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Oro Blanco:  El Algodón

 

La modernización productiva, entendida como proceso de innovación, movilización sistemática de talentos y de capitales, de transformación tecnológica y de integración al mercado, se comenzó a dar de manera sostenida en Piura a fines del siglo pasado con el desarrollo de la producción y de las exportaciones petroleras (el oro negro)[i] y con el desarrollo de la producción y de las exportaciones algodoneras (el oro blanco).

 

Por su simultaneidad en el tiempo, se puede apuntar algunas semejanzas entre los dos procesos: la orientación hacia el mercado internacional, la realización compulsiva de estudios técnicos por especialistas foráneos, los conflictos en torno a derechos de propiedad, la importación de maquinaria y la generación de migración interna. Sin embargo estas y otras similitudes son relativamente secundarias frente a la enorme diferencia de articulación con la sociedad regional en uno y otro caso.

 

La explotación del petróleo se realizó mediante la importación de técnicos y de mano de obra proletarizada a un sector de la franja litoral, árida y poco poblado. Culminó con la creación del complejo industrial de Talara, de interés estratégico nacional, edificado a distancia de la constelación de ciudades y de redes sociales y comerciales existentes. En el caso del algodón se puede hablar de un verdadero proceso de hibridación social y técnica, realizado en forma descentralizada y orientado a la expansión, transformación y regulación de una actividad productiva asentada desde siglos en los valles del Chira y del Piura.

 

Si hasta los años 60, el polo petrolero constituyó un enclave único de su género en el país, la expansión del cultivo algodonero en el norte no era sino un elemento entre otros de la dinámica más general de agroexportación, común al conjunto de valles de la costa peruana (Thorp y Bertham, [0972]).

 

Las inversiones en grandes infraestructuras de riego, el acaparamiento y concentración de tierras campesinas por empresas privadas[ii], la adopción de nuevas variedades genéticas, la reglamentación del cultivo como componente del control de plagas, la mecanización de las labores agrícolas, del transporte y del procesamiento del producto, el establecimiento de entidades y la canalización de flujos comerciales y financieros son los principales factores económicos, técnicos, sociales y normativos que definieron muchos de los condicionamientos y de los rasgos de la agricultura de hoy en día y que contribuyeron en forma decisiva a reconfigurar el espacio regional.

 

Ya desde el siglo XVI, las Relaciones Geográficas de Indias mencionan la importancia para San Miguel de Piura de los "algodonales que crían y benefician los naturales, de que se visten y pagan su tributo"[iii]. Dos siglos más tarde, el algodón nativo se había convertido en un elemento básico del intercambio mercantil: Lecuanda, después de apuntarlo como el primer artículo de la industria y del comercio en Piura, observa que "el algodón se produce en aquel territorio, como la maleza en los campos, venden mucho en rama para Loja, Cuenca y otros lugares de las partes de Quito"[iv]. Gran parte de los tocuyos fabricados con algodón piurano en los obrajes cuencanos iban a abastecer el mercado limeño, utilizando en su largo recorrido por la costa, mulas criadas y contratadas en Piura.

 

Todavía después de la independencia, el volumen de esta materia prima exportada a la provincia ecuatoriana de Azuay era tal que generó allá preocupaciones sobre "que la masa circular de numerario no se disminuye con los considerables miles que salen para la ciudad de Piura para algodones"[v]. Muy pronto sin embargo las exportaciones hacia Europa desplazaron este eje comercial. Según Heraclio Bonilla, se exportó algodón a Inglaterra a partir de Paita desde 1834[vi]. Hecho que desmiente una opinión muy difundida según la cual tal actividad se habría iniciado con la guerra de secesión (1861-1865) cuando la producción de Estados Unidos, primer abastecedor mundial, bajó en un 95%. En realidad el éxito que tuvo la explotación de un algodón de buena calidad en el valle del Chira "desde el año 1852 hasta el 1858" (o sea antes de la guerra de secesión) fue una de las razones que incitó al ingeniero Duval ([0893]:10) a presentar su memoria sobre el cultivo del algodón en el Perú a la Sociedad Algodonera de Manchester. Argumenta que la limitación de su producción en el norte del Perú no proviene de la falta de buenos terrenos sino de la falta de un buen sistema de irrigación.

 

Es cierto, sin embargo, que la fuerte alza de precios provocada por la brutal reducción de la oferta de Estados Unidos incentivó a hacendados innovadores a invertir en la adquisición de potentes bombas de vapor que utilizaban como combustible la madera de algarrobo. Raimondi, en su visita por el valle del Chira por el año 1869, encontró varias haciendas equipadas con estas máquinas, Santa Lucía cerca de Amotape, Paredones (J. Woodhouse) a proximidad de la desembocadura del río, La Rinconada (A. Blaker), Pucusulá (M. Raygada) y describió con muchas precisiones la principal de estas bombas ubicada en el fundo Monte Abierto de la gran hacienda Tangarará de la familia Arrese[vii]. Sin embargo este primer intento de riego artificial fracasó. Las crecidas de 1867, 1871, 1877 y 1879 destruyeron las instalaciones ubicadas cerca del río al pie de las terrazas ribereñas que regaban[viii].

 

Durante el siglo XIX, los volúmenes máximos de exportación se dieron en 1892 y 1893, como efecto del Niño excepcional de 1891 (Marie, [0902]:21) y no fueron superados hasta la década de 1920. En esos años todavía el grueso de las siembras se hacía en las tierras de humedad a orillas del río y la producción dependía de la extensión del terreno inundado por sus avenidas y del régimen de lluvias.

 

El algodón piurano, llamado también "algodón del país", es el algodón arborescente denominado por los botánicos "gossypium peruvianum. cav". De hebra larga, era estimado en la colonia como uno de los mejores del Perú por lo "suave y alto del capullo, y la solidez en su misma delicadeza"[ix]. Con él se hacían tejidos finos, frescos, bien dispuestos para los tintes y de larga duración. A principios del siglo XX era conocido en los mercados ingleses bajo el nombre de "full rough peruvian cotton". Su fibra nerviosa, calidad designada por la palabra "áspero", podía servir a "la falsificación de los tejidos de lana, los empleaban principalmente para la composición de la trama"[x].

 

Su planta, un arbusto cuya altura puede alcanzar de 3 a 5 metros, es muy resistente a la sequía y a las inundaciones. Archimbaud relata que  "se ha dado el caso de un algodonal que después de estar tres meses cubierto por agua corriente hasta la copa, produjo cosecha tres meses después que bajaron las aguas del río, y que fue necesario desarenar algunas plantas. De igual modo resiste sin riego dos o tres años, disminuyendo su producto a medida que se aleja el último año en que recibió riego, como se ve palpablemente en el producto de los años 1897 a 1900"[xi].

 

La construcción de sistemas de canales[xii] permitió cuadruplicar en este siglo el área cultivada en los valles de la costa piurana y fue la base para la concentración de tierras por nuevas haciendas algodoneras que desplazaron los productores nativos y relativizaron el peso de la economía campesina. Se inició así un veloz proceso de tecnificación de las labores culturales: siembra por surcos en un primer momento (Hilbck, [0895] y [0896]; Pallete, [0905]; López Guerra, [0901]; Revesz, [0906]: 234-235) y luego a partir de los años 20 se generalizó el sistema de riego por pozas a fin de frenar el ensalitramiento de los suelos[xiii]. Se estableció una secuencia muy estricta de operaciones, desde la fertilización a la cosecha pasando por el abonamiento, el deshierbe, el desahije y el control fitosanitario (Vera Tudela, ([0910]); Arens, [0891]) que perdura hasta hoy. A partir de los años '40, la introducción del tractor para el nivelamiento de las pozas, la siembra, la tumba y la quema, acrecentó una cierta especialización y una fuerte jerarquización en la mano de obra (Bazo, [0892]).

 

Paralelamente, una vez asegurado y regularizado el riego por acequias, canales y bombas e independizado el cultivo de lo aleatorio de las lluvias y de la disponibilidad de fértiles tierras aluviales en los bordes del cauce del río, se experimentó con nuevas variedades de algodón a fin de obtener, gracias a una siembra y una cosecha anual, rendimientos estables que ya no dependiesen más de la edad del arbusto perenne, como era el caso con el algodón país. Fueron así introducidos en los valles de Piura, el Metafifi en 1913, el Tangüis en 1919, el Alcalá en 1928, el Delfos en 1930 y el Karnak en 1949. En definitiva a diferencia del resto de la costa, donde predominó el Tangüis, se impuso el Pima a partir de 1925 tanto por su adecuación al clima y su período vegetativo corto como por la excelencia de su fibra extralarga[xiv].  Poco después, en 1928, se prohíbe la importación de su semilla como medida de sanidad vegetal para impedir la penetración del gusano rosado sin que esta restricción afectara su expansión (Gaudron, [0917]:339), pero motivando la creación, en 1933, de un programa de mejoramiento genético por el ingeniero Manuel Moncloa y Ferreyra ([0927] y [0928]).

 

El calor y la vegetación ambiental determinaban que el algodón fuera muy sensible al ataque de numerosas plagas. Desde 1910 y 1911, los entomólogos prestaron atención particular al piojo blanco (Broggi, [0915], Townsend, [0935], [0936] y [0937]) y desde 1924 y 1925 al gusano rosado (La Vida Agrícola, [0942]; Gaudron, [0916]; Townsend, [0938], [0939]) y a otros insectos temibles (Poppe, [0930]) como el picudo y el gorgojo de la chupadera (Marie, [0923], La Vida Agrícola, [0942]). Más tarde, el arrebiatado (Lamas, [0922] y Martínez, [0924]) fue considerado como el gran responsable de fuertes pérdidas en la cosecha.

 

Siguiendo las instrucciones de los especialistas, contratados por el Estado o por los hacendados, se intensificó -particularmente después de la apertura de la oficina de entomología en 1923- el uso de pesticidas que más tarde incluiría la fumigación por avioneta[xv]. Sin embargo la medida más drástica, cambiando la escala de intervención del fundo al valle, fue la promulgación de un reglamento del cultivo en el departamento de Piura (Houghton, [0897]) por el Ministerio de Agricultura en 1934, que buscaba "burlar las plagas" (La Vida Agrícola, [0946]). Aplicando las recomendaciones de Poppe (citado en Revesz, [0906]: 238) se impidió el cultivo de socas y se introdujo la práctica de campo limpio después de la cosecha, debiendo los agricultures destruir e incinerar las plantas a fin de reducir la población residual de insectos en la campaña siguiente. Al mismo tiempo, conforme a la sugerencia de Miranda ([0926]), se prohibió terminantemente el cultivo del algodón país, eliminando así coercitivamente el cultivo indígena, soporte de la economía campesina y del cual se habían aprovechado los hacendados durante más de medio siglo para transformarse en agro-exportadores.

 

En todos estos años, la racionalidad agrológica se ha conjugado con la racionalidad económica. El valor del algodón cosechado en cada campaña depende no solamente de la extensión del área cultivada, del adecuado manejo agronómico y del efecto aleatorio de los factores ambientales y biológicos, sino también del nivel de precios en el mercado internacional. Sus fluctuaciones positivas y negativas permiten diferenciar períodos de auge y de crisis en la economía algodonera nacional e internacional (Gaito, [0960]).

 

La rentabilidad a nivel micro parece depender a su vez de la magnitud de los costos de producción (Conestcar, [0955]; Revesz, [0966]). El principal cuello de botella que tienen que enfrentar los productores es la financiación de los costos directos (insumos, fuerza de trabajo) a lo largo de la campaña.  Los desmesurados intereses y comisiones (venta de insumos) estipulados por los habilitadores antes de que predominase la modalidad de crédito con la fundación del Banco Agrario en 1930, fue directamente responsable de un segundo proceso de concentración de tierras: esta vez no se trató de la adquisición de parcelas campesinas o de tierras eriazas por pequeños hacendados, sino de la transferencia de haciendas a casas comerciales como reembolso de préstamos impagables[xvi].

 

La creación de impuestos a la exportación fue otro factor económico que incidió en la rentabilidad del cultivo algodón. La coyuntura internacional favorable generada por el alza de las materias primas durante la primera guerra mundial, dieron pie al Estado para modernizar la estructura tributaria e incrementar sus inversiones en la construcción de caminos y de obras de irrigación. Con la segunda administración de José Pardo (1915-1919) se abrió lo que Basadre caracterizó como "un capítulo sin precedente en la vida del país"[xvii]: la ley 2143 del 6 de octubre de 1915 fijando un gravamen a las exportaciones de algodón, azúcar, lanas y cueros, causó la oposición de los agricultores y motivó la organización en 1916 de la Sociedad Nacional Agraria[xviii].

 

La SNA fue el principal grupo de interés de los grandes hacendados y productores; sus memorias dibujaban año tras año el estado de las políticas agrarias y de la situación algodonera ([0989]). Significativo de la fuerza de sus reivindicaciones es el memorial que la SNA presentó al Supremo gobierno en "representación de la Agricultura Nacional" después de la crisis de 1929. Llama "la atención de los poderes públicos sobre las gravísimas amenazas que para el orden social" significaba "la más encarnizada lucha arancelaria que recuerde la historia, y la disposición que existe entre su capacidad de tributación y un régimen de impuestos que es herencia de una prosperidad ya pasada" (Salinas, [0968]:129). Para sustentar sus reclamos la SNA se amparó en la defensa de la pequeña agricultura algodonera afectada por el gravamen al igual que las grandes empresas (SNA, [0909]).

 

Creada en 1939 a iniciativa de la SNA -y liquidada por el Estado junto con ella como medida complementaria de la Reforma Agraria-, la Cámara algodonera ([0954]) estuvo encargada de vigilar el mercado, normar el control de calidad y arbitrar transacciones. Durante treinta años registró y publicó no sólo las cantidades de algodón producidas, desmotadas, y exportadas por valles y por empresas, sino también las cotizaciones semanales de fibras en el mercado de Liverpool para las principales variedades peruanas, Tangüis a lo largo de la costa central y sur y Pima en los valles de Piura, así como los precios ponderados del algodón vendido según contratos registrados (Cámara algodonera, [0975]). Esta herramienta informativa que permitía un seguimiento fluído y preciso de la actividad del sector no existe más hoy en día.

 

Salvo en los años de la intervención estatal (1974-1980), tres tipos de actores intervienen en el sistema de comercialización: el acopiador, la desmotadora (planta industrial donde se separa la pepa y la fibra del algodón cosechado en rama) y el exportador. La capacidad financiera y el volumen de producción condicionan el poder de negociación y el margen de utilidad del agricultor, abriéndole diversas posibilidades

 

            a. Vender su algodón en rama a un acopiador privado cuando no dispone del volumen exigido por las normas de comercialización.

            b. Vender su producción en rama directamente a las desmotadoras, las que se encargan de vender el algodón desmotado y clasificado de acuerdo a los estándares internacionales (longitud de la fibra, aspecto y resistencia).

            c. Vender su algodón en rama a una empresa exportadora, que lo hace desmotar o lo desmota por cuenta propia si posee una planta desmotadora.

            d. Alquilar servicios de desmote y colocar su algodón desmotado y clasificado en el mercado interno.

            e. Desmotar su algodón por cuenta propia, si tiene una planta desmotadora y vender su algodón desmotado y clasificado.

 

En realidad, los distintos tipos de actores u agentes comerciales involucrados en la compra-venta del algodón podían pertenecer a un mismo grupo empresarial. A principios de siglo, las principales firmas exportadoras en Piura, la Duncan Fox y F. Hilbck y Cía, eran también desmotadoras y tenían sus propios acopiadores, lo que les permitía una mayor participación y control del mercado.

 

En estos años, la pepita de algodón era todavía exportada como materia prima. Calixto Romero, comerciante y habilitador, ya dueño de una planta desmotadora, se lanzó a la industrialización de la pepa y puso en servicio desde 1926 una fábrica de aceite en La Legua, en los alrededores de Catacaos. Un giro se dio en 1943 con la irrupción de La Fabril, filial del grupo transnacional Bunge y Born, que logró en muy poco tiempo colocarse como el primer exportador de fibra y abrió varias fábricas de aceite a lo largo de la costa como la planta Copsa en Sullana. Por último, en los años 60, con la participación financiera del Banco Regional del Norte y a iniciativa de hacendados de la región, se abrió una tercera fábrica de aceite (Ucisa) ubicada en la ciudad de Piura.

 

El eslabonamiento de las actividades complementarias, desmote, industria oligeaginosa y exportación de fibra, así como su integración vertical en un mismo grupo empresarial permitieron tanto a La Fabril como al grupo Romero afianzar su posición de liderazgo en el mercado regional y en el mercado nacional. En Piura los dos grupos desplazaron al conjunto de plantas que en un primer momento concentraron la actividad desmotadora, Bolognesi, C.R. Temple, Cabredo Hermanos y otros: a partir de 1965 desmotaban más del 70% del algodón producido en la región. A nivel nacional La Fabril y Romero (este último asociado a una trading europea: Mostert) concentraban al final de los años 60, el 85% de las exportaciones de fibra, relegando a un tercer lugar a Anderson Clayton, la segunda procesadora de oleaginosas del Perú (Revesz, [0966]: 121). Con la Reforma Agraria, el grupo Romero abandona su posición de productor algodonero para convertirse en un productor oligopólico en el mercado de aceites y grasas y en la exportación de textiles.

 

Posteriormente, el grupo Romero consolidó su posición en la industria oleoginosa al adquirir las desmotadoras y fábricas de aceite de Anderson Clayton y de la Fabril cuando estas empresas se retiraron del país (la primera en 1971 con el gobierno de Velasco,  y la segunda en 1994 con el gobierno de Fujimori). La última etapa de la diversificación y de integración de las actividades industriales de transformación del algodón se produjo en Piura en 1972-75. El grupo Romero, gracias a una fuerte financiación estatal (canje de los bonos de la deuda agraria) abrió la más moderna e importante hilandería del país, Textil Piura ([0978]).

 

En estos años, la rentabilidad de esta inversión se vio favorecida por la política de subsidios implícitos a la industria textil nacional: ENCI, la empresa pública que monopolizaba la comercialización del algodón, fijaba los precios de la fibra en el mercado interno muy por debajo de los niveles que regían en los mercados internacionales. Este recorte al cual se añadía el nivel inédito de los impuestos a las exportaciones "tradicionales" (17.5%), fomentó las constantes movilizaciones de protesta del campesinado regional. Al mismo tiempo, al no cubrirse los costos de producción de los agricultores se generó un proceso de descapitalización de las empresas asociativas formadas por la Reforma Agraria (Eguren y otros, [0958]; Revesz, [0966]; Prialé, [0965]).

 

                                                                            ***

 

A lo largo del siglo la incorporación deliberada y sistemática del progreso técnico vinculado a la valorización del algodón País en un primer momento y del algodón Pima luego, trajo consigo múltiples cambios en la organización de la producción y de la comercialización.

 

En primer lugar, se debe al desarrollo del algodón como cultivo comercial, la creación de una infraestructura de riego y la expansión del área cultivada que culminó con la habilitación del valle de San Lorenzo, la construcción de la represa de Poechos, la interconexión de las cuencas del Chira y del Piura, y el acceso al riego por gravedad del bajo Piura y de sectores del valle del Chira[xix].

 

En segundo lugar, el auge de la producción algodonera trajo consigo la implantanción de una red de empresas comerciales y financieras no sólo para la exportación de la materia prima sino para la importación y distribución de insumos y de maquinaria[xx].

 

En tercer lugar, en base a la comercialización y la transformación de la pepa y de la fibra del algodón pima se levantó una cadena integrada agroindustrial y agroexportadora: acopio, desmote, control de calidad (clasificación), fabricación de aceite, hilandería, almacenes y servicios de embarque y aduanaje en el puerto de Paita enlazaron el mercado interno con el externo.

 

En cuarto lugar, el proceso de modernización agraria incorporó no sólo al mundo de los hacendados sino también a los pequeños productores costeños, subordinándolos al complejo agroindustrial. Es común en América Latina y el Perú diferenciar la pequeña agricultura campesina que utiliza tecnologías arcáicas y produce para mercados rurales de una agricultura empresarial orientada a la producción comercial. En los valles de la costa piurana, las cosas se presentan en forma distinta: la articulación a un mismo mercado de hacendados, pequeños productores campesinos y minifundistas, la homogeneización de la semilla y de la variedad cultivada, la difusión de las mismas tecnologías de riego y de control fitosanitario y la normalización  de un calendario agrícola común, hicieron que unos y otros produjesen la misma mercancía cuyo destino son los mismos circuitos agroindustriales. Hoy, a 25 años de la Reforma agraria, el cultivo del algodón Pima está en manos, casi en exclusivo, de la pequeña agricultura campesina y de una multitud de minifundistas comuneros.

 

En los años 90, con el gobierno de Fujimori y la supresión intempestiva del Banco Agrario, la pequeña agricultura piurana moderna ha entrado en una grave crisis. Por su extrema vulnerabilidad y dependencia frente a los flujos financieros externos, la reducción del área sembrada ha caído de manera tan drástica que por primera vez ha sido necesario importar algodón para abastecer a la industria textil regional.

 

 

Notas.-

   


[i].Ver la introducción al capítulo "Oro Negro: el Petróleo".

[ii].Ver la introducción al capítulo "Catacaos y el Bajo Piura".

[iii].Juan de Salinas ([0290]:234, acápite 101) en el capítulo "Descripciones Geográficas".

[iv]. Ver Lecuanda ([0285]:232) en el capítulo "Descripciones Geográficas".

[v].Archivo Nacional de Historia, sección del Azuay (Ecuador); ANH/C.Gob. Adm. exp. Nº117, citado por Palomeque ([0735]: 145).

[vi].Bonilla H.- Aspects de l'histoire économique et sociale du Pérou au XIXème siècle: 1821-1879.- París, EPHE, 1970.- Ts. 3ème Cycle, 418 p.. La cita en p.28.

[vii].Raimondi ([0324]: 362-363) en el capítulo "La mirada del viajero".

[viii].Ver Dubosc ([0818]: 5) y Melo ([0822]: 41) en la sección sobre los primeras irrigaciones (Acáp. D) del capítulo "Ríos, Irrigación y Riego". También consultar Archimbaud ([0991]: (2), p.36) en el capítulo "Diversificación Agraria".

[ix].Helguero, J. ([0283]: 8) en el capítulo : "Las descripciones geográficas".

[x].Marie ([0998]: 18) en el capítulo "Diversificación Agropecuaria".

[xi].Archimbaud ([0991]: (2), p.45) en el capítulo "Descripción agropecuaria".

[xii].Las diferentes fases de la expansión y modernización del sistema regional de riego son analizados en la introducción al capítulo "Ríos, irrigación y riego".

[xiii].Ver Klinge ([0995]) en el capítulo "Diversificación agropecuaria".

[xiv].Sería el hacendado Emilio Hilbck quién lo trajera de Arizona en 1922 y lo sembrara por primera vez en su fundo de Narihualá, ubicado en el Bajo Piura en el distrito de Catacaos.

[xv].En los últimos años, el seguimiento del control fitosanitario estuvo a cargo de los ingenieros de la FUNDEAL (Saavedra, Castañeda y Alméstar, [0934]).

 

[xvi].Sobre estos procedimientos, ver el tercer capítulo de Reaño y Vásquez "El grupo Romero..." ([1287]) en "Los hilos de la economía".

[xvii].Basadre, "Historia de la República....", [0576]: v. 12, p. 443

[xviii].En un primer momento funcionó como "Comité de Defensa Agrícola" constituído "después de la reunión de agricultores que tuvo lugar en el Teatro Colón de Lima el 11 de setiembre de 1915" a fin de alzar "voces hostiles en el parlamento a los impuestos de exportación" (Basadre, [0576]: 443).

[xix].Ver el capítulo "Ríos, irrigación y riego".

[xx].Ver por ejemplo, a I. Mendoza ([1016]) y J. Ordinola ([1021]) en el capítulo "Diversificación agropecuaria".