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Minerales y Minería

En comparación con otras áreas del país, la explotación minera en la región de Piura y Tumbes ha tenido un papel secundario hasta este siglo en el que el petróleo, materia del capítulo anterior, ha llevado a este sector extractivo a ocupar el primer rango en el PBI regional[i].

Durante la época colonial y la temprana republicana, el interés estuvo centrado en la explotación del oro y principalmente de la plata, minerales que en muy pocas cantidades se encuentra en la zona.  Recién desde la segunda mitad del siglo XIX, como lo manifiesta el informe de Duval y Quartel ([1209]), y sobre todo en este siglo, con el progresivo adelanto tecnológico y el creciente requerimiento de otros productos minerales, se ha comenzado a centrar la atención en las posibilidades mineras del extremo norte.

La búsqueda de petróleo sobre todo, ha sido el impulso fundamental para el estudio de los recursos mineros.  Sin embargo, las primeras prospecciones de esta actividad en la región fueron hacia mediados del siglo XIX y tuvieron como objetivo el rastreo de los yacimientos de carbón de piedra; recordemos la presencia de Antonio Raimondi cuando como miembro de la Comisión Carbonera del Norte (1858) recorriera el litoral situado inmediatamente al sur de Paita[ii] a la búsqueda de estos yacimientos.  Pero aunque la "lignita" abunda en la región, la inversión tecnológica necesaria no se justifica por el nivel de rentabilidad esperado. Situación semejante para con el caso de la explotación de oro aluvial en el río Tumbes.  Al contrario, la sal, el yeso y el azufre son recursos de explotación sostenida y de uso local y regional desde tiempos muy antiguos[iii].  De acuerdo a Klinge ([1219]) las expectativas sobre la explotación de este último mineral, el azufre, motivaron a principios de siglo la construcción del ferrocaril de Reventazón, cerca de Bayóvar.

Un importante potencial minero para la región y el país está ubicado en el desierto de Sechura que contiene grandes yacimientos de minerales no metálicos y cuya explotación permitiría crear un centro productor minero-industrial de gran importancia económica.  Sobre todo los fosfatos de Bayóvar, descubiertos en 1958 por George L.Nicol, un geólogo griego-norteamericano -un siglo después de realizada la prospección de Raimondi- son como lo acota Pineda ([1206]), "las reservas más grandes y de mejor calidad en Sudamérica: alrededor de 500 millones de toneladas de reservas probadas y 10 mil millones de toneladas de reservas probables".  Además de los fosfatos -cuya fuente serían los depósitos miocénicos de plancton-, estos yacimientos contienen también potasio y nitrógeno; se encuentran así en Sechura, los tres principales nutrientes agrícolas que podrían ser utilizados para la produccción de fertilizantes compuestos de cualquier diseño.  Muy rápidamente como informa Schwalb ([1207]), se multiplicaron los intentos para explotar estos yacimientos, primero como inversión de "Minerales Industriales del Perú" (con capitales norteamericanos y canadienses), convertida en "Midepsa Industries Ltd".  Esta empresa se asoció con Allen D.Christensen, uno de los dueños de la Marcona Mining Co., constituyéndose en la Empresa Minera Bayóvar SA.

Posteriormente en 1967, la necesidad de financiación motivó la participación del grupo norteamericano, Kaiser Aluminium Co., proyectándose una producción anual de dos millones de toneladas con una inversión inicial de USD 120 millones.  Sin embargo, el Gobierno Militar no estableció las condiciones jurídicas adecuadas, frustrándose este proyecto.  La riqueza de los recursos del desierto de Sechura indujo a la Empresa Pública Minero Perú, beneficiada con los derechos mineros transferidos, a planificar la construcción del Complejo Bayóvar, un enorme complejo petroquímico en el que junto con la planta procesadora de los fosfatos, se levantarían plantas procesadoras de fertilizantes integrados, así como de lubricantes y parafinas; nada de eso llegó a concretarse[iv]. Ultimamente, 1993, la Empresa Minera Regional Grau Bayóvar, creada por el gobierno regional, ha logrado hacer funcionar a plena capacidad (cien mil toneladas) la pequeña planta piloto cuya producción está en parte dirigida al mercado interno y en parte a la exportación hacia la Cuenca del Pacífico.  No obstante, un conjunto de factores afectan la rentabilidad de la explotación tales como la ausencia de un muelle o la falta de energía eléctrica.

El yacimiento de hierro de Tambogrande es otro recurso minero de gran importancia en la región. Aquí también fue Raimondi el primero en dar las noticias sobre este depósito minero, aunque parece que era conocido desde tiempo atrás.  Sin embargo, tan sólo hacia la segunda mitad de nuestro siglo, se han comenzado a hacer algunos pocos reconocimientos y estudios más consistentes sobre este yacimiento.  El estudio de Injoque, de Miranda y de Dunin-Borkowski ([1211]) señala simultáneamente su origen vulcanogénico y la presencia de fósiles marinos que probarían que los materiales de las rocas se depositaron como sedimentos.  Aunque no se ha determinado la edad de estos fósiles parece que Tambogrande "se formó, en una ventana exhalativa durante las etapas finales del vulcanismo mesozoico eugeosinclinal andino, muy abundante en esta zona".  El problema principal para la explotación de este yacimiento, evaluado por Venturo ([1213]) en más de un millón de toneladas métricas, es que el pueblo de Tambogrande está asentado sobre él: el mineral es visible desde cualquier punto del mismo; aparece desde el cerro a la entrada y cruza el pueblo hasta el río Piura.

Los estudios sobre la minería y los recursos mineros de la región no son numerosos, están dispersos y por lo general, poco actualizados.  Por otra parte, la mayoría se concentran en la costa, no sólo por el impulso dado por los estudios geológicos orientados a la prospección petrolera sino también por las dificultades particulares que representan la gruesa cobertura vegetal en la sierra piurana.  Por fin, se puede señalar la confrontación de saberes pluridisciplinarios sobre la cuestión de Bayóvar en un seminario de reciente publicación (Cipca y EMRB, [1200]), fruto de los nacientes intentos de concertación vinculados a la regionalización.


[i].Ver la introducción de "Oro negro: el petróleo"  

[ii].Esta visita recién fue publicada en 1913 y corresponde al capítulo 8 (Mina de carbón al sur de Payta, pp.56-61) de los "Itinerarios geológicos" de su obra El Perú ([0324]). Mayor información sobre este sabio italiano y su obra en "Viajeros y Visitantes".

[iii].Algunas precisiones sobre la distribución regional de recursos mineros se encuentran en el Diagnóstico de la región Piura-Tumbes ([1371], v.2: 274-300)

[iv].En cuanto a estos proyectos de inversión en los '70, ver la parte sobre el Complejo Bayóvar (pp. 47-63) de CODREPT.- Efectos de los grandes..., [1380] en "Planificación y Desarrollo Regional".  Un croquis de Bayóvar, ubicando salmueras y yacimientos de fosfastos, en la p.51.