El rol de la sociedad en el camino hacia la competitividad

Para entender el papel que juega la sociedad en su conjunto en la construcción de la competitividad como herramienta para el desarrollo de la región, es conveniente empezar por revisar la evolución del concepto de competitividad. Las primeras teorías de competitividad se enfocaron en el nivel empresarial, es decir, en optimizar las condiciones de las empresas para producir a menor costo y con mejor calidad que sus competidores mediante la mejora tecnológica, tanto en la producción como en la administración. Surgen nuevos enfoques como el “Just in Time”, la cadena de valor, la reingeniería y calidad total. Más adelante, se vería que las empresas no son islas sino que se encuentran interconectadas y, además, dependen en gran medida del contexto en el que se mueven.

Consecuencia de ello, surgen modelos más amplios de competitividad nacional y regional. Este complejo modelo de organización, que combina la competencia con la cooperación a nivel microeconómico, se ve apoyado por un amplio diálogo social. Ahora sabemos que hacer más competitivas a las empresas de nuestra región no es una tarea de las empresas, ni del estado, sino de toda la sociedad civil.

El empresariado debe ser capaz de asociarse en gremios representativos, con dos objetivos principales: lograr un esquema de cooperación para brindar apoyo técnico a sus asociados y elevar sus pedidos a las autoridades de forma organizada. Las comunidades y organizaciones de base deben difundir entre la población valores culturales orientados al desarrollo. Los jóvenes, a su vez, deben solicitar a las autoridades que la educación que reciban sea no sólo de calidad, sino enfocada a la producción y al desarrollo, de modo que puedan ser acogidos por el sector empresarial al graduarse. Al mismo tiempo, los gobernantes deben crear condiciones básicas para el desarrollo empresarial, mediante la regulación de mercados, instrumentos financieros para las actividades que generalmente no reciben financiamiento tales como la pequeña agricultura y las PYMES, así como la provisión de bienes y servicios en los que el sector privado no es muy fuerte (investigación, capacitación, infraestructura de uso público, etc.). Y así sucesivamente, existe un rol para cada actor.

De esta manera, estado y sociedad civil van configurando una localización industrial diferente, que ofrece nuevas y diferentes oportunidades a los inversionistas locales y foráneos. No obstante, la tarea pendiente para lograr que la región Piura atraiga a la inversión y brinde condiciones favorables para la competitividad a las empresas existentes y a aquéllas por venir, no es una fácil. Será necesario un consenso básico sobre la necesidad de desarrollo, así como una visión y estrategia formulada de manera conjunta por representantes de todos los sectores.

El Gobierno Regional ha empezado ya esta tarea, en el marco de la elaboración del Programa Regional de Competitividad. Se ha formado un grupo impulsor conformado por representantes de la Gerencia de Promoción de Inversiones y de distintas instituciones como el CIPCA, CREE, UNP, UDEP, entre otras, el cual se viene reuniendo para organizar un proceso participativo de elaboración de dicho programa. El siguiente paso será convocar a representantes de todos los sectores (empresas, universidades, institutos, ONGs, autoridades sectoriales, etc.) a una serie de talleres para elaborar el programa que será presentado al Consejo Nacional de Descentralización. En el alcance de dicha convocatoria radicará, en gran medida, el éxito o fracaso del proceso, ya que, de no verse representado uno u otro sector, difícilmente se logrará un programa concertado que refleje las necesidades e intereses de toda la región. Esperemos, entonces, por el bienestar de la región, que todos los sectores acepten este desafío.

Rosa Lyn Joy Way

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