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Ciudades Intermedias y Competitividad
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Evolución
Espacial en Piura
Procesos
histórico-económicos.
Por ejemplo en la región
Piura, la especialización productiva inicial se dio en un espacio que
servía de bisagra entre las fuentes de cascarilla de quina en el flanco
oriental de la cordillera de los Andes, y el océano Pacífico. La dinámica
espacial de la ciudad de Piura se vincula definitivamente al funcionar
como punto intermedio entre los Andes y el puerto de Paita, y marcado por
el relativo aislamiento costeño terrestre determinado por el desierto de
Sechura. Esta ciudad, que tuvo tres reubicaciones previas hasta emplazarse
en su actual sitio, fue un punto estratégico para el virreinato en la
medida que significaba un centro de poder político - administrativo, y la
última población costeña de importancia entre Lima y Guayaquil, además
de ser el nexo entre el mar y el antiguo eje Cuenca- Loja-Piura.
El espacio serrano tuvo un
interesante desarrollo, fundamentalmente con las reducciones indígenas en
el alto Piura, en poblados como Ayabaca, Huancabamba, Frias, que se
mestizaron rápidamente (en contraste con las reducciones del bajo Piura),
iniciando una serie de relaciones de intercambio basadas en actividades
agropecuarias, y unas pocas de transformación, como los trapiches de caña
para hacer azúcar y aguardientes, así como molienda de granos; mientras
que en la costa el puerto de Paita toma importancia por la producción
serrana y los flujos que implican el gran grupo de tributarios costeños,
debiendo reforzarse la posición administrativa española -la ciudad de
Piura- intermedia entre estos dos espacios (litoral-sierra) en los valles
del Piura y el Chira. En los
valles costeros intermedios, se desarrollaba la agricultura bajo métodos
tradicionales, con mano de obra esclava, y dependientes de la poca agua
que traía el río Piura, y de los pozos vitales en el desierto, pero en
contraposición la ganadería menor tuvo importancia. En este espacio,
surge la pequeña ciudad de Piura en que se establecían los dueños de
haciendas que producían para el consumo regional y para exportar sus
productos hacia Lima, Guayaquil, Cuenca (algodón) o Panamá, pero en
escalas pequeñas, y poco transformativa, que no podemos llamar
propiamente industrias.
Ante la posterior demanda
extraregional de la cascarilla en el siglo XVIII, tanto el norte peruano y
el sur ecuatoriano, recibieron un impulso importante para su desarrollo
económico colonial al ser intermediarios del comercio desde el punto
costero más cercano de la selva alta ecuatorial, estableciéndose lazos
entre ciudades, y asimilándose al comercio externo. En estas ciudades
(Loja, Piura, Jaén) se establecían, talleres que ofrecían servicios o
productos a una mayor cantidad de población o de trabajadores que pasaban
por esta ciudad. En ese momento Huancabamba es una ciudad con mayor
importancia y es un punto de paso hacia Jaén, activándose un flujo de
comercio de contrabando tanto de tabaco como de cascarilla. El puerto de
Paita nuevamente activa su rol de punto de contacto con el comercio con
los principales puertos sudamericanos,
Tampoco hay que dejar de
lado los poblados indígenas, originados en las reducciones toledanas,
como Catacaos, Sechura, Chulucanas, Colán, los que son orígenes de
posteriores ciudades, que inician su rol económico desde la producción
para la tributación indígena, hasta ser en unos casos el punto de
partida para la conformación de haciendas de mestizos. Por ejemplo los
habitantes de Colán tenían el monopolio del tollo, mientras que los de
Sechura comercializaban pescado y sal; los indígenas pagaban la mita
ganadera que proveían materia prima para la producción de cordobones y
jabón, que eran procesados en Piura inclusive.
Este crecimiento de Piura,
no dependió de la competencia o mayor margen de utilidad de su producción
y comercio con otros espacios, sino de la condición intermediaria entre
la sierra y la costa, además de contar con espacios especializados en el
virreinato con mercados protegidos y garantizados, además de concentrar
los tributos o empleando mano de obra esclava que no generaba mayor
acumulación entre los habitantes en general. Esto lo podemos destacar en
la medida que es la etapa en la que es mas tangible la especialización
productiva basada en las ventajas que los recursos de la tierra, la
legislación proteccionista y una economía poco creadora de actividades
conexas, convertían al norte peruano como una región vulnerable.
En una segunda fase, ya
republicana, la producción de caña de azúcar o algodón fue tomando
importancia internacional, y bajo el esquema de ventajas comparativas, la
producción de las haciendas era orientada a satisfacer el mercado
algodonero británico, pues en esos tiempos era apreciado como normal, el
no efectuar transformaciones a la materia prima. Lentamente los lazos
comerciales de algodón y textiles entre Cuenca y Piura, disminuyeron,
siguiendo una época de debilitamiento de lazos extraregionales. Las casas
comerciales inician su funcionamiento, no estableciendo precisamente lazos
o mecanismos en que incrementen la productividad, pero si implementa un
sistema de acopio apoyado en lugares en donde residiesen los principales
propietarios, fundamentalmente algodoneros. Las concentraciones de población
se van formando en lugares de importancia heredados de la colonia, y
cohesión en los que viviesen los propietarios destacados, surgiendo otros
asentamientos en la costa - región más aparente para producir algodón-
de Sullana, el crecimiento de otras como Chulucanas. Las ciudades de
sierra empiezan a decaer al desactivarse una serie de flujos mantenidos
por la economía colonial, sosteniendo únicamente una economía local
basada en producción de alimentos y de aguardientes y otros derivados de
la caña de azúcar y la ganadería mayor.
Ante la demanda de
producción agrícola orientada a la exportación regional, se empieza a
atender la necesidad de garantizar el riego en el valle desértico y a
construir vías férreas hacia el puerto de Paita. El algodón posibilitó
la elaboración de derivados como el aceite o jabón, pero con mercado
local, pero así surgieron también otros productos como los sombreros de
paja toquilla, traída desde Guayaquil. En este periodo encontramos que
actividades coloniales marginales empiezan a tomar importancia en este
siglo, como es la extracción de brea, que posteriormente darán origen a
las explotaciones de petróleo, que definitivamente tienen impacto en el
espacio litoral, pese a que estamos hablando de la formación de un
enclave económico. El comercio con ciudades como Sullana, se vió
vitalizado con la demanda de productos proveniente de los campamentos
petrolíferos que fueron construidos en este siglo por compañías británicas
y norteamericanas. En el espacio urbano planificado de Talara y sus
campamentos, es importante destacar que los sectores profesionales o
institucionales eran extranjeros, y con un margen de capacitación a los
trabajadores peruanos que eran aceptados en tales campamentos. El origen y
configuración de Talara proviene del influjo de los capitales extranjeros
con pocos vínculos efectivos hacia la región, especializados en la
extracción petrolífera, su transformación y en los servicios propios de
esta actividad.
Las ciudades de los valles
- Piura y Sullana - empiezan a concentrar población migrante en la
primera mitad de este siglo, que provienen en buena parte de las
comunidades costeñas, a brindar servicios domésticos o no especializados
a las principales industrias o extracciones relativamente tecnificadas que
aparecieron forjadas en buena parte por los hacendados. El poder político
local tenía, como en otros espacios, relación directa con el poder económico,
además de excluyente no ofrecía condiciones de institucionalidad real,
pues el funcionamiento del aparato político administrativo dependía en
gran forma de las relaciones interpersonales y de intereses comunes.
Nuevamente se torna evidente que los niveles de "aislamiento" de
una región o en este caso de una ciudad, que tiene pocas preocupaciones
en la colocación de su producción agrícola en el mercado externo, pues
ha tenido demandantes casi invariables, al tiempo que depende
considerablemente de tecnología como en el caso del petróleo; las
instituciones políticas no son plenamente plurales, antes bien garantizan
la permanencia de un grupo plutócrata.
La especialización
laboral (profesional o técnica especializada) es un privilegio de pocos,
que se instruyen o educan fuera de la región, empleándose inclusive la
intuición empresarial que privilegia a los negocios de exportación, que
en la conformación de un mercado interno nacional o regional. La elevación
de la productividad es una preocupación que surge en forma compartida con
los demandantes de materias primas, por lo que es importante reducir
costos y obtener mayores volúmenes de producción. Los demandantes
extranjeros son quienes dominan el mercado, es decir poseen información,
tecnología y capital para obtener el mejor precio y obtener mayor
rentabilidad.
La elevación de la
productividad agrícola se puede determinar en la medida que se podía
apropiar de tierras de comunidades, o acceder a posiciones estratégicas
en el acceso al agua, construir canales y hacer mejoras tecnológicas en
sus haciendas. El "capital" de la región Piura se basa en el Know how de la producción
algodonera. Sin embrago los resultados económicos de este ingreso de
dinero de este cultivo, no significó la articulación de una economía
regional o un proceso de industrialización para diversificar la producción,
mas aun cuando el mercado regional estaba detentado en pocas personas con
acceso al dinero.
Sullana creció durante el
siglo pasado, entre otros factores, por ser un punto importante en el
ferrocarril de Paita hacia Piura, y ser un punto de acopio del algodón
sembrado en el medio Chira, teniendo a inicios de siglo importancia económica,
testimoniándolo la presencia de bancos, denotando la importancia gradual
de este punto estratégico. Ya avanzado este siglo, la cercanía a Talara,
la colocó como la ciudad intermediaria y proveedora de bienes que esa
ciudad no producía, como alimentos creciendo el mediano comercio.
En los años finales de la
década de los sesentas, las ciudades
de Piura y Sullana se han consolidado como la residencia de grupos
profesionales, burócratas, propietarios, comerciantes, y migrantes
rurales que daban servicios domésticos. Las industrias no son
precisamente un eje que caracterice a las ciudades capitales de las
principales provincias costeras de la región. En 1968 se dan una serie de
transformaciones importantes en el país y especialmente en la región,
pues la reforma agraria, la nacionalización del petróleo y el inicio de
la construcción de las mayores obras de infraestructura de riego del país,
tendían serias repercusiones.
En la década de los
setentas, Piura cuenta con dos universidades, evitando la forzosa migración
de jóvenes que debían ampliar su horizonte académico fuera de la región,
y que, en muchos casos, terminaban siendo absorbidos por mercados
laborales de Lima, Trujillo e inclusive Ecuador. Coincide en esta etapa,
la llegada de energía eléctrica a centros poblados de la costa y sierra,
aunque no a todos. La burocracia creció en forma importante, pues las
obras de infraestructura, los cambios deseados en el agro, necesitaban de
un soporte profesional y técnico. En esta época se amplían las redes de
caminos, en espacial hacia la sierra. Así, las ciudades costeñas de la
región crecieron física y demográficamente. Los problemas de
acondicionamiento urbano se hacen patentes ante la insuficiencia de
servicios y equipamiento para los nuevos pobladores, en especial migrantes
del campo. Este rápido crecimiento urbano se debió a la decisión del
gobierno central en impulsar el desarrollo de esta parte del país, no
teniendo un germen propio en la región, o que haya surgido a partir de
factores propios de la dinámica económica privada local.
El desarrollo industrial en la región, se plantea en este periodo
tras la creación de la textil Piura, las plantas de procesamiento de
pescado en Paita, además del refinamiento del petróleo.
La economía proteccionista de
esta etapa, termina promoviendo la aparición de pequeñas manufacturas
muy cercanas a las actividades extractivas que van complementando el
crecimiento económico de la región y las ciudades.
En este contexto, nos cabe
preguntarnos si los marcos legales proteccionistas contribuyeron a la
competitividad, puesto que el desarrollo de la ciudad se vió empujado por
la propuesta de desarrollo del gobierno central, antes que por la evolución
económico institucional de estas ciudades medianas. También cabe
preguntarse como las ciudades debieron participar y contribuir a la
construcción de su propio marco competitivo, y no ser solo un espacio de
localización de inversiones.
Al decaer este periodo de
auge piurano, quedan al desnudo las debilidades que las ciudades como
expresión del desarrollo regional- no han podido mantener, evidenciando
la necesidad de contar con un liderazgo urbano, que impulse el desarrollo
no solo de la ciudad, sino también de la región. Como podemos ver, en
Piura y en Sullana, pese a los incentivos, no se logró consolidar un cluster
que pueda dar un marco de competitividad sólido respaldado en la evolución
económica e institucional de sus actores.
Las
ciudades, no obstante, pueden crear su entorno competitivo sobre la base
de acuerdos o planes de desarrollo concertado por parte del sector público
y privado.

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