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Editorial IRP-344. Ene-Feb. 1998
Bruno Revesz
CIPCA-Piura
En 15 años la cara pública del desastre en Piura se ha metamorfoseado. En 1983, el Fenómeno El Niño (FEN), era percibido todavía como una ocurrencia regional, leída y vivida en la tradición de este fenómeno recurrente que desde siglos, alrededor de Navidad o al principio del año nuevo, genera lluvias que alteran momentáneamente el clima dominante calificado por los especialistas como "tropical seco". Lluvias de verano que, salvo en los indeseables años secos, surgen para mejor o para peor según que sean, como ocurre a menudo, moderadas y propicias a la agricultura, o que al contrario se presenten de manera excepcional como en 1891, 1925, 1983 y 1998, agresivamente adversas a las obras del hombre por su excesiva abundancia y su impacto negativo sobre la agricultura, las obras de infraestructura física, las viviendas precarias o mal ubicadas en zonas bajas, y de manera general la economía y la vida social regional incluyendo la salud y la alimentación.
Hemos descubierto que en 1998, El Niño se ha vuelto todo un fenómeno planetario. Es que uno de los efectos del FEN de 1983 fue la intensificación, y la operatividad a gran escala, de ambiciosos programas internacionales de investigación oceanográfica que, a su vez, se beneficiaron mucho de las enormes posibilidades que ofrecen ahora los satélites y las nuevas tecnologías de comunicación, no solamente por la observación permanente y directa de la temperatura del mar y de sus variaciones, sino también por la recepción y retransmisión de la medición de las corrientes a partir de las señales emitidas por redes de boyas que van a la deriva. Ya luego de las fuertes lluvias en Piura y Tumbes desencadenadas por el Niño de 1891, trabajos como los del piurano Víctor Eguiguren permitieron entender que se trataba de un fenómeno complejo, con diferentes intensidades y de carácter cíclico, aunque aleatorio. Hoy el FEN moviliza científicos del mundo entero. Establecieron que lo que pasa en la costa peruana es la fase de un ciclo durante el cual las interacciones entre océano y atmósfera producen el desplazamiento hacia el este de las aguas calientes del Pacífico oeste. El Niño es en realidad una de las fases de un sistema de fluctuación climática global, denominado ENSO (El Niño Southern Oscillation), propio al Pacífico ecuatorial pero cuyos efectos afectan a todo el planeta.
Una consecuencia notable de estos adelantos científicos y tecnológicos, es que a diferencia de 1982/1983 donde no se pudo notar con anticipación dicha "oscilación", esta vez y desde el primer semestre de 1997, se conocía en el Perú y otros lugares, y con una precisión inédita, la amplitud de la anomalía climática de que padecemos ahora. Más, los que -adentro o afuera de la región y del país- tienen acceso telefónico a Internet pueden, permanentemente y en tiempo real, seguir en la pantalla de su computadora la evolución del mapeo y de los indicadores de estas anomalías retransmitidos por sitios especializados y cuyos enlaces se encuentran en las paginas Web elaboradas desde el año pasado por el Cipca y la UNP y, más recientemente, por la Udep. ¡A diferencia de 1983, no hemos sido tomados desprevenidos!
Pero las pantallas de las computadoras no son las únicas donde aparece el FEN. Más numerosas, más presentes en el hogar de cada uno, son las pantallas de televisión. Cada día todos los canales nacionales e internacionales, tales como CNN o CBS accesibles en Piura por cable, presentan en forma efímera sus imágenes del impacto de El Niño: éste, de fenómeno natural ha devenido en un fenómeno "mediático". Moviliza los medios de comunicación de masa, los "media", quienes a su turno le dan fisionomía propia, modelan e imponen su imagen según su estilo e intereses. Podemos constatar que, con o sin razón, cualquier perturbación climática de importancia, sequía en Australia o África del Sur, diluvios en España, tempestades en la costa californiana de los Estados Unidos le son generosamente atribuidos. Incluso El Niño sería responsable del incendio de los bosques en Indonesia, en realidad fruto del lucro y de la negligencia humana, y cuyo humo asfixia durablemente a su capital. La mirada reiterada pero efímera de los "media" privilegia lo espectacular, destaca lo insólito, escoge el desastre del día y, de manera general, selecciona y enfoca lo que en poco segundos puede llamar poderosamente la atención, aislándolo de su contexto económico, político, humano y social.
Sin embargo, El Niño es mucho más que una perturbación dramática pero súbita y pasajera tal como son un terremoto o un ciclón. Los piuranos lo saben por experiencia, los Niños fuertes y excepcionales generan en la región, en el norte del Perú y en el sur de Ecuador, una situación que permanece largos meses durante los cuales los efectos destructivos se acumulan, se agregan, se sedimentan día tras día, se profundizan, se agravan poco a poco hasta el límite de lo inaguantable. La inundación de ciudades sin alcantarillado o de barrios imprudentemente construidos en áreas de alto riesgo, el colapso de calles sin drenes construidas por empresas deshonestas que utilizaron malos materiales son sólo un aspecto del problema. En el campo, en el mundo rural, invisible para el ojo electrónico de los "media", la muerte rodea. En primer lugar la actividad agrícola se paraliza y, con ella, los ingresos y la alimentación se deterioran paulatinamente. Luego y más grave aún, la insalubridad incrementa trayendo consigo el aumento de la mortalidad infantil. Estamos en 1998 hundidos en pleno en una situación de emergencia al igual que en 1983. Pero ahora todo la oculta o la niega. Lo que pasa en Piura, particularmente en el campo, se ha vuelto, a los ojos del país y del mundo, secundario, anecdótico, inconsistente, mutilado de su carga cotidiana de dolor humano. El Niño mediático que cautiva la imaginación es el de las lluvias en Buenos Aires o del mar bravo en las playas de California, y en los informativos televisivos nacionales el desborde del canal-vía en Sullana, la ruptura de la Panamericana, o el aluvión en Ica, cosas terribles por cierto. Pero las víctimas anónimas, duraderas y permanentes de la emergencia, en particular los niños, las mujeres y los hombres del agro de la Región Grau no tienen rostro mediático. No son acontecimiento. Son ocultadas, ignoradas, silenciadas; víctimas de las preferencias de los "media".
En 1983 la solidaridad internacional se hizo rápida y oportunamente presente en la Región Grau permitiendo entonces el abastecimiento fluido y la distribución masiva de calaminas, alimentos y medicamentos de que, al igual que ahora, miles de familias en la más absoluta miseria necesitaban con urgencia. Hoy nada de eso. Organismos como la AID o la Unión Europea informaron que este año no han previsto abrir estas líneas de ayuda, puesto que el Gobierno Peruano les había comunicado que controlaba perfectamente la situación y que no había situación de emergencia ni en Piura, ni en el resto del País. Sin embargo, lo cierto es que el déficit de medicamentos es espantoso, que no hay ni siquiera en cantidad suficiente los insumos que permitirían controlar en algo la reproducción exponencial de los insectos que propagan la malaria, y además que, a diferencia de 1983, cuando el apoyo alimenticio se canalizaba eficientemente en la ciudad y en el campo vía una red de comedores infantiles y populares, PRONAA limita ahora estrictamente sus servicios a un puñado de damnificados "oficiales" y por pocos días. Mientras tanto, sufrimiento, miseria, desnutrición, insalubridad, mortalidad se expanden dramáticamente.
Esta vez el Niño, nuevo fenómeno planetario no nos tomó desprevenidos. Pero los que son inmersos dolorosamente, y con escasos recursos, en esta situación de emergencia son las grandes víctimas de su éxito "mediático"... y también de la predominancia de una forma peculiar de hacer política de parte del Ejecutivo en que, tercamente, se tiende a reducir el problema económico y social a una simple cuestión de ingeniería civil; mientras que, en la práctica, se desconfía por lo general de las responsabilidades que podrían y deberían ejercer tanto organizaciones de base como municipios, desconociendo así que en una tragedia de esta amplitud y gravedad se necesita recibir y coordinar la ayuda y el apoyo de todos.