Así se llama el libro de Johnny Zans Friz Burga publicado por la Defensoría
del Pueblo y Servicio Educativos rurales y presentado en Cajamarca la noche de
ayer (30 de setiembre). Transcribo los comentarios que hice en el Foro Balance
y Perspectivas de la Descentralización” realizado el día 29
de septiembre, a propósito de la mencionada presentación.
El país ya no es el mismo de hace 25 años. Con la Constitución
de 1979 se sanciona un cambio radical, intentamos el difícil tránsito
de la exclusión a la inclusión. El voto se universaliza, se reconocen
derechos sindicales y políticos para muchos de los ciudadanos y ciudadanas
que antes no existían para las políticas nacionales, las comunidades
campesinas son reconocidas y se introducen las regiones reconociéndoles
autonomía económica y administrativa. De ahí en adelante
los esfuerzos por descentralizar el país han revelado las vacilaciones
de quienes, en su turno, han gobernado. Como sea el proceso hoy esta en curso
y las discusiones giran en torno a como continuar con el.
Si tuviéramos que identificar logros y pasivos en este camino yo aportaría
los siguientes.
La visión del futuro se construye desde el interior del país.
Cientos de localidades, distritos y provincias han elaborado, primero por iniciativa
propia, luego con la aceptación y complacencia y mas recientemente con
el mandato de los organismos del gobierno central, sus visiones de futuro, sus
planes de desarrollo (estratégico, concertado, etc.). Esto ha entrenado
a miles de mujeres y hombres de los caseríos y distritos del país,
entre ellos a funcionarios de sus gobiernos locales, en la planificación
de sus territorios y recursos y supone un impresionante desarrollo de capacidades,
que se evidencia en los innumerables proyectos y propuestas que son planteadas
por profesionales, académicos y ciudadanos de provincias, cunado discutir
los planes y presupuestos se trata.
La participación en la gestión pública se ha tornado indispensable.
Hoy casi ni una sola autoridad local imagina su gestión sin la participación
de las y los electores. A veces a regañadientes, otras con temor y poco
a poco con claridad, son cada vez más los ejemplos en los que la participación
es aceptada y promovida por las autoridades. Temas como el plan, el presupuesto,
los comités de gestión de obra, la vigilancia, etc., son el pan
de cada día en los espacios locales
Estos aspectos pone a la orden del día la necesidad de contar con un
centro nacional de planificación y un centro de formación para
la gestión pública.
La concertación se va instalando en el sentido común de los ciudadanos
y ciudadanas en los espacios locales. A diferencia de la actuación de
los gobernantes y legisladores nacionales, las ciudadanas y ciudadanos del interior,
han encontrado en la concertación el estilo, el método, de hacer
política (y ojala de renovarla) y de solucionar sus problemas cotidianos.
Esta forma no ha estado exenta de tensiones y conflictos, pero ha permitido
ejercitarnos en la aceptación del diferente, del otro y nos abre un camino
para modernizar y adecentar la política peruana.
Pero también hay algunos pasivos. El más significativo es la falta
de voluntad política de los gobernantes por llevar adelante el proceso.
Los últimos 20 años han estado teñidos por marchas y contramarchas
en este camino. Las excusas como la falta de capacidad para gastar, para administrar,
etc., no son sino eso y expresan la resistencia a descentralizar el poder, los
recursos y las decisiones, expresan de forma nítida la oposición
de sectores políticos y económicos del país para incluir
en la toma de decisiones a los excluidos de siempre.
Estos vaivenes han hecho que perdamos tiempo y recursos. Creando y desapareciendo
organismos, ministerios, secretarías, etc., echando por la borda las
capacidades adquiridas por técnicos y funcionarios y creando, finalmente,
la desconfianza en la población.
El desafió es que lo acumulado no se pierda. La integración territorial
debería servirnos, por ejemplo, para debatir si vamos o no a incorporar
la participación de las ciudadanas y ciudadanos en la planificación
y en la decisión sobre los recursos públicos.
Incorporar al ciudadano de a pie en el debate es otro desafió. El esfuerzo
que deben realizar organismos y autoridades públicas, así como
instituciones privadas es grande. Cómo puede el ciudadano común
y corriente opinar sobre la pertinencia y conveniencia de tal o cual opción,
si no está medianamente informado. Reordenar el territorio nacional y
su administración, decidir sobre la descentralización de los recursos
y de las competencias, no puede ser un asunto solo de “entendidos”,
especialistas o autoridades centrales. Tiene que ser un asunto del interés
y la acción del conjunto del país.
La poderosa tensión entre exclusión e inclusión tiñe
el proceso de descentralización. Y otra vez no vaya a ser que perdamos
una oportunidad. Podemos reordenar la gestión y administracion de territorio
nacional desde los cómodos asientos de funcionarios, legisladores, gobernantes
y otras autoridades capitalinas, sin escuchar la voz ni atender los intereses
y opiniones de las regiones o podemos refundar la republica, aprendiendo de
las lecciones y frutos de un camino reciente de participación, concertación
y descentralización, para encarar los desafíos de la globalización
la competitividad y el conocimiento. Esta es una tarea que exige una firme voluntad
política, es una tarea de todos, pero sobre todo de los provincianos.
Por: Eduardo Puntriano
Proyecto Cosude APODER - Cajamarca
