|

Artillería
utilizada en la frontera

La
Firma de la Paz
|
 |
|
HISTORIA
|
 |
Frontera
y Controversia
Las repúblicas del Perú y del Ecuador y su ambiente territorial son
la culminación de un largo proceso histórico, que se inició en el mismo
momento en que se estableció el gobierno español en América y que se fue
acelerando conforme se sucedían grandes y rápidos cambios en la esfera
europea internacional a lo largo del siglo XVIII combinados con el desarrollo
de las organizaciones e instituciones locales.
En el último tramo colonial
(17801821) se hizo patente la madurez de
la sociedad colonial hispanoamericana que lentamente comenzó a luchar por su
propio espacio político. Napoleón, los sucesos de Bayona y las Cortes de Cádiz
no hicieron más que poner sobre el tapete los problemas irresueltos en torno
a la creciente autonomía económica de las colonias, de la dependencia de la
metrópoli de esos mercados cautivos y de la cada vez más fuerte presión de
los países noratlánticos por imponer su praxis liberal. La ruptura del
imperio español en Suramérica supuso su fraccionamiento y la actualización
de antagonismos regionales, convertidos en adelante en contiendas entre las
diversas cuanto noveles repúblicas americanas.
En esa primera etapa decimonónica, las grandes divisiones
administrativas lograron, de mejor o peor modo, mantener bajo su dominio a las
más pequeñas: la principal preocupación de estos nacientes estadosnación
fue la organización centralizada
del espacio que lograron mantener en el momento de la separación de la metrópoli.
En el sur, Argentina tuvo que afrontar la separación de la Banda
Oriental, posteriormente Uruguay y Paraguay, mientras que en el norte, la
fugaz Gran Colombia bolivariana dio pie a los estados de Venezuela, Colombia,
Ecuador y Panamá.
Sin embargo, política de la Corona española
de la que a las finales,
dependían todos los territorios americanos fue mantener muy difusas las
fronteras entre las diferentes divisiones administrativas.
De hecho, ellas se habían levantado parcialmente sobre el
fraccionamiento regional prehispánico por lo que estos espacios, a los que se
les forzara a ingresar en un sistema diferente, no sólo no perdieron su
configuración nativa sino que enriquecieron
su identidad en los tres siglos de coloniaje español.
En el caso del Perú, núcleo territorial de un buen número de
desarrolladas culturas nativas[i], se estableció el poderoso
virreinato de Nueva Castilla cuyas principales divisiones administrativas
recuperaron en cierto modo la territorialidad de los diferentes grupos étnicos
locales; la audiencia de Lima se extendió en buena parte sobre lo que fuera
el reino Chimú, mientras que la de Quito no dejó nunca de autodenominarse el
reino de Quito[ii].
La política de reorganización colonial de los Borbones impulsó las
divisiones administrativas: se crearon nuevos virreinatos (Nueva Granada y Río
de la Plata), capitanías y gobernaciones, mientras que algunas audiencias
pasaron a depender de esos nuevos virreinatos con la consiguiente reformulación
problemática‑ de la dependencia jurídicoadministrativa. Indefinición
de fronteras y de competencia legal que se sumó a la gran confusión de
identidades y de opciones políticas que salieron a la luz en la etapa
independentista y en los primeros años de la organización republicana.
Las nuevas repúblicas se encontraron con límites heredados poco
precisos y con regiones con una tradición de mancomunidad que aún no
consigue ser eliminada[iii].
En el caso del Perú, la élite mercantil norteña se había imbricado con la
capitalina y accedía a puestos de poder mientras que en el Ecuador, se
acentuaron los enfrentamientos regionales sobre todo entre Quito y Guayaquil
pero también Cuenca. El despegue
económico del Guayas y su puerto en el último tramo colonial, le permitió
establecer una clara conciencia regional que para la primera década del XIX
influenciaba directamente el conjunto del sur ecuatoriano y la parte más
norteña del norte peruano y lo llevó primero a tentar la autonomía
(18201822) y luego a pelear su espacio político, fuera como parte de la
rechazada Gran Colombia o del naciente país organizado en torno a Quito; pese
a las simpatías de su élite para con Lima, su peruanidad no pasó nunca de
ser una "peruanidad colonial"[iv].
De modo semejante, para los cuencanos, les resultaba más conveniente
mantenerse vinculados al norte peruano tomando en cuenta las ventajas
comparativas de una tradición común y una mejor posición de la élite norteña
peruana tanto en el campo económico (proteccionismo) como de representación
política. Situación que se
conjugó con la presencia del cuencano La Mar en la presidencia del Perú y en
particular, con el fuerte repudio hacia Bolívar de este militar y sus
seguidores así como la necesidad que sentían de detener sus proyectos
expansionistas. Todo lo dicho
estuvo en la base del fallido intento de anexar Guayaquil pero sobre todo
Cuenca al país (portete de Tarqui). Poco después, Quito, capital de la República
del Ecuador (1830) a semejanza de Lima años antes, se enfrentó a la
reorganización política de su espacio: el problema de frontera fue más
implantar un dominio real en estos elusivos e indecisos espacios regionales.
Sin embargo, ya desde fines del XVIII se había comenzado a percibir la
importancia de Mainas, zona de selva, aunque tan sólo para la producción de
artículos noconvencionales (cacao, cascarilla, algodón, cueros) en
creciente demanda internacional; la explotación petrolera sería muchísimo más
tardía. Nacidas con deudas y déficits fiscales, las Repúblicas del Perú y
el Ecuador echaron mano de la negociación de sus recursos naturales para
cubrirlos. Pero mientras que providencialmente el Perú contó con el guano de
las islas para satisfacer sus deudas impagas con Inglaterra, Ecuador no tuvo más
opción que tentar la concesión de territorios para compensarlas; sus booms
económicos (cascarilla alrededor de 1890, banano en la década de 1940 y en
particular petróleo en los años de 1970) ocurrirían bastante tiempo después. La protesta del Perú fue inmediata al intento ecuatoriano de
ceder Canelos, territorio peruano de Mainas; sin embargo, la declaratoria de
guerra fue tan sólo un hecho formal que no fue en verdad, más allá del
bloqueo de Guayaquil (1858). En
la base, estaba la indefinición de las fronteras heredadas, la inestabilidad
política interna en ambos países y la búsqueda de una solvencia económica
para los nuevos Estados.
El tratado de Mapasingue, con el que se le pone fin a los hechos
militares (1860), es en realidad el nuevo giro en la percepción del diferendo
limítrofe: no se trata más del sometimiento del afán autonomista de dos de
las tres regiones más importantes del Ecuador ni tampoco poner fin a la
amenaza bolivariana en el Perú. Es
más bien, comprender un área que no había pasado de ser territorio de
misiones, casi desconocido, que de no haber sido expulsados los jesuítas es
posible hubiera tenido un desarrollo político semejante al de la la hoy república
del Paraguay. A partir de la fecha el problema de las fronteras se traslada a
la zona de selva; ambos países presionarán por mantener/ conseguir ese
espacio para su siempre futura explotación. Desde 1880, cuando casualmente
comienzan a consolidarse los estados nacionales a sangre y fuego, se inician
las reinvindicaciones territoriales en el subcontinente: como muchos otros países
latinoamericanos, Ecuador apelará al rey español para el arbitraje
definitivo al problema de la frontera. Se dará inicio a una verdadera
controversia entre ambos países plasmado en una guerra de papeles que se
agudizaría con la acusación de favoritismos reales hacia el Perú y que
estuvo a punto de llegar a mayores en 1910. Finalmente, el incremento de las
tensiones en las primeras décadas de nuestro siglo nos llevaría a un
conflicto armado en 1941.
El Protocolo de Paz, Amistad y Límites de Río de Janeiro pondría fin
a las acciones bélicas y al diferendo limítrofe; al menos por parte del Perú[v].
Desde la década de 1950 bajo el mandato de Galo Plaza y sobretodo bajo la
presidencia de José María Velasco Ibarra en el '60, la vecina república
rechaza el Protocolo señalando su "inaplicabilidad" e
"inejecutabilidad": la divisoria de aguas entre ambos países no era
la cuenca de los ríos MoronaSantiago como se había planteado sino la
cabecera del río Cenepa. Los 78 km. de la Cordillera del Cóndor quedaron sin
ser demarcados[vi]
y se convirtió en el punto de confluencia de muchos intereses políticos de
ambos países, en particular para el Ecuador. Su utilización demagógica en
el caso del Perú, siempre ha sido más limitada. Las sucesivas
reactualizaciones del problema tenían muy poco impacto en la opinión pública
peruana; mayor capacidad de ser utilizados como elementos distractores de
momentos críticos han tenido en todo momento la situación interna
(terrorismo) o la precaución contra Chile en lo externo.
Cosa contraria sucede en la vecina república en la que la presión política
interna, terrorismo y reinvindicaciones indígenas, ha sido desarticulada en
el primer caso y asimilada vía reconocimiento de la multietnicidad
ecuatoriana en el segundo. Desde mediados de este siglo, los sucesos del '41
se convirtieron en el caballito de batalla de las diferentes facciones políticas
en busca de acceder al poder o la manera de lograr la cohesión nacional en
períodos críticos por el gobierno de turno. La asonada de 1981 y su
despliegue periodístico, es la muestra de una doble utilización política
por parte de ambas repúblicas. Sin embargo, mientras que en el Perú la
indignación momentánea cedió paso a la cotidianidad, en el Ecuador significó
la reactivación de una maquinaria antiperuana con profundas raíces en el
imaginario popular que (y ello es lo peligroso) progresivamente incrementa su
violencia. El conflicto de 1995 así lo demuestra: el recuerdo anual de la
fecha de la firma del Protocolo de Río (28 de enero) marcó los inicios de un
enfrentamiento entre ambos países y con ello, la profundización del
resentimiento nacional de un país, y en el otro, el resurgimiento de una
irritabilidad y antipatía cohesionadora en contra del Ecuador. En ambos, la
opinión pública se predispone al uso de la fuerza como vía de solución.
La situación impacta con fuerza en el plano regional. En Piura y
Tumbes, el Protocolo de Río se levanta sobre una campaña militar real que
dejó hondas huellas, sobre todo entre los pobladores costeños de uno y otro
país quienes fueron movilizados y afectados. En las provincias de la sierra,
al parecer se sintieron menos los efectos del conflicto en las relaciones
socioeconómicas con los vecinos[vii]. Sin embargo, desde 1981,
el problema se aleja cada vez más del plano regional para centrarse en un
espacio de selva, relativamente cercano en lo geográfico, pero muy lejano a
nivel de realidad y de comunicaciones. No obstante, las crecientes tensiones
políticas del conjunto nacional en este particular, afectan, negativamente,
el desarrollo económico normal de áreas de frontera como Piura y Tumbes.
Lograr el desarrollo de éstas y otras regiones y del país como
conjunto así somo un adecuado posicionamiento en el complejo plano
internacional no sólo en el caso del Perú, requiere apremiantemente de la
superación de estas tensiones. Por otro lado, evitar la legitimización del
problema a través del consenso nacional supone soslayar la constante zozobra
entre los habitantes mediante convenios bilaterales de cooperación e
integración de frontera[viii]
que recupere la armonía socioeconómica de ese dinámico gran espacio
colonial que vinculara el norte del Perú con el sur del Ecuador.
[Los documentos compilados en este capítulo
son sumamente heterógeneos y referidos más a los hechos anecdóticos que al
análisis del desenvolvimiento del proceso limítrofe. Más de la mitad se centran en el conflicto del '41, en los
sucesos bélicos y en la honra o los agravios que ellos supusieron; Albarracín
([0741]) y Castro de Mendoza
([0746]) toman como punto de partida 1981 para describir las diferentes
situaciones fronterizas y las políticas estatales de ambos países en los
cuarenta años que separan ese conflicto armado de nuestro momento. Tan sólo
tres abordan el estudio histórico regional pero para períodos muy
diferentes. Mientras que Elias
y Nieto ([0752]) trabajan el conflicto de 1858, García Calderón
([0753]) y Eguiguren ([0751]) se enmarcan en la etapa de la
internacionalización del problema cuando se acude al arbitraje ante el rey
español buscando una solución al diferendo. Aunque no se llega a ninguna
solución, se tendrá como resultado una fuente primordial e ineludible para
todo el que investigue el tema de fronteras: Cornejo y Osma
([0750]) fueron los encargados de compilar las pruebas documentales que
sustentaban la posición peruana. Esta
obra, junto con los análisis jurídicos de Santa María ([0762]) y los
informes de Montero Ríos, Azcárate, Labra, Salmeron
y Alonso ([0757]), conforman el mayor compendio documental publicado sobre
el tema. En la línea, Pons Muzzo ([0758]) ha publicado últimamente
una compilación de documentos sobre el tema. Sin embargo, ya comienzan a
producirse algunos trabajos de análisis, breves como el de Aldana
([0742]), con detallada puntualización histórica como el de Cayo
([0747]) o de mayor aliento como el de Bákula ([0744]).
Pero para lograr el desarrollo de esta región, zona fronteriza, se
requiere ampliar la perspectiva del análisis, conociendo y tratando de
comprender la posición ecuatoriana. Por
ello se ha recuperado alguna bibliografía del vecino país; una compilación
de la Universidad Nacional de Loja ([0764]) que reseña la obra de
Jaramillo Alvarado sobre el tema y trabajos más novedosos y algo menos
beligerante, como los de Sampedro ([0760]; [0761]).
Quizás estos trabajos no son los más representativos pero recogen y
resumen los argumentos que tradicionalmente se esgrimen en el Ecuador.]
Nota.
[i].Ver al
respecto, el capítulos "Los orígenes precolombinos" y "Vicús".
[ii].Durante
el XVII los españoles, residentes de la zona, desarrollaron una importante
actividad económica: la cría de ganado lanar y en particular, los obrajes.
Su éxito económico de estos últimos cuyo mercado era Potosí y su rol
articulador del espacio serrano norandino los llevó a identificarse como
"Reyno de Quito". Este territorio habia sido ocupado por
diferentes grupos étnicos, independientes y rivales, Cañari, Puruhá,
Quito, Cara y Pasto. (F.Salomón. "Crisis y transformación de la
sociedad aborigen invadida (15281573)" En: Ayala, E. Nueva
historia..., ([0694]): 91122). En
un primer momento (1536), este terrritorio fue nombrado Gobernación de
Nueva Castilla y recién a partir de 1542 se anexó al virreinato del Perú.
Más adelante pasaría la audiencia de Quitoo pasaría a la jurisdicción
del recién creado virreinato de Nueva Granada (1749) y finalmente, sería
una de las tres repúblicas creadas con la desaparición de la Gran Colombia
(1830). (Comunicación personal del Sr. A. Mera)
[iii].Sobre el
antiguo gran espacio que vinculara el sur de la audiencia de Quito y el
norte de la de Lima, ver la introducción de "La transformación de la
comunidad histórica" y también la del capítulo "Cuenca, Loja y
Guayaquil".
[iv].Es
decir, por formar parte del virreinato del Perú.
La élite guayaquileña, poderosa económicamente a fines de la etapa
colonial, no tuvo ningún interés en participar de la República peruana.
Sobre el aspecto socioeconómico de Guayaquil ver el trabajo de M. Hammerly. Historia social... ([0699]) en el capítulo Cuenca,
Loja y Guayaquil
[v].Desde
una perspectiva regional, el mapa con la frontera entre ambos países
establecidas por este protocolo en Bernex y Revesz, Atlas regional... ([0001]),
p.35., en el capítulo "Atlas, bibliografías y diccionarios". El
seguimiento de los diferentes tratados de límites en Porras ([0759]) y la
compilación de documentos históricos referidos al tema en Pons Muzzo
([0758]).
[vi].La
longitud total de la frontera entre Perú y Ecuador es de 1,675.4 km, habiéndose
demarcado un total de 1,597.4 km.. La
distancia entre los hitos 20 de noviembre y Cunhuime sur es de 78 Km y
corresponde a la Cordillera del Cóndor (Pons Muzzo, [0758]). Sus
cumbres alcanzan los 3000 m. s.n.m. (Castro, [0746])
[vii].Esta
idea la recogí del Sr. Juan Granda, quien en el momento, está estudiando
este tema.
[viii].En este
sentido un buen intento es el proyecto de irrigación binacional
PuyangoTumbes. (Ver la sección del capítulo "Irrigación y
Riego": Tumbes y el PuyangoTumbes: cooperación binacional y la
integración fronteriza).

|