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HISTORIA
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Los
Origenes Precolombinos
El
medio geográfico ecológico de la costa peruana forma un hábitat de vida
peculiar que, en el norte, posibilitó el desarrollo de sociedades altamente
organizadas y de gran nivel tecnológico como la Vicús y sobre todo la Chimú.
Desde los años '70 han ido cobrando gran auge los estudios arqueológicos de
esta región, y en el caso específico de Piura y Tumbes los trabajos con los
que se cuenta, aunque numéricamente escasos, nos permiten establecer ya una
filiación relativamente certera de sus sociedades y centrar el debate arqueológico
que se ha suscitado en torno a ellas.
A
fines del siglo XIX, Scott ([0412])
atraído por las ruinas de Paredones, es el primero en hacer excavaciones y
describir -con un estilo mitad arqueológico, mitad etnográfico- el valle del
Chira y los huacos y otros vestigios prehispánicos de la zona; algunos años más
tarde, en el curso de estudios geológicos en la zona petrolera, Brown (1911),
identificó el primer sitio precerámico conocido en el Perú[i].
Pero sin ninguna duda, Max Uhle
([0365]) fue el pionero en la investigación arqueológica sistemática del
extremo norte. Sin embargo, publicado en el Ecuador (1920), su trabajo es poco
conocido y se tuvo que aguardar mucho tiempo para contar con otros estudios que
ayudaran a esclarecer el panorama prehispánico de la región. Excepción hecha
de Lothrop ([0403]) quien a inicios
del '40 hiciera un reconocimiento de los valles del Pariñas y del Chira, será
recién en los '60 cuando, principalmente Lanning
([0349];[0350]) pero también Kelley
([0345]) y Tolstoy ([0401])
realizaran algunas excavaciones y publicaron los resultados de su trabajo.
A partir de esa fecha, la arqueología del extremo norte tiene nombre y
apellido por lo puntual que ha sido y el esfuerzo individual que ha significado.
Mientras
que en Sechura, Cárdenas Martin
([0388]) realizaba una prospección que le permitió establecer una columna
cronológica para la zona, Richardson
([0405]; [0406]; [0409]) trabajaba el área del Chira y dejaba tras de sí, los
estudios de mayor consistencia para la costa y en general la arqueología
piurana. Más recientemente y en el Alto Piura, Guffroy
([0369] y ss.) centra sus esfuerzos en el centro ceremonial de Ñañañique para
llegar a desentrañar la tradición formativa de esa zona, que también interesa
a Kaulicke y Makowski ([0376]). Si
bien la sierra no ha sido tomada en consideración para la construcción del
marco interpretativo del extremo norte; en Ayabaca, Polía ([0384]; [0382]) llamó la atención sobre los petroglifos de
Samanga y la ciudadela inca de Aypate mientras que son útiles los esfuerzos
locales de los arqueólogos Palacios
y Morales en Huancabamba ([0379]).
Más
allá del interés de los estudiosos locales, la arqueología tumbesina cuenta
con las dos misiones arqueológicas de la Universidad de
Tokyo que vinieran a mediados de los '60. Ishida ([0343]) y sobre todo
Izumi y Terada ([0402])
establecen y describen las características de algunos asentamientos de la zona,
centrando su análisis de Pechiche y Garbanzal.
Las
sorpresas iniciales en cuanto a la calidad de la cerámica y de los objetos de
oro encontrados que salpicaron los primeros estudios arqueológicos sobre la
región, han dado paso al reconocimiento de la alta tecnología que alcanzaron
los antiguos norteños de la mano con el avance y la consolidación de las
investigaciones realizadas. La etapa formativa y en general la cultura Vicús,
han concentrado la atención de los trabajos; estos últimos son el objeto del
capítulo siguiente. Poco se conoce de los complejos líticos de Amotape,
Sicches -y su sitio estacional o especializado El Estero- y Honda en Piura más
allá de su caracterización por Richardson
([0404]) y ss.) como sociedades eminentemente marítimas cuyo desarrollo fue en
parte posible por la fijación del patrón climático actual por cuanto su
sustento y su reproducción se fundaba en los recursos del mar o de manglar. Fue
a lo largo de la fase Paita y sobre todo en la Sechura -paralela al desarrollo
de Vicús y también de Garbanzal- que los antiguos piuranos se asentaron
progresivamente en las quebradas y los valles del interior desarrollando la
agricultura, mediante el acopio del agua de lluvias y un sistema de irrigación,
menos impresionantes que el de sus vecinos Moche. Pero es a partir de su
relación con éstos que el extremo norte quedó más nítidamente vinculado con
las culturas centro-andinas, sin dejar de mantener sus relaciones
con las culturas de la zona sur del Ecuador.
Este
último punto es el meollo del debate arqueológico piurano actual, que en buen
parte los últimos trabajos han comenzado a precisar.
Algunos sostienen que las culturas del extremo norte se hallaban bajo el
influjo de las de los Andes septentrionales, en particular de las
surecuatorianas, y no de las culturas andinas centrales hasta el período
intermedio temprano por cuanto el despoblado de Sechura y los bosques del
Catamayo-Chira habían constituído una frontera ecológica natural. Para Burger ([0333]), Chavín habría tenido en Lambayeque la frontera
norte límite a su influencia. Sin embargo, ya Izumi ([0402]) en el '66, había identificado elementos de
influencia chavín en Garbanzal al mismo tiempo que señalaba las activas
interrelaciones con las culturas surecuatorianas y Richardson, Macconaughy y
Heaps de Peña ([0410]) por su parte, remarcan la importancia de las
vinculaciones por mar entre el sur y el norte del desierto de Sechura
desde el precerámico. Ahora
la mayoría de los trabajos tienden a demostrar que Piura y Tumbes fueron una
zona de tránsito entre los Andes Septentrionales y Centrales y que tan temprano
como la etapa formativa existían probados vínculos con las culturas en uno y
otro espacio.
Tres
tradiciones formativas confluyen en el territorio piurano: una, por la costa, en
los valles del Chira y del Piura que en menor medida que la de Tumbes (Pechiche
y Garbanzal), se vincula con el sur del Ecuador; una segunda, por la sierra de
Ayabaca hacia la sierra surecuatoriana; y la tercera, el área del alto Piura,
íntimamente ligada a las culturas lambayecanas y trujillanas (Guffroy,
Kaulicke y Makowski,
[0376]). Estratégicamente ubicada,
Vicús capitalizó en su cultura el intenso movimiento y tráfico interregional
de su entorno.
La
cultura Piura, de la que los tallanes es la población más conocida, se define
en cuanto tal después del declive de Vicús y en el proceso de supeditación
primero a la influencia cultural y luego a la políticas de control de las
culturas centroandinas. En un
proceso poco estudiado y conocido, Wari se haría presente en el área piurana
por la costa, mediatizada por la cultura Sicán (900-1100 dC.) y en la sierra,
en núcleos aislados indicados por restos cerámicos.
Desde el siglo XII[ii],
los Chimúes comienzan a expandirse en un proceso paralelo al que daria pie al
imperio de los incas, sólo que por la región norte y costeña de los Andes
centrales, primero sobre los valles aledaños y luego sobre los más alejados.
A partir del siglo XV, Piura y principalmente Tumbes se constituyeron en
el límite norte del "reino Chimor".
Sólo fue cuestión de tiempo el encuentro de ambos imperios: tras una
cruenta guerra resultó vencedor el que venía del sur; el extremo norte fue
incorporado al Tawantinsuyu junto con las posesiones Chimú.
Con la presencia española se clausuraría la autonomía cultural andina;
Piura y Tumbes pasarían a ser un corregimiento bajo la jurisdicción del
virreinato de Nueva Castilla dependiente del reino de España.
Notas.-
[i].El
artículo de Barrington Brown, geólogo de profesión, fue publicado en 1926. Cit.
en Richardson.- The
El Estero...,
[0402], p.1
[ii].Cfr.Lange
Topic, Theresa.- "Territorial expansion and the Kingdom of Chimor"
En: Moseley, Cordy-Collins, ed..- The
Northern..., [0355]:184 y ss.)

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