Hoy en un mundo globalizado y cambiante, donde el crecimiento de los territorios
o regiones está fuertemente ligado a la capacidad que tengan para fomentar
y generar inversiones, conocimientos y tecnologías; surge la necesidad
imperiosa de adoptar políticas orientadas hacia el desarrollo de la competitividad.
Bajo este contexto se puede definir a la Competitividad Regional como la capacidad
que tiene una región para desarrollar niveles de crecimiento sostenibles
en el tiempo no sólo en términos de inversión sino también
orientado hacia el talento y el desarrollo humano, que permita generar bienestar
económico, social, cultural; en pocas palabras mejorar la calidad y el
nivel de vida de su población.
Ante este conjunto de transformaciones económicas, tecnológicas,
sociales y culturales cuya vertiginosidad y complejidad no admite precedente
y al cual nuestro país y sus regiones no se encuentran ajenas, obligan
a hacer nuevas formas de política quebrando el esquema en el que se deba
tomar al Estado como único ente privilegiado de regulaciones internas
y de acción externa, por lo tanto la descentralización y la “regionalización”
son los mejores modos de adaptación a este fenómeno económico,
haciéndose totalmente necesario e imprescindible el contar con empresas
que reconozcan su papel de ser generadoras de recursos e instituciones que promuevan
el desarrollo regional, con recursos humanos competentes totalmente identificados
con el desarrollo local, capaces de llevar a cabo el despegue y desarrollo tan
anhelado de nuestra región y por ende de nuestro país.
Es indudable que en este nuevo contexto se otorga fundamental importancia a
las sociedades locales y a sus actores públicos y privados, exigiendo
arbitrar entornos institucionales que propicien comportamientos pioneros y comerciales
entre agentes locales y nacionales con estrategias que permitan identificar,
desarrollar y crear redes innovadoras que generen dinámicas de inserción
nacional e internacional.
En este sentido, surge la necesidad urgente de que nuestra región cuente
con un Plan de Competitividad Regional, pero que no quede en una simple redacción
de pretensiones o buenas intenciones, sino que sea el instrumento para la toma
de decisiones y de orientación económica de desarrollo competitivo
para el futuro de nuestra región, permitiéndonos identificar actividades
y proyectos estratégicos de impacto a mediano y largo plazo, donde los
recursos públicos y privados sumen para la ejecución de los mismos,
orientados hacia la definición y fijación de propuestas y objetivos
que permitan aprovechar las nuevas oportunidades de desarrollo.
Caminar hacia la competitividad regional implica una labor permanente ya que
este proceso exige un continuo perfeccionamiento en el que siempre habrá
lugar para mejorar, por eso es ineludible sembrar el concepto de competitividad
a todo nivel, instituciones públicas, privadas, universidades, gremios
empresariales, sociedad civil, etc. como cultura para el desarrollo de nuestra
región.
Por: Susana Villanueva
IDESI Cajamarca - Cajamarca
