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Últimamente, la palabra competitividad se escucha en boca de todo el mundo:
políticos, empresarios, analistas, en fin, todo aquél involucrado
con el proceso de desarrollo económico ha caído en la tentación
de usar la ya famosa palabra.
Y esto no sólo a nivel “nacional”,
es decir, en Lima, sino a nivel internacional y regional.
En la actualidad, cada país andino cuenta con, por lo menos, un órgano
promotor de la competitividad, siendo Perú y Venezuela los últimos
en consolidarlo. Pese al retraso, desde mayo del 2002 contamos con el Consejo
Nacional de Competitividad (CNC), organismo estatal dependiente de la Presidencia
del Consejo de Ministros pero hijo legítimo del sector privado, el cual
expresó la necesidad de contar con un organismo de este tipo en el CADE
2001, organizado por IPAE.
A partir de la creación del CNC, conocido bajo el seudónimo de
“Perú Compite”, la idea de competitividad como motor del
crecimiento se popularizó en todos los ámbitos, siendo quizás
el mayor logro del gobierno actual en esta materia el haberla introducido en
la agenda de los gobiernos regionales. Aunque quizá la forma de hacerlo
no es la más precisa, se trata de un gran acierto.
Solamente en Piura, se han desarrollado en menos de un mes tres eventos referentes
al tema. Estuvieron por esta tierra Manuel Pío Portugal Velarde, Asesor
de la Presidencia de ADEX, y Claudio Herzka, Gerente General de IPAE, abordando
asuntos relacionados a la competitividad y desarrollo regional. Incluso el Gobierno
Regional, o, más específicamente, la Gerencia de Promoción
de Inversiones, ha planificado una serie de talleres para elaborar el Programa
Regional de Competitividad de Piura, uno de los cuales, el “Taller Cero”
se realizó hace unos pocos días. Quienes asistimos al “Taller
Cero” pudimos percibir en el ambiente cierta premura del Gobierno Regional
por contar ya con el Programa de Competitividad Regional. Muestra de ello es
que inicialmente el taller 1 se programó para una semana después
del taller cero e incluía una cantidad apabullante de temas, lo cual
felizmente fue cambiado ante el pedido del público. No obstante, debemos
rescatar el valioso esfuerzo realizado por el GR para reunir a instituciones
representativas de distintos sectores para lograr un programa sólido
y, quizás más importante aún, concertado.
Lo que sí se puede sugerir al GR es realizar un estudio profundo de
la materia, antes de lanzar un programa. Durante el taller cero, se nos entregó
el documento “Piura Competitivo”, elaborado por Alejandro Indacochea
y Patricia Morales a partir del taller de competitividad regional organizado
por Promperú en 1999 a manera de documento base para la elaboración
del programa. Este documento no sólo se encuentra desactualizado respecto
a hechos recientes del acontecer regional (por ejemplo, dando por hecho la explotación
de Tambogrande y basando en ello su diamante futuro de competitividad de la
minería metálica regional), sino incluso en su concepción
teórica. Indacochea y Morales emplean como marco teórico el enfoque
de Michael Porter y su famoso diamante de competitividad. Este diamante esta
compuesto por cuatro factores, no siendo el Gobierno ninguno de ellos, sino
sólo un factor externo que influye en el diamante. Famoso, es verdad,
aunque ya masivamente descartado a nivel mundial por ser incompleto, especialmente
para países en desarrollo.
Pese a que no existe un concepto ni un marco teórico sobre competitividad
mundialmente aceptado, la corriente de competitividad sistémica, la cual
viene siendo trabajada más o menos desde 1996, es la más aceptada
en la actualidad. Nace a partir de las fallas de los programas de ajuste estructural
en América Latina los cuales, habiendo logrado estabilizar y abrir a
los mercados internacionales las economías de la región, no lograron
poner en marcha un proceso de crecimiento sostenido, ni un patrón de
desarrollo de la competitividad en ramas productivas de alto valor agregado;
por el contrario, acentuaron las diferencias en la distribución de la
riqueza.
La principal falla de los programas de ajuste, a decir de los creadores de
la competitividad sistémica, fue su incapacidad para reconocer la complejidad
de los requerimientos de las empresas y la importancia del entorno institucional.
Es justamente esta falla la que la competitividad sistémica trata de
reparar.
Según este enfoque, las políticas de promoción y soporte
empresarial establecidas por el sector público y privado resultan cruciales
para la competitividad sistémica de un país, región o localidad.
Si bien las políticas macro a nivel mundial se van homogenizando hasta
constituir una receta única, las localizaciones industriales difieren
cada vez más, siguiendo el espíritu de la especialización.
Resultaría entonces más coherente con los avances del Consejo
Nacional de Competitividad que el Gobierno Regional presente un programa basado
en una visión en la cual las medidas que justamente él puede tomar
se consideren importantes.
En Piura podemos contar con los recientes aportes del Centro Regional de Estudios
Económicos constituido a iniciativa de la CAMCO y del Colegio de Economistas.
Por otra parte, el proyecto “Competitividad Regional, Liderazgo e Información”
(Interregiones Perú), promovido por el Cipca y auspiciado por la Fundación
Avina (Suiza), en marcha tiene experiencias que aportar en el proceso actual,
no sólo en el ámbito de Piura sino de varias regiones. En este
sentido, podemos mencionar que tan solo lograr un concepto concertado de competitividad
regional tomó varios talleres interregionales. Asimismo, la construcción
de un indicador de competitividad regional es una tarea que se encuentra en
proceso.
Es el contexto en que varios de los participantes en el primer taller convocado
por la Gerencia de Promoción de Inversiones cuestionaron la vigencia
del marco teórico en uso y la no inclusión de algunos sectores
en el documento base presentado, llevándolos a realizar un llamado al
Gobierno Regional, y a los representantes de las instituciones que se encuentran
involucradas en el proceso, a elaborar un estudio más exhaustivo del
tema, adoptando para tal efecto una metodología adecuada. Quizás
la premura se deba básicamente a la proximidad de las fechas límite
dadas por el Gobierno Central; si es así, los Gobiernos Regionales deben
hacer ver la necesidad de plazos más extensos a cambio de programas más
efectivos.
Rosa Lyn Joy Way
