los niños del caserío. En catacaos, el programa de salud de la Comunidad Campesina ha visitado sus 55 anexos, realizando más de 1,700 consultas, aplicando 2,706 vacunas y repartiendo unos seis millones de soles en medicinas obtenidas de instituciones católicas internacionales.

Acciones limitadas, operaciones casi desapercibidas pero donde está en juego el fundamento de la democracia y que no recuerdan que el sentido de una sociedad está en el trabajo que ella hace sobre sí misma; en este flujo de solidaridades, de decisiones, de prácticas organizativas por el cual la vida triunfa de la muerte.

Las sofisticadas infraestructuras económicas, paradójicamente de una gran simplicidad para la comunera a la cual aludimos al inicio -la casa de cemento- necesarias ¿quién lo dudaría?, serían vanas si con la misma energía y tenacidad no se edificaron e hicieran funcionar infraestructuras sociales a fin de que el hombre, cuya tarea no se limita a dominar la naturaleza, esté mejor armado para transformar su destino en historia, a partir de su experiencia colectiva.