Las PYMES, aunque la mayoría de ellas tienen procesos productivos artesanales,
están generando trabajo directo e indirecto a un sustantivo número
de familias en todos los sectores, (calzado, textiles, metalmecánica, carpintería,
derivados lácteos, comercio, etc.) constituyendo una alternativa eficaz
para generar dinámicas económicas que involucran a las poblaciones
de bajos recursos, gran parte de ellas migrantes.
Con la posibilidad del Tratado del Libre Comercio y la construcción
de la Vía Interoceánica, se ha reactivado la discusión
sobre el rol de las PYMEs en el desarrollo de la Macro Región y la consolidación
del mercado interno regional.
Los estudios han mostrado una alta “mortalidad” de este tipo de
empresas y una similar rotación de actividades por la búsqueda
de mantener condiciones de supervivencia de sus promotores, la pregunta que
surge es ¿qué tipo de PYMEs es la que debemos promover para enfrentar
con éxito la apuesta por el desarrollo?
Si bien, este panorama resulta positivo para las PYMEs que han superado el
carácter de subsistencia, a la vez genera también un reto que
implica mejorar las condiciones de competitividad de las mismas; para ello no
solo se debe contar con la participación de los micro y pequeños
empresarios y sus organizaciones sino también con el apoyo de gobiernos
locales, regionales y agentes económicos.
Para que esto sea una realidad, es necesario aplicar innovación tecnológica
apropiada, mejorar el aspecto de la información con relación a,
mercados, tipo de consumidores, etc., así mismo la búsqueda de
nuevos productos y servicios, fortaleciendo las capacidades de los productores
y en general de los trabajadores.
Por otro lado, la asociatividad y la creación de alianzas estratégicas
reforzarán los niveles de confianza en las PYMEs y permitirá que
estas tengan acceso a mayor financiamiento, también referidos a compras
por volumen mejorando sus capacidades de negociación.
En este contexto se debe construir un pacto social por la competitividad en
el sentido de establecer mecanismos que promuevan la excelencia en la producción,
el respeto a las normas tecnológicas que propicien el reconocimiento
de la calidad del producto y la denominación de origen.
De esta manera las micro y pequeñas empresas asociadas y con una visión
compartida, serán la base del proceso de competitividad en el país.
Por: Socióloga MARÍA DEL CARMEN FALCÓN AYBAR
CEDER - AREQUIPA
