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HISTORIA
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La
Transformación de la Comunidad Histórica
A lo largo de muchos siglos y de manera progresiva, se ha ido definiendo
y particularizando la comunidad piurana. Entender
nuestra sociedad ahora supone, de un lado, asumirla como el resultado de
numerosos procesos que se han dado en el tiempo; y del otro, comprenderla a su
vez como parte de una realidad cambiante en la que seguirán actuando
situaciones y hechos -de los que nosotros somos hoy parte activa- que configurarán
y determinarán en mucho a la sociedad piurana futura.
Desde épocas prehispánicas la apropiación del espacio le ha
significado al hombre piurano y tumbesino, la progresiva superación de su
geografía y el prevalecer sobre el frágil balance de su ecosistema[i].
Inclusive la presencia de fenómenos naturales recurrentes como terremotos,
lluvias y sequías (Huertas, [0458]; [0515]; Espinoza, [0509]) han
sido en el tiempo un reto para esta sociedad del extremo norte.
La intensa interrelación entre los diferentes grupos aquí asentados y
también con los que se encontraban fuera de sus límites, favoreció la
confluencia de diferentes tradiciones que fuera la base del desarrollo de
reconocidos logros culturales regionales como los de Vicús[ii]. Además, y así como las
diversas sociedades de la costa norte lograron mantener sus particularidades
frente al embate de las influencias serranas (Masuda, [0460]) y a pesar
del dominio mochica (von Hagen,
[0476]), los cacicazgos[iii]
piuranos y tumbesinos conservaron su cohesión incluso hasta los primeros años
coloniales (Diez, [0446]).
Las peculiaridades propiamente piuranas de articulación cacical con el
poder no nos son aún conocidas como en el caso de Lambayeque (Netherly,
[0464]; Ramírez, [0466]). Individualizarlas supondría un acercamiento más
cuidadoso a los recursos naturales, sobre todo el mar; a sus diferentes grupos
especializados y sus interrelaciones, así como a biografías de curacas que
como Don Luis de Colán, permiten entrever las tempranas relaciones entre la
cultura nativa y la foránea. Consideraciones que pueden apoyarse sobre el
fundamento analítico del conjunto de investigaciones de Rostowrowski ([0468] y ss.) realizadas sobre las sociedades costeras.
Para la sierra piurana existe un consenso sobre su incorporación tardía
al Tawantinsuyo y de la igualmente tardía instalación de mitmas en la zona
-que parecieran haberse terminado por mezclar con los lugareños[iv].
Sin embargo no se ha delineado aún un derrotero, más o menos convincente, de
su historia: mientras que Hocquenghem ([0455]) busca definir a la etnía
serrana de los guayacundos, que habría sido sojuzgada por los incas, política
y culturalmente, Espinoza Soriano ([0448]) recupera a los guayacundus
como mitmas de funcionalidad estrátegica al estado inca en el valle de Quito.
Por otra parte, aunque es cierto que todavía no se ha hecho una labor
exhaustiva de archivos para la sierra de Piura y Cajamarca como el realizado en
Loja, hay que tomar en cuenta la afirmación realista de Taylor[v]
según la cual es bastante improbable que se descubran "nuevos documentos
que transtornen nuestra visión de estas sociedades tal como ellas eran en los
primeros momentos de la colonización española". Podría ser así que, con
respecto a la temprana historia colonial de la sierra de Piura, el campo que se
abriría sería más de reflexión y de construcción teórica que de
investigación empírica.
Los estudiosos locales de Piura también se han interesado por las
sociedades prehispánicas; en particular por los tallanes.
Este grupo étnico, más que un estado cohesionado y autónomo, fue en
todo caso una confederación de cacicazgos como los de Narigualá, Sechura,
Pisura y Nunura (Fernández, [0451] y ss.).
La activa presencia indígena, con la descripción de su medio
geográfico y la caracterización de su organización socio-económica y sus
desarrollos culturales en lo textil y en lo arquitectónico, son el sujeto de
trabajo de Ramos de Cox ([0467]), Cevallos ([0444]-[0445]) y Puig
([0465]) así como de Horkheimer ([0457]) y Vega ([0475]). Los
tumbesinos también comparten, aunque con variaciones, el interés por la época:
a ellos les interesa definir y desentrañar la cultura tumpis y su importancia (Mendoza
Barreto, [0461]; Mendoza Boyer, [0462]) reemplaza al interés por los
tallanes.
La conquista y la fundación de ciudades es otro de los grandes temas
que ha subyugado a los estudiosos locales y también ha concitado la atención
de los académicos. De un lado, Piura y Tumbes fueron el primer punto de
contacto de los españoles con el Tawantinsuyu; de otro lado Piura en sus
primera épocas fue "una ciudad volante", como apropiadamente la
denominara Martos ([0485]): desilusionado de lo que había encontrado en
Tumbes y después de plantar la primera cruz (Herrera, [0482]), Pizarro
marchó hacia el sur (Petersen, [0489]) enfrentándose a los caciques
locales (Vega, [0496]) y fundando San Miguel de Tangarará como punto de
apoyo inicial para su expansión en estas tierras.
A semejanza de Benalcázar, quien llegara a Piura y continuara su marcha
hacia Quito (Ramos, [0491]), el torrente de españoles que vinieron al
Perú fluyó por esta región hacia las zonas más codiciadas: Cusco y luego,
sobre todo, Potosí. Inclusive durante todo el siglo XVII, Paita sería el
puerto de entrada (Antón, [0477]; Glave, [0513]) y Piura el punto
de inicio del viaje por tierra hasta Lima[vi].
Pocos fueron los españoles que se quedaron en el extremo norte y la
precariedad de su establecimiento determinó que San Miguel fuera una ciudad
itinerante. Un tema de discusión
constante es el número de veces, la ubicación y las fechas en que Piura fue
fundada (Martos, [0486]; Ramos Briceño, [0490]; Vargas Ugarte,
[0493]-[0494]). Ubicada en Tangarará, luego en Monte de los Padres, la capital
estuvo también en San Francisco de la Buena Esperanza de Paita (Levillier,
[0484]) abandonada luego por los vecinos ante la amenaza de los piratas. La
explicación "oficial" soslaya otros problemas como la escasez de agua
y sobre todo la falta de acceso a mano de obra indígena. Finalmente, instalados
en los linderos de Catacaos, se da la fundación definitiva de San Miguel del
Villar de Piura, en El Chilcal, según
consenso hoy, un 15 de agosto de 1589[vii].
Esa temprana etapa de Piura y Tumbes en la colonia es bastante
difusa, aunque sí se puede afirmar que la vida de los primeros moradores debió
ser bastante dura. Hasta fines del
siglo XVI las encomiendas de la región (Torres Saldamando, [0492]) eran
detentadas por encomenderos que vivían por lo general en Trujillo, con lo cual
el beneficio que ellas suponían no alimentaba económicamente a la región del
extremo norte. Alguna referencia nos señala que para 1578, los vecinos de Piura
vivían del pequeño comercio local y casi robando mientras que los indios habían
escapado a las montañas[viii].
Es algo bastante conocido que la riqueza para un español estaba
vinculada al control de mano de obra indígena. En este sentido Piura sufría
una marcada desventaja al haber sido el área donde al parecer se dio la más
fuerte caída poblacional del espacio peruano[ix]. De un lado se tiene la
morbilidad y la mortalidad local por el choque epidemiológico con los
conquistadores y del otro, primero, al retorno de mitimaes -ubicados por los
incas en el extremo norte- a sus lugares de origen, y luego a una probable
debilidad demográfica previa a causa de la belicosidad de los diferentes grupos
étnicos locales y a las guerras de conquista prehispánicas.
Para principios del siglo XVII apenas si contamos con una caracterización
temprana del corregimiento de Piura (Maticorena, [0519]) o de la
participación de su gente en las guerras civiles de los conquistadores, más
allá de alguna referencia a un negociador (Martos, [0518]) o a
tradiciones locales tempranas (Lohmann, [0516]).
Los primeros intentos de instalar algún tipo de actividad productiva en
la región fueron agrícolas; no había yacimientos mineros de importancia ni
tampoco se desarrolló otro eje económico tal como obrajes (fábricas
coloniales de textiles). En toda la
costa y el norte en general el trigo, el vino y el azúcar fueron los productos
que permitieron una consistente expansión de la agricultura comercial desde
incluso mediados del siglo XVI[x].
En Piura los intentos de aclimatar estos cultivos no prosperaron largo tiempo.
Conforme transcurría el siglo XVII y diferenciándose de los del sur
(Trujillo, pero sobre todo Lambayeque -quien se concentraban en el cultivo de la
caña (Ramírez, [0523])-, los piuranos supieron aprovechar sus ventajas
comparativas dedicándose a la ganadería. Como consecuencia desarrollaron una
pujante actividad tinera que fue el motor de la economía regional durante la
colonia (Aldana, [0499]). Eso no significó que no hubiera otras
actividades económicas como la explotación de brea (Macera, [0517]), o
que se dejara de lado la agricultura. Por el contrario, tanto en la costa como
en la sierra el régimen de tenencia de la tierra fue un factor fundamental para
el desenvolvimiento de sus respectivas estructuras sociales[xi].
El constante intercambio de la mediana y pequeña producción en el
espacio regional e interregional fue de la mano con el establecimiento de
relaciones de parentesco entre los mercaderes que traficaban en la zona (Aldana,
[0500]). De manera progresiva se
fue conformando un espacio socio-económico altamente articulado que iba desde
Cuenca, Loja y Guayaquil, en el sur de la Audiencia de Quito, hasta Trujillo[xii].
En el siglo XVIII la creciente demanda por productos agropecuarios incidiría en
este espacio, redimensionando al conjunto y a sus vinculaciones intrarregionales
y potenciando a una élite emergente, inicialmente liberal, que volcada hacia
Lima y luego de explorar las posibilidades de reforma económica y tentar un
espacio político reconocido, buscaría su independencia (Aldana,
[0530]).
La madurez de la sociedad colonial peruana se hace cada vez más visible
conforme concluye el siglo XVIII y se inicia el XIX. En esos años, la población
indígena había consolidado su ubicación en el sistema: las asociaciones
religiosas había permitido su integración como común por la costa (Diez,
[0514]; [0515]) mientras que en la sierra, los cabildos indígenas se habían
convertido en verdaderos núcleos de poder entre los nativos (Diez,
[0506]). Sus revueltas fueron expresión de su disconformidad con la excesiva
presión fiscal que generó la aplicación de las Reformas borbónicas, agravada
por el incremento de los cobros de los curas doctrineros (O'Phelan,
[0520], [0521]). No obstante, el movimiento social de mayor impacto en Piura sería
el de los colonos de Morropón y Yapatera dirigido hacia las autoridades locales
en el inicio mismo de la república (Espinoza, [0507]; [0533], Kapsoli,
[0551]).
La decidida opción del bloque norteño en la independencia es el
tercer gran tema sobre el que gira la construcción de la identidad regional[xiii].
Piura y Tumbes formaban parte de una gran región que se proyectaba más allá
de los límites de la intendencia de Trujillo hacia el sur de la vecina
Gobernación de Quito y que se había articulado a lo largo de la colonia
gracias al intercambio mercantil de una pequeña y mediana producción
agro-ganadera local[xiv].
Mercaderes en lo fundamental, los norteños aprovecharon el peculiar contexto
mundial de fines del siglo XVIII que propiciaba el comercio libre (no-monopólico)
y en particular, la agricultura comercial. Productos como el cacao, el algodón
y también la caña -aunque en esta época los valles de la costa central habían
desplazado a los del norte en producción- permitieron que se consolidara una élite
comercial norteña, cuyo paso siguiente fue buscar un espacio político. Es
posible que a nivel del virreinato, esta élite emergente conquistara
progresivamente la capital, vinculándose a la élite de antiguo cuño y colocándose
en puestos importantes. En todo caso, sus intereses la llevaba en este momento a
defender el liberalismo, primero dentro del marco colonial y luego, fallido el
regateo político de la élite virreinal con la Corona, optando decididamente
por la separación. Muy diferente
sin embargo, se presentaría el panorama una vez creada la República (Aldana,
[0530]).
Testigo de su época, José María Arellano ([0531]) ha dejado una
vívida narración de los hechos mismos de la jura de independencia en la ciudad
de Piura; información que se ha visto abundada con laboriosa investigación en
archivos locales (Paz Velásquez, [0537]-[0539]) y recreada con la
descripción de la situación regional en los momentos de la emancipación (De
la Puente, [0541]) y algunos breves análisis del proceso (Dunbar,
[0532]) y Vegas, [0543]). Personaje de principios del XIX, Távara
([0560]) tentaría una primera aproximación a todo el conjunto de sucesos que
llevaron a la separación y a la autonomía.
De la difícil etapa republicana se han estudiado aspectos muy
dispersos: la historia de la región está aún por construir. La inestabilidad
política de los primeros años republicanos también tiene sus repercursiones
en la región. El Estado comienza a dejar sentir su voluntad de articular un
espacio nacional y ordena el reconocimiento de los caminos existentes en el país,
entre ellos los que hay en Piura (Zavala, [0569]).
En lo económico sabemos que, apenas se inicia la República, hay un gran
flujo de extranjeros buscando invertir en el Perú y en general América Latina.
Principalmente comerciantes cuya actividad amenazara la de los norteños y que
los llevará a definirse como proteccionistas dentro de la política nacional.
Pero en el plano local, puertos como Paita y sobre todo Tumbes (Lofstrom,
[0561]) se verán beneficiados con la presencia -y auge- de los
"balleneros" (Richardson, Decima, [0559]). Al principio de la
explotación guanera poco quedaba en el país y en Piura de la esclavitud
colonial (Castillo, [0546]), aunque habían surgido otras
"esclavitudes", cualitativamente diferentes, como la de los chinos y
la menos conocida de los kanaka; nativos de la polinesia importados por Paita
para trabajar en estas tierras (Richardson, [0558]). El Perú, desde
Castilla, está abierto directamente -y casi sin trabas- a la economía
internacional: desde este momento, comienza a marcar su rumbo como país
productor de materias primas. Los balances nacionales que comienzan a aparecer
hacia mediados de la segunda mitad del siglo XIX, se presentan estadísticas y
precios de variados productos exportados, entre ellos el algodón (Bonilla,
[0544]).
Los avatares de la política y la economía nacional generan una grave
crisis interna y externa. Si bien se puede remontar la primera -aunque las
montoneras de Chalaco en Piura son la muestra de la debilidad de la afirmación[xv]-,
es imposible detener la segunda: la guerra con Chile -también llamada del Pacífico-
es el colofón de un proceso de irrupción del capital extranjero y de ruptura
definitiva de concepciones conservadoras-proteccionistas en el país. Una
suscinta semblanza de la vida regional nos delinea la situación del extremo
norte, previa a la guerra (Mendoza, [0555]), en la que la región
participará decididamente (Reyes, [0557]). El final del siglo XIX y las
primeras décadas del XX se caracterizan por un intenso desarrollo socio-económico
acompañado de grandes inversiones para la explotación de recursos naturales
(petroleros, hídricos, y agrícolas) así como por la expansión urbana[xvi]. De la mano con este
proceso, se comienza a dar una creciente producción intelectual que se expresa
en periódicos e impresos de circulación local y norteña (Zevallos,
[0562]).
Para elaborar la historia aún no escrita del siglo XX piurano, el
especialista cuenta con una constelación de análisis puntuales. La
institucionalización del control social con la fundación y el desenvolvimiento
de la Corte superior de justicia (Chávez, [0548]); la creación de
espacios de sociabilización para determinados sectores, como el club Grau (Razuri,
[0556]) y la presencia de la Iglesia en la vida local con la celebración de las
bodas de diamante de la orden redentorista (Gago, [0550]) o la elevación
de Chulucanas a Prelatura (Kelly, [0552]). Esa vida cotidiana -y con
ella, los procesos históricos regionales y nacionales- a los que también nos
dan entrada los trabajos de genealogía de Freundt ([0564]), Garay
([0567]), León Zaldívar ([0568], [0569]) o Ramos ([0571],
[0572]).
La carencia del análisis puede ser parcialmente suplida apelando a la
visión de conjunto de los libros de contexto: ensayos sobre temas
vinculados a la región (Pacheco, [0577]; Wright, [0581]) y en
particular, historias generales (Basadre, [0576]; Vargas, [0580]).
La versión local de esas visiones globalizantes son las reseñas generales,
que relatan cronológicamente situaciones históricas de diversas épocas (Albán
Ramos, [0582]; Moya, [0595]; Seminario, [0600]).
Por el momento sólo se cuenta con un primer intento de delinear el
recorrido histórico del extremo norte ubicando los procesos regionales en el
contexto de los nacionales (Aldana; Diez [0575]).
Nota.-
[i].Ver al
respecto, las introducciones de "Hitos de un espacio" y de
"La ecología y los recursos naturales"
[ii]
Mayor
especificación sobre lo dicho en las introducciones a los capítulos
"Los orígenes precolombinos" y "Vicús".
[iii]
El término más genérico para el área andina es el de curacazgo.
Sin embargo, siguiendo la línea de trabajo de Diez,
utilizamos el término cacicazgo en referencia explícita al cacique
cuyo poder "se legitimaba, no por la pertenencia a un antepasado común,
sino por una serie de relatos e historia
que
explicaban su condición elevada respecto del resto." (Aldana, S; Diez,
A.- Balsillas, piajenos y algodón..., [0575]: p.54)
[iv].Confrontar
las líneas referidas a la historia de la sierra piurana en la introducción
al capítulo "Los pueblos de la sierra".
[v].Esta
afirmación se refiere a C.Caillavet y su cuidadoso trabajo de archivos
sobre los grupos prehispánicos de la sierra sur ecuatoriana hacia 1500.
Cfr.Anne-Christine Taylor, Les paltas... [0719], p.440) en el
capítulo "Cuenca, Loja y Guayaquil". Sobre la sierra de Piura ver
su "Compte Rendu" sobre Los guayacundos de Caxas y la sierra
piurana de A.M.Hocquenghem (en Journal de la Société des Américanistes.-
Paris,
Tom.76: 1990.- pp. 270-272).
[vi].La aún
desconocida Corriente de Humboldt dificultaba la navegación de norte a sur.
Ante lo fatigoso que resultaba el viaje por mar, los viajeros preferían
desembarcar en este puerto norteño y marchar a través de los arenales
hasta la capital.
[vii].Diferentes
documentos han sido compilados por Vera ([0497]). Ver también los
documentos publicados por Paz Velásquez ([0610]) y el libro de Cabildo de
Piura (Vegas García, [0622]) en el capítulo "Documentos coloniales y
republicanos".
[viii].Las
pruebas documentales y el sustento de la afirmación en Keith, Robert.- Conquest
and agricultural change: the emergence of the hacienda system on the
peruvian coast.-
Cambridge, Harvard University Press, 1976
[ix].El 95%
según nos señala Cook, David Noble.- Demographic
collapse: indian Perú 1520-1620.-Cambridge,
Cambridge University Press, 1981. En
este caso se ha recuperado la información estadística sintetizada, ver Cook,
[0492]. Cfr. además los cuadros de Vollmer, [0521].
[x].Cfr. la
ya mencionada tesis de Keith, Conquest...
[xi].Con
respecto a la sierra, ver el capítulo "Los pueblos de la sierra".
Para la costa, los trabajos de largo aliento de Espinoza
([0507]-[0510]) y con Pereda ([0511]) y los de Schlupmann
([0525]-[0527]). Muy útil al respecto la información de Huertas y Macera
([0514]) sobre los diezmos y tributos.
[xii].Cfr. Aldana
([0501]). Ver también la
introducción al capítulo "Cuenca, Loja y Guayaquil"
[xiii]. Los
tres ejes temáticos más recorridos por los estudiosos locales son los
tallanes y los tumpis; la fundación de Tangarará y sus repetidas
traslaciones hasta su asentamiento definitivo en el Chilcal, y la temprana
independencia de la región (por comparación a la de la capital limeña).
Confróntese a Albán Ramos ([0582]), Alvarado Chuyes
([0584]), Robles Rázuri
([0599]) para Piura y para Tumbes, a Meza ([0536]); Pérez
([0540]).
[xiv].Para una
reflexión sobre la conformación de este espacio, ver la introducción de
"Cuenca, Loja y Guayaquil"
[xv].Cfr. Espinoza
([1501]), Maticorena ([1504]) y la introducción al capítulo
"Los pueblos de la sierra".
[xvi].Ver las
introducciones de los capitulos que conforman "Los recursos del
desarrollo", tercera parte de esta obra.

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