LA COMPETITIVIDAD Y SU ROL EN LAS ECONOMÍAS LOCALES
“Competitividad:
1. Capacidad para competir por tener las propiedades necesarias: competitividad
de los productos, de los deportistas.
2. Tendencia a participar en cualquier rivalidad para conseguir un fin.”
Diccionario de Español, Universidad de Oviedo
Empezar a leer un artículo sobre competitividad inmediatamente nos refiere
al campo de la economía, específicamente al sector empresarial y
más a detalle a la aplicación de herramientas de gestión
gerencial, financiera, comercial e informática que automáticamente
reduzcan costos, incrementen la calidad y productividad y por ende hagan que el
producto o servicio (ya que estamos hablando de empresas) sea demandado por el
mercado.
Sin embargo, en este artículo no se busca sinterizar tendencias o conceptos
que de alguna manera ya todos manejamos sino determinar ese vínculo clave
entre la competitividad y nuestra vida diaria que generará la visión
narrada en el párrafo anterior.
Partiendo de la acepción “capacidad para competir por tener las propiedades
necesarias: competitividad de los productos, de los deportistas” se quiere
reflexionar con el lector sobre la competitividad personal, empresarial y local,
y cómo ésta nos puede ayudar a superar nuestras deficiencias como
nación, no sólo en la transición hacia la economía
sin fronteras a la que estamos ingresando sino también en el proceso de
descentralización que nos pueden debilitar si no contamos con las condiciones
necesarias para competir.
Para poder contar con capacidades para competir, ya sea como individuos o como
empresas necesitamos hacer un diagnóstico de nuestra situación actual
(el punto de partida) y ver hacia dónde debemos caminar en términos
de qué habilidades debemos potenciar y qué defectos debemos atenuar
para entrar en la competencia. Una vez que tenemos una idea real y objetiva de
nuestra situación inicial debemos preguntarnos “¿podemos superar
solos nuestros defectos y potenciar nuestras habilidades?” la respuesta
–como en todo caso humano- es “no”, debemos buscar entonces
a quien tenga la experiencia para formarnos y para lograrlo debemos estar dispuestos
a invertir tiempo y recursos; a modificar nuestros esquemas mentales – tarea
mucho más difícil que encontrar un buen benefactor que quiera “pagar”
por nuestra superación.
La competitividad – o su carencia- puede ser encontrada a nivel local en
muchos espacios: en las empresas, en los gobiernos locales y regionales, en los
servicios públicos y privados, en las generaciones de adultos, entre los
adolescentes… la clave para identificar competitividad en las personas o
las instituciones, parte justamente de la capacidad de auto evaluación,
de superación y de apertura al cambio. De este modo cabe preguntarnos:
somos competitivos empresarialmente? Somos competitivos turísticamente?
Somos competitivos artesanalmente? Si la respuesta es no, nuevamente nos preguntaremos,
depende eso de que la provisión de Servicios de Desarrollo Empresarial
no sea gratuita para todas las empresas? Depende eso de la firma del TLC? depende
eso de las políticas gubernamentales?, depende eso de las autoridades que
elegimos? O el nivel causal parte de cada uno de nosotros, de nuestra capacidad
para evaluarnos, superarnos, asociarnos, generar espacios de diálogo, concertación
y acción.
Como decía en un inicio, con este artículo no se busca compartir
conceptos sino más bien incentivar la crítica constructiva y la
invitación a la acción. Seamos competitivos en el día a día,
dentro de nuestras familias y en nuestros trabajos, inductivamente lograremos
así que nuestras instituciones sociales, económicas y políticas
lo sean y por ende, alcancemos un nivel superior como sociedad y como nación.
Eco. Cecilia Araujo Morales
Programa de Enlace Pyme Cajamarca
