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El Niño en Piura: Los límites de la Ingeniería Civil

María Isabel Remy
CIPCA - Piura


Por momentos, el cielo se viene abajo. Ya ocurrió, la noche del 18 de enero, la lluvia más intensa que se registra en el siglo: 216 litros de agua cayeron por cada metro cuadrado en Sullana y la ciudad es un desastre.

Sullana cuenta con un gran obra de prevención, el canal-vía, que tiene varios años. En los periodos secos (la mayor parte de la década), los vehículos transitan por ella como una especie de vía de evitamiento, pero su función prevista es canalizar las aguas de las quebradas que en periodos lluviosos pueden bajar hacia la ciudad... En la lluvia del 18 de enero, el nivel del agua subió 2 metros por encima del canal-vía, arrasando la urbanización construida al lado (que se imaginó muy segura precisamente por su vecindad a esta obra), con casas de material noble y los Asentamientos Humanos de los alrededores..

Una de las grandes obras construidas en Piura desde que se pronosticó el actual Fenómeno de Niño (y que personalmente supervisó casi a diario el Presidente, con abundante registro de fotos en los periódicos), fue el sistema de evacuación de aguas de El Chilcal e Ignacio Escudero, dos barrios de Piura construidos estrictamente sobre "lagunas" (secas cuando no hay FEN); el sistema incluye la evacuación de las aguas hacia uno de los drenes principales... La noche del 24 de enero cayeron en pocas horas 160 litros de agua por metro cuadrado; las cámaras de bombeo no se dieron a basto; el agua de la lluvia, mezclada con la de los desagües que colapsaron en la zona, llegó a subir hasta 1.70 metros en las dos urbanizaciones inundando las casas de gente desesperada que intentaba salvar sus pertenencias; dos días después (incrementadas por las lluvias siguientes), el sistema no terminaba de evacuar las aguas.

Las que fueron saliendo, sin embargo, desbordaron el dren y al mismo tiempo que las familias de Ignacio Escudero y El Chilcal perdían todo, las del Asentamiento Humano "Primavera", en el camino del dren, perdieron lo suyo por el desborde...

Toda el agua de Piura y Castilla, pluvial y de desagües, cuando se evacua, lo hace o sobre el río o hacia los drenes. Ambos, recargados, bajan hacia el Bajo Piura, hacia Catacaos y Sechura. El río se ha desbordado en varios puntos y amenaza llevarse el Puente Independencia, construido después que el Niño de 1983 se llevó el que existía. Colmados desde la ciudad los drenes, que se construyeron para evacuar las aguas de riego en los campos, no evacuan las aguas que caen en las tierras y los poblados del Bajo Piura. La vida es allí invivible con el lodo acumulándose y pudriéndose en las pequeñas calles de tierra de los pueblos, inundando los caminos que terminan siendo intransitables, y formando enormes lagunas donde se reproducen a su gusto innumerables insectos, entre ellos, el zancudo portador de la malaria que, en su peor versión, la maligna, difunde la enfermedad por todas partes. Diarreas, infecciones respiratorias y dérmicas, a más de malaria (y Dios quiera que los ya 12 casos de cólera confirmados no aumenten) atacan a la población.

La agricultura es casi impensable; la población rural soportando lo que soporta de lluvia, ventiscas que levantan precarias calaminas, lodo y enfermedad, no tiene trabajo, no tiene ingresos y no pudo ahorrar porque los pronósticos de FEN llegaron después que la tropicalización del clima (altas temperaturas, ausencia de invierno) redujo drásticamente los rendimientos del algodón, el maíz, el mango... Ahora, no hay nada.

Por todas partes, las casas de abobe se desploman por humedecimiento continuo. El alcalde de la provincia de Morropón-Chulucanas, donde se registra la mayor cantidad de precipitaciones, no sabe qué hacer con los reportes diarios de viviendas destruidas en la propia ciudad y en todos los caseríos.

La Panamericana hacia el Norte, empieza por cortarse a pocos kilómetros de Piura, en la ruta a Sullana, donde la "quebrada de las Monjas" no respetó el puente y se lo llevó de encuentro. Hacia el sur, el desborde del río La Leche a la altura de Mórrope ha interrumpido el tránsito con Chiclayo, Trujillo y Lima, los principales abastecedores de alimentos. Los que llegan, triplican, en el mejor de los casos, sus precios.

El agua se acumula por todas partes formando cangrejeras que tiran abajo tramos de las carreteras o se llevan el asfalto de las pistas. La ciudad, amanece cada día más deteriorada.

Piura es un desastre. No de los desastres de estilo huayco o desborde (que también hay) que dramáticamente aparecen un día y convocan las cámaras de televisión. Es un desastre cada día, y cada día, un poco más.

¿Funcionan las obras de prevención?

No. Claro que no. Tampoco se podía prever ni la fuerza del FEN en el norte, ni que aparecerían desastres por todo el país.

Pero habían cosas que sí se podían prever:

  1. que la ingeniería civil no basta para ordenar la naturaleza, y mucho menos cuando las obras se deciden al ojo del Presidente, sin una planificación completa de la cuenca hasta su desembocadura en el mar.
  2. que la agricultura se paralizaría y cientos de miles de familias de escasos recursos se quedarían en la más absoluta miseria y necesitarían apoyos en alimentos, calaminas, medicamentos... eso era totalmente previsible,
  3. que había que descentralizar: que lagunas se formarían por todas partes y casas se desplomarían por todas partes y que emergencias habrían en diferentes lugares y que entonces se necesitarían equipos portátiles y recursos diversos a disposición de los municipios distritales y sus comités de emergencia
  4. que la ingeniería civil tenía que complementarse con la ingeniería social, con la organización de la población y el diseño de sistemas para la planificación y el flujo adecuado de la ayuda a diferentes niveles.

Para eso había que descentralizar: confirmar autoridad regional para la planificación, distribuir recursos y decisión en los municipios, confiar en las organizaciones y reconocer modestamente que se necesita la ayuda de todos.

No parece mucho pero no saben, los lectores de Idele, la falta que nos hace.