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MINERIA
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El Oro Negro: El
Petroleo
El
norte del Perú, en especial la franja litoral de los departamentos de Piura
y Tumbes, es muy rico en depósitos terciarios donde durante millones de años
se fuera acumulando el petróleo[i].
En el Perú, desde siempre los nativos habían usado el "copeé" y
durante la colonia, la brea que afloraba en los pozos de la hacienda Máncora
había sido utilizada para calafatear barcos y botellas.
Sin embargo, sería recién en la segunda mitad del XIX cuando se
redescubriera la naturaleza combustible del petróleo y se comenzara a
industrializarlo en velocidad creciente, primero como aceite y luego como
crudo de petróleo con un número de derivados.
Desde
1860 comienza a crecer el interés por la producción petrolera no en vano
en Zorritos se perforaría el primer pozo petrólero en Suramérica (Petersen,
[1181]; [1182]). Don José de Lamas sería el último en explotar las Breas
de Amotape[ii]
y el primero en dedicarse a la extracción de petróleo.
Veintiséis pozos pasarían a su viuda, quien en 1858 uniría la
propiedad con la hacienda Pariñas, heredada de su madre doña Luisa Godos.
Con límites y linderos muy poco precisos tal como era la costumbre
durante la colonia, la ahora hacienda "Brea y Pariñas" es
heredada por Juan de Helguero; uno de cuyos hijos, Genaro Helguero logrará
adquirir las partes de sus hermanos y coherederos (Quimper, [1144]).
A
partir de él, comenzará la "cuestión de la Brea y Pariñas",
problema que irá creciendo en virulencia conforme transcurriese el tiempo.
Pero en esta época, Helguero logra la propiedad del terreno
superficial y del subsuelo, yendo en contra de las Ordenanzas de Minería de
la Nueva España, código de minas aceptado y vigente a la fecha por el
gobierno del Perú; para 1887, la Brea y Pariñas había sido escrita a su
favor, fuera de la ley de minas y con la contribución correspondiente a
tres pertenencias. Pero más importante fue que luego como representante de
Piura en el Congreso, Helguero lograra monopolizar la actividad, evitando
cualquier otro denuncio u explotación petrolera: su propiedad ya alcanzaba
allí las diez pertenencias, 1300 kms2.
En
1890, hará su aparición la London & Pacific Petroleum Co. que a través
de H.C Tweddle, adquirirá la "Brea y Pariñas".
Nombrado gerente vitalicio, sus vinculaciones con la compañía
inglesa serán a través de una sociedad con Henry Keswick y, al parecer, un
mal planteado contrato. La
pugna entre Tweddle y su hijo con esta firma inglesa y su nuevo gerente en
el Perú, W. Manners ([1142], [1143]) será el signo del creciente
interés por el control de la producción petrolera.
Pero junto a la London aparecerán un número de compañías a la búsqueda
de petróleo en el litoral del extremo norte: en 1895 se iniciaría en
Sechura la exploración de hidrocarburos (Petersen, [1178]).
Por esos años en Tumbes, la firma Comercial Industrial Faustino G.
Piaggio había dado pie a la creación de la Kello Co., adquirida en 1919
por el gobierno del Perú y convertida en la "Empresa Petrolera
Fiscal". En
Zorritos, The Heat Petroleum Co. (1891),
establecida por Francisco Miranda, se dedicaría a la prospección de la
Quebrada del mismo nombre y pasaría luego a convertirse en la Compagnie
Française des Petroles de l'Amérique du Sud bajo la dirección del
ingeniero francés De Clercy (Quiroga, [1185]). En Lobitos,
The Peruvian Petroleum Sindicate (1901), luego en la Lobito Oil
Fileds Limited (1908) terminaría convertida en la Companía Petrolera
Lobitos (1926) (Aldana, [1193]).
Entre 1924 y 1928 se preforarían 11 pozos en los alrededores de Bayóvar
y tres en la localidad de Tamarindo. Para 1929 se habían realizado 3,730
perforaciones de los cuales se lograron 2,195 pozos.
Sin embargo, fallidos muchos de los intentos de explotación
petrolera, estos pozos serían abandonados y recién volverían a ser
retomados los estudios y las prospecciones en la década de 1950.
Pero
el momento en que el problema del petróleo se convierte en un asunto de
soberanía nacional es 1911, cuando el gobierno peruano ordena la remensura
del área bajo control de la London & Pacific Petroleum Co. a lo cual se
niega el dueño y gerente, Henry Keswick.
Problema que inicialmente se trató de solucionarlo por la vía
privada pero que a partir de 1915 tomó estado parlamentario cuando se trató
de llevar a cabo un proyecto de "ley de transacción".
Posiciones a favor, posiciones en contra, en el Senado se presentó
un proyecto substitutorio apoyado por Osores y Villarán
([1146]), que contenía entre otras cosas, modificaciones tributarias y que
fuera rechazado en Diputados. Finalmente,
como el nuevo proyecto de ley de transacción tampoco fue aceptado, esta vez
por la London, se dio pase al poder ejecutivo para someter el asunto al
fallo de un tribunal internacional. Será
Manuel Quimper ([1144]) quien en 1916, y mediante una serie de artículos
periodísticos perfile los puntos básicos de discusión y de reinvindicación
nacional. No obstante, "la
ley No. 3016 colocó el problema de la Brea y Pariñas dentro del área del
Derecho internacional, dando origen al Laudo Arbitral del 24 de abril de
1922" ([s.a.], [1146]).
Con
el ascenso de Leguía al poder y la inauguración de su oncenio, se dio
amplia cabida al capital norteamericano.
La International Petroleum Co. reemplazó a la compañía inglesa en
la explotación de los petróleos norteños en 1921, recibiendo 41,614
pertenencias marcadas oficialmente a favor de la London, con firma de los
ingeniero Jochamovitz y Boza. El
tipo de explotación petrolera desarrollada por la IPC y la economía de
enclave significó una creciente presión social para la población
regional, lo que unido al momento histórico mundial y nacional de luchas
por reinvindicaciones laborales, causó una agresiva aunque desorganizada
respuesta de los trabajadores. Sucesivas
huelgas y las consecuentes represiones de la policía y de la compañía
petrolera, fueron elevando el nivel de violencia.
La caída de Leguía se conjuga con la gran huelga petrolera de 1931,
en la que por primera vez se cuenta con el asesoramiento político de
partidos de reciente data, el Apra y sobre todo el partido socialista bajo
la dirección de Luciano Castillo y el activismo de Sinforoso Benítez[iii].
A
partir de 1945 se sindicalizan los trabajadores y se inicia una nueva etapa
bajo el gobierno de Bustamante, en momentos en que el Apra se expande por el
norte y el partido socialista trata de consolidarse en la misma zona: la
problemática obrera girará en torno a la pugna de los dos partidos por
colocarlos bajo su influencia (Dávila, [1196]).
Pero la cuestión de la Brea y Pariñas volverá a ponerse sobre el
tapete hacia 1960, cuando se exiga el pago del canon y de impuestos
atrasados, a la vez que cae la capacidad de cumplir con la creciente demanda
interna de combustible. Mientras
que en los años '30 se exportaba por Talara más del 80% de la producción,
en 1961, esta zona se vió obligada a convertirse en importadora de petróleo[iv].
Se
cuestionan, cada vez con mayor violencia, los derechos de la IPC a la
explotación de una riqueza del país: la soberanía nacional queda más que
nunca en entredicho. En síntesis, la posición nacionalista se podría
resumir en lo que planteara el Frente Nacional de Defensa del Petróleo (FNDP,
[1152]): la IPC no puede alegar derechos a la explotación del subsuelo
porque éste pertenece al Estado y es inalienable e imprescriptible; si la
compañía americana hubiera adquirido las Minas de Amotape, en el momento
ya las había perdido, tanto por la falta de revalidación de los títulos
(de los que, por otro lado, carecía) y principalmente por la falta de pago
del impuesto del canon y la debida multa.
Por otro lado, el Laudo Arbitral de 1922 no tuvo nunca sustento real
pues toda decisión sobre cualquier recurso, tierras, personas, empresas de
y en el territorio nacional le compete a los poderes del Estado y no a la
comunidad internacional. El ámbito
jurídico y la legislación tributaria que debía respetar y cumplir la IPC
era la del Estado peruano; no
había posibilidad de llegar a una transacción o de adaptarse a un nuevo régimen
substitutorio. No faltó sin
embargo, alguna voz contraria a esta oposición, que reclama una mayor
objetividad y señala una cierta pertinencia de la posición jurídica de la
IPC. En la misma época, Echecopar ([1150]) señalaba que fue el
estado peruano el que en 1920 estableció el convenio en el marco del
derecho internacional y que, lesivo o no a los intereses del país, debía
ser aceptado y respetado por los gobiernos posteriores.
Al mismo tiempo, resaltaba el hecho que por su naturaleza, toda
"explotación" minera está siempre referida al subsuelo y que eso
no cuestiona de por sí la soberanía nacional.
El
asunto de la Brea y Pariñas, convertido ahora en el problema de la IPC y el
enclave petrolero de Talara, se convertiría en un callejón sin salida.
La creciente violencia política que generara a nivel local (huelgas)
y nacional (virulentos debates parlamentarios) terminaría con la toma de
este puerto por el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, gobierno
de facto.
Con
la intervención militar de la IPC en Talara en 1968, la creación de
Petroperú y la construcción del oleoducto que enlaza Puerto Bayóvar y los
pozos de la selva abastecedores con más de la mitad de la producción
nacional, se cancela una etapa histórica en la que la cuestión del petróleo
giraba en torno a los recursos regionales y la soberanía nacional sobre el
subsuelo talareño. En adelante el objeto de la reflexión será más las
idas y venidas de la política nacional[v].
En los años '90, la privatización estará a la orden del día y será
motivo de un arduo debate, todavía periodístico. Veinticinco años después
de la creación de Petroperú, la Ley orgánica de Hidrocarburos 26221 del
18 de noviembre de 1993, crea el nuevo ente estatal Perupetro encargado de
la supervisión de los contratos petroleros, mientras que la empresa
Petroperú se constituye en un simple contratista en competencia con otra
compañías petroleras (Petroperú, [1198]). Muchos problemas deben
ser enfrentados: revertir la tendencia declinante de las reservas de petróleo
del país, reducir el déficit de la balanza comercial de derivados de
hidrocaburos y finalmente crear un mercado para el uso del gas de Camisea.
En
lo inmediato, la oposición de los pueblos de la región y de sus municipios
a la eliminación del canon[vi]
como consecuencia de la privatización y la amplitud de su movilización en
1994 obligó al CCD a modificar de inmediato lo dispuesto por la Nueva
Constitución aprobada en diciembre de 1993.
Notas.-
[i].Ver
"Los terrenos de la Geología".
[ii].Sobre
la explotación de las breas de Amotape a fines del siglo XVIII ver el
trabajo de Macera ([0517]) en "La transformación de la comunidad
histórica"
[iii].Ver
los trabajos en torno a estos personajes que se encuentran en el capítulo
"Personajes notables" (Referencias [2143] a [2145]).
[iv].La
situación se revirtió cuando la Belco Co. instaló plataformas marinas
en el Zócalo Continental y se inició la exploración petrolífera en
la selva. Ver Bernex; Revesz.- Atlas Regional de Piura [0001],
p.106-107 en "Atlas, bibliografías y diccionarios".
[v].Sobre
la evolución de la cuestión del petróleo en los '70, ver Humberto
Campodónico.- La política petrolera 1970-1985.
El
Estado, las contratistas y PetroPerú.- Lima, Desco, 1986,
356 p.
[vi].Sobre
la importancia del canon regional, ver los informes de Bolo
([1354]), CEDIR-CIPCA ([1356]) y Fenpetrol ([1360]).
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