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| HISTORIA
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Pintores
y Poetas
a)
José Sabogal Dieguez (Autobiografía)
Nací en Cajabamba, ciudad de provincia en el departamento de Cajamarca.
A los nueve años intenté una escapada hacia la costa. En
el camino frustraron la aventura, amistades de mis padres. A los doce
años conocí el mar; una beca me llevó a un colegio
trujillano. pero a los pocos meses fugué del internado y en cinco
días de marcha a pie volví a mi pueblo. A los dieciseis
años salí para correr mundo. En el valle de Chicama quemé
mi adolescencia en aras de mi ilusión de viajar a Europa. A los
veinte años me embarqué para Lima y algunos días
después por la ruta de Panamá me dirigí a Italia.
En Roma inicié mis estudios para pintor con apasionada voluntad,
como vengando mis años de la adolescencia. Mi permanencia en esa
ciudad, sumergido en su poderoso ambiente de arte y luchando por el estudio
y por el sustento, fue etapa intensa, inquietante y básica en mi
formación estética. En Italia viajé por sus bellas
ciudades y pueblos. Viajé por Francia y por las costas africanas,
Argelia y Marruecos. Entré a España y recorrí muchas
penínsulas con la rara sensación de ser o no ser así
como hijo pródigo de la bravía tierra española. Dejé
Europa en aventura de buque velero radiqué en Buenos Aires; reanudé
estudios y corrí grata y fecunda bohemia con inolvidables camaradas
de arte. En los Andes argentinos del Norte hice provechosa tarea de paisaje
y de figura, con los autóctonos, como interesante motivo. Volvía
a Buenos Aires con fines de retorno a Europa, pero la belleza inédita
de los Andes americanos tuvo en mí fuerte atracción y planeé
viajar a Cusco. Realicé un viaje inolvidable por la magia arcaica
que la ruta del Altiplano, el Titicaca y el sagrado río Vilcamayo
operaron en mi sensibilidad. En Cusco me detuve seis meses sólo
dedicado a pintar tratando de interpretar su carácter, su bella
luz plateada y sus dorados "soles de los gentiles". Esta tierra
cusqueña tuvo fuerte embrujo en el desarrollo de mi posterior obra
en el Perú. De Cusco me dirigí a Lima por la ruta del ferrocarril
y el mar, y otra vez yo iba recogiendo con unción las bellas estampas
de la variada efigie peruana, estampas directas y sentidas que ha formado
en mí la devoción estética por mi país. Expuse
mis telas pintadas en Cusco, el 15 de Julio de 1919, aprovechando un remanso
de la borrasca política de esa hora. Cayó esta muestra como
si fueran motivos de exótico país; el medio limeño
aún permanecía entre los restos de sus murallas virreinales,
con mas conocimiento de mar afuera que de mar adentro. En la opinión
pública se suscitó acalorada controversia. Esta actitud
que levantara mi muestra, fue para mí muy grata, pues no hubo ante
ella actitud de indiferencia. Mi primera presentación en Lima,
a mi vuelta del exterior con pinturas pintadas en Cusco fue la iniciación
del movimiento de nuestro "redescubrimiento", tocándome
a mí ser el portaestandarte y "cabeza de turco" para
la diatriba. A base de esta exhibición vino mas tarde el grupo
de pintores motejados de "indigenistas" por la razón
de buscar la expresión étnica de nuestro país. Viajé
a México en la hora inicial del poderoso (Movimiento artístico
que hizo el milagro de colocar al país azteca en la carta geográfica
del arte universal. Volví con mayores ímpetus para continuar
mi peregrinación de pintor por el territorio peruano. Nuestros
viajes aún continúan, los pintores "indigenistas"
siguen en este plan y hace ya algunos años que, también
en el Perú se ha logrado alguna representación en el mundo
de las artes, por el esfuerzo, ideales y calidad del grupo. Fui invitado
a Estados Unidos en 1942; después me dirigí a México
y me acogieron en lo oficial como huésped del gobierno y en lo
particular, en el campo de los artistas, con el encanto de una acogida
fraterna. De regreso en 1943 reanudé mis funciones de Director
de la Escuela Nacional de Bellas Artes, pero en Julio del mismo año
urgido por mis inquietudes de pintar opté por mis propias tareas.
En 1946 acepté el simpático requerimiento del Museo de la
Cultura Peruana para formar el Instituto de Arte Peruano. Los seis pintores
"Indigenistas" que lo formamos investigamos en las Artes Peruanas
de todos los tiempos y ya hemos logrado formar del periodo moderno el
Museo de las Artes Populares. José Sabogal- Publicado en PRO-ARTE,
Santiago de Chile - Enero de 1957. El 15 de diciembre de 1956, falleció
José Sabogal luego de dos dias de crisis. En su caballete quedó,
sin terminar, el retrato de una amiga.
Pinturas:
- "Huanta", "Plaza de Huanta", "La Esmeralda
de los Andes", "Plaza Serrana", "Caballo Nacional
o Caballo de Paso", "Mujer en el Desierto" (Sechura), "Manta
Limeña" y "Mujeres del Ucayali".
b) Alfonso
Sánchez (Camilo Blas)
Nació en Cajamarca. Hizo sus primeros estudios en el Colegio Nacional
"San Ramón" de esta ciudad. Ingresó, luego, a
la Universidad de Trujillo, donde obtuvo el título de abogado,
pero su destino estaba trazado; su vocación por la pintura era
más fuerte que su entusiasmo por las leyes y abandonó la
carrera para dedicarse de lleno al arte en el que iba a lograr, más
tarde, elogiosos comentarios merced a sus estilo revolucionario y de carácter
netamente peruanista. Ya en 1933 es profesor de la Escuela Nacional de
Bellas Artes, donde dicta los cursos de dibujo y pintura y comienza a
descollar por su sentido indigenista, ya que, junto con Sabogal y otros,
entronizan en nuestro medio esta escuela llamada a tener marcada preponderancia
en nuestro país.
Distinguidos
y eruditos expertos y especialistas en pintura han opinado sobre su obra
y su personalidad, expresada firmemente en los rasgos claros y precisos
de sus cuadros que revelan los valores típicos de la peruanidad,
como él mismo dice, tratando de mostrar al Perú en su forma
integral y no solamente en algunos de sus aspectos. Miss Grace S. Mc.
Cann Morley, Directora del San Francisco Museum of Art, elogia la originalidad
de la obra de Blas y su manera de enfocar al indígena actual manifestando
que es el que mejor lo comprende; Ciro Alegría, novelista de nota,
coincide en expresar que Blas tiene una regia personalidad, siendo exponente
de su pueblo y eminentemente peruano; el conocido escritor norteamericano
Carleton Velas define así a Blas: "En general es más
refinado que Sabogal. Sus cuadros son crueles, irónicos, no trágicos.
Sus tipos locales son chocareros, festivos, fieles, con sus amplios vientres".
José Sabogal, tiene una opinión de las que la reseña
de esta manera: "Camilo Blas es el Pancho Fierro de la Sierra, pero
le lleva ventaja a este agudo criollo en que no es indolente. Artista
que goza y sí divierte con sus tipos y esa vida sencilla, jocunda
y cazurra la trasmite cada día con más intensidad".
René Huygues, enterado crítico francés y Conservador
del Museo del Louvre habla de blas como "una sutil ironía
en la interpretación del hombre y paisajes a la manera de Bruegel"
y el germano Von Martin Elsner manifiesta "no ocultaré que
mis preferencias se vuelvan hacia la obra del joven maestro de la Escuela
Nacional de Bellas Artes de Lima, Camilo Blas, por la solidez de su observación,
tanto de tipos como de paisajes que lo emparentan con el viejo maestro
Bruegel". Por último Felipe Cossío del Pomar también
se expresa en forma elogiosa de Blas: "En el Perú , como ya
lo he dicho muchas veces, solo un artista merece mi más respetuosa
consideración: Camilo Blas".
c) Mario
Arteaga
Nació el año de 1875 en la ciudad de Cajamarca. Como el
mismo lo manifestara no llegó a tener un maestro que lo guiara
y encauzara en el ejercicio del dibujo y de la pintura. Estas palabras
retratan claramente la vigorosa personalidad y el indesmayable afán
de superación que se revelan, nítidamente, a través
de sus cuadros. Su primera exposición la realiza cuando frisaba
los 59 años de edad, en 1934. Sus obras merecieron el encendido
elogio de críticos que apreciaron en todo su contenido la calidad
de la producción de Urteaga. Pero esa decisión de vencer,
de triunfar no sólo se reduce a prestigiarse ante sus compatriotas,
sino que se decide a mostrar su valía en el extranjero y, en Chile:
a los 62 años, obtiene un primer premio y un diploma de honor.
Sigue su peregrinaje artístico y Méjico, Venezuela y Panamá
lo reciben para consagrarlo. Aparece, luego, en París, y ahí,
en la capital mundial de las letras y las artes, se impone a la crítica.
Mario Urteaga ha reclamado para sí el laurel del triunfo a una
edad en la que la mayoría de los hombres se retiran a descansar
después de que han cumplido su misión en esta vida.
d) Juan
Villanueva Rodríguez (Autobiografía)
Cajamarca, Julio de 1940. De cómo y por qué usé el
seudónimo Bagate. Todas mis obras llevan el seudónimo BAGATE.
Ahora creo necesario que mis descendientes sepan porque firmé así.
Es una pequeña historia familiar, como tantas en el decurso de
la vida. Al narrarle dejo de mencionar los nombres de los personajes por
obvias razones, pero Dios saben que existieron. A mis odos llegó
una versión por relato de mi padre Don Juan Belisario Villanueva
Soto, hace muchos años. Mis ancestros provienen de las cálidas
tierras de Piura. Dícese que el padre de mi abuelo fue un hombre
con muchas posibilidades económicas y dueño de vastas tierras.
Casó con gentil dama a la que quiso mucho. Desgraciadamente el
matrimonio no tuvo hijos, cosa que apenó profundamente a la pareja.
Pero después de muchos años él conoce a una mujer
hermosa con la cual se nutre un idilio del cual nace un vástago,
que habría que dar mucho que hablar por su fama como orfebre no
sólo en Cajamarca sino también afuera. Muere su idolatrada
madre, y en ese trance queda huérfano. El padre convence a su esposa
para criar a ese desvalido y logra su anhelo, pues conocida su historia
queda integrado al seno familiar con mucho amor y cariño. Desgraciadamente
la esposa del padre de mi abuelo enferma del pulmón, y se le recomienda
que viaje a la sierra, fijando su residencia en el Distrito de San Pablo,
a la sazón la Jauja del Norte. En este terruño se cria mi
abuelo en medio del calor y cuidados de su madre adoptiva, quien para
cuyo efecto contrata a un indiecito del lugar para que juegue y vigile
las travesuras del pequeño. Ciertamente era callejero y cuando
se escapaba de casa, su madre de crianza llamaba a gritos al cuidadero
y le decía " anda a ver a ese badulaque y tráelo acá".
El celoso encargado salía prestamente y al poco regresaba con su
detenido y a grandes voces decía "señora acá
está el bagate". Está de más decir que era corregido
inmediatamente, y el guardían ofrecía rectificarse, pero
desgraciadamente no lo hacía, pués siempre al referirse
al menor le llamaba bagate, en vez de badulaque. Por supuesto que sus
amiguitos del barrio escuchaban que el guardían le decía
bagate y ellos también ya no llamaban por su nombre, sino Bagate.
Así pues fue creciendo y llevando el apelativo bagate. Llegan a
Cajamarca, y el mozo comienza a destacar en joyería, orfebrería
en oro y plata. Su prestigio y honradez hacen eco y por cuya razón
es contratado para hacer las custodias de las Catedrales de Cajamarca,
Trujillo y Piura. Ya nadie conocía a tan prestigiado joyero por
su apellido o su nombre, sino se le decía el Maestro Bagate. Muere
y mi padre hereda no sólo el oficio sino la fama y el prestigio
a la par que el apelativo Bagate. En adelante ya nadie nos llamaban por
nuestro apellido materno o paterno, sino los Bagates. Cuando yo sentí
la necesidad de pintar tuve que escoger un seudónimo y lógicamente
tuve que poner en mis obras Bagate. Ahora me siento feliz de ésta
muy pequeña secuela de historia, y mucho más, cuando compruebo
que a mis propios hijos les llaman Bagates.
Algunas
de mis obras: "Para el Camino" (1930), "El Quispe"
(1930), "Las Comadres" (1929), "La Chamiza" (Anterior
a 1931), "Gesto de Raza" (Anterior a 1931), "La Gargantilla"
(Anterior a 1931), "Día de Difuntos" (1929) y "La
Pascana" (1931).
e) Mario
Florian
Nació el 13 de junio de 1917, en Nashá, caserío del
distrito de Contumazá Prov. De Cajamarca. Escritor y poeta de la
nueva generación. En el concurso Nacional de Fomento a la Cultura
Peruana, realizado el año 1944, Mario Florián triunfa y
obtiene el premio "José Santos Chocano" , con su aporte
de libros de versos intitulados "Urpi", cuya publicación
corrió a cargo del Ministerio de Educación Pública.
Mario Florián es autor de los siguientes libros: "Alma",
"Brevedad de Lágrimas", "Tono de Fauna" y "Noval",
"Un Icono Mural", 1951, "El Juglar Andinista", 1951.
f) Amalia
Puga de Lozada
Amalia Puga de Lozada, glorificada en vida - caso único en la historia
literaria de América - con una estatua que levanta dignificadora
apostura en una de las plazas de la poética ciudad de su nacimiento,
Cajamarca. Hija de una familia distinguida con raigambre peninsular, fue
su padre un político de limpios antecedentes y de vida ejemplar,
don José Mercedes Puga. Y fue su madre una noble mujer de la misma
prosapia esclarecida y de corazón generoso, doña Carolina
Puga de Puga. Su educación, en el romántico teatro de su
infancia, fue caracterizada por una vocación literaria precoz,
que se alimentó en la lectura de selectos libros de la biblioteca
familiar. A los once años ya había publicado algunos cuentos
y se había impuesto al ambiente y a la consideración de
los hombres de letras como una promesa que pronto debía tornarse
realidad, gracias a una "inspiración rica y lozana, a un sanísimo
y elevado criterio, así en el orden moral como en el artístico,
buen gusto, discreción, elegancia y pulcritud de estilo y destreza
en el manejo del idioma", según la atinada expresión
de uno de sus panegiristas. Muy joven viajó a Lima y desde 1891
comenzó a publicar interesantes producciones en "El Perú
Ilustrado", que era el órgano ilustrado intelectual más
prestigioso del Perú. Sus versos y artículos concitaron
la atención y la consagraron como un alto valor de las letras que
poco tardó en manifestarse en plenitud de originalidad y talento
en su obra "Ensayos Literarios", publicada en 1893, y con su
poema "El Descubrimiento", que mereció una medalla de
la Municipalidad Metropolitana con motivo de la celebración del
IV Centenario del descubrimiento de América, realizado con gran
pompa y solemnidad en todo el país. Y la prematura consagración
no se limitó al estrecho ambiente de la patria. Traspuso las fronteras
y obtuvo iguales éxitos en el extranjero, repercutiendo en su brillante
existencia de mujer bella e inteligente, gracias a sus producciones, que
merecieron el doble honor de traducción y la reproducción
en los Estados Unidos, principalmente en la "Revista Ilustrada",
que en Nueva York dirigía con especial criterio y dedicación,
el caballero panameño don Cristóbal de Losada, descendiente
de nobles familias de España y Francia. Una vez que contrae matrimonio,
a los dos meses, la señora Puga de Lozada, acompañada de
su esposo, visitó los Estados Unidos y se perfeccionó en
el dominio del inglés aprovechando esa conquista en conocer los
clásicos ingleses y norteamericanos, en adentrarse en la cultura
sajona con visitas a museos, bibliotecas y centros culturales y en adquirir
un nuevo florecimiento de su consagración en brillantes artículos
publicados en diarios y revistas de la Gran Democracia del Norte. La muerte
de su esposo la acongojó tanto cuando el porvenir se abría
en el horizonte resplandeciente y lleno de promesas para el destino de
hogar, la tremenda agonía espiritual que la joven viuda experimentó
por la partida del amado.
Amalia Puga
de Lozada se encarga de darnos una idea de ese estado anímico en
su soneto "Plegaría", que es como una esperanza en la
noche de su vida. Bajo estos distintos aspectos admiramos a Amalia Puga
en: "Pampas del Sacramento", "La Balada 35", "La
Puguita", "Bucólica", "Resurrectio". "Mi
ambición", "Refrigerio", "A mi hijo en la infancia",
"Abuelita", "Mi plegadera", "Maizales",
"Peseta Columnaria", "Los Libros", "Viñeta"
y "A una Lámina".
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