Región Piura

Derrotero Histórico


Sello de la Historia

HISTORIA

El Siglo XX de Nuestros Días

 

 

El siglo XX trajo consigo una serie de cambios inéditos.  Los adelantos técnicos, el desarrollo -aunque incipiente- de la industria, la construcción de vías de comunicación quebraron en gran medida el aislamiento de las regiones. Los núcleos costeños se desenvolvieron cara a la exportación, impulsando el desarrollo del litoral y relegando a la sierra. El centralismo pasa a ser la característica del Estado; las decisiones económicas y todos los intentos de desarrollo industrial se concentran en la capital.

 

El mundo urbano se acerca al medio rural, muchas veces avasallándolo. El perfeccionamiento y generalización de los medios de comunicación social difunden una "cultura" única y uniforme para todos a través de los periódicos, la radio y la televisión.   Pero también la población rural irrumpe en el medio urbano: la búsqueda de mejores condiciones de vida impulsa a la inmigración a las ciudades de costa; migración sin industrialización que es característica de este siglo.

 

El siglo también marca un cambio en el desempeño y constitución de asociaciones políticas. Nacen y se desarrollan partidos de cobertura nacional como el Apra, Acción Popular y varios grupos de izquierda. La política deja de ser el coto de los grupos de élite para convertirse también en asunto de campesinos, obreros, empleados; se tiende hacia la democratización en todas las instancias y niveles de la sociedad. No sólo aparecen sindicatos, sino también federaciones campesinas, rondas, asociaciones barriales, clubes de madres, entre otras.

 

Pero la violencia no está ausente. En los sesentas se desarrollan movimientos guerrilleros focalizados sobre todo en la ceja de selva. Veinte años después surgirán movimientos guerrilleros-terroristas como el MRTA y Sendero Luminoso, que recurren a métodos sanguinarios con la finalidad de imponer proyectos políticos radicales de izquierda en el plano nacional.

 

Sin embargo se produce una ofensiva sin precedentes en el campo cultural.  Mientras que muchos desaparecen, un gran número de los modelos tradicionales de vida se transforman en folklore para sobrevivir.  Una cultura urbana impone lentamente su modelo y su sello a las manifestaciones populares; algunas unifican regiones y se convierten en espacios comunes de identidad nacional, como la afición al fútbol o el culto al Señor de los Milagros.

 

La política de mitad del siglo: la transición

 

Después del efímero período de Luis Bustamante y Rivero quien llegara a la presidencia gracias al apoyo del APRA, un golpe de estado pondría en el poder a Manuel Odría.  El "ochenio" (1945-1953) se caracterizó por la corrupción administrativa y por su intransigencia política a la oposición; apristas y comunistas fueron declarados fuera de la ley y perseguidos. Su política económica buscó beneficiar a los productores y exportadores de la costa, eliminando los controles del tipo de cambio monetario. La construcción de infraestructura de servicios fue la tónica de su gobierno; las grandes unidades escolares e importantes hospitales fueron levantados en su período.

 

En estos años se intensifica el proceso de urbanización en el país a causa de la primera oleada de inmigración del campo a la ciudad; en adelante, no se detendría el desplazamiento continuo y permanente de la población rural hacia los núcleos urbanos.  Aunque Lima es el principal polo de atracción y absorve la mayor cantidad de migrantes, el mismo proceso se repite en las principales capitales de departamento de la costa y principalmente Cusco y Huancayo, en la sierra.  En Piura, aparecen numerosos pueblos jóvenes a las salidas hacia Catacaos y Paita.

 

El proceso político posterior es complejo; los '50 serán los años de los grandes cambios internacionales: el inicio de la guerra fría y la división de la supremacía política mundial entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.  El Perú bajo el gobierno de Manuel Pardo, se mantiene a la expectativa; los gobiernos posteriores deberán enfrentar el impacto del nuevo orden mundial.  Mientras tanto el APRA fue legalizado; su presencia y probable victoria en las elecciones de 1962, fueron causa de la anulación de estas últimas por las fuerzas armadas y de que un triunvirato asumiera el poder de manera transitoria.

 

Fernando Belaunde será el siguiente Presidente democrático; su gobierno fue una etapa de fuerte inestabilidad: a la oposición del APRA y de la UNO se sumó un creciente descontento en las áreas rurales.  Las revueltas de las comunidades de Cerro de Pasco y las tomas de tierras del valle de la Convención en el Cuzco, Tacalpo (Ayabaca) y en el Bajo Piura forzaron la implementación de una primera y tibia Reforma Agraria.  Es la época en que siguiendo el ejemplo de Cuba aparecen una serie de guerrillas en la sierra de Piura, en la selva central y en la de Cuzco; tres "frentes" que serían rápidamente desarticulados por las fuerzas armadas.  Finalmente, al actualizar el problema del control de los recursos petroleros, se firma el "acta de Talara", el acuerdo entre el gobierno peruano y la IPC. El escándalo de la "página once" sería el detonante de un golpe militar y causa del ascenso de Juan Velasco Alvarado al poder.

 

La modernización de la agricultura costeña: del pima al capital

 

El actual sistema de agricultura costeña de Piura y Tumbes se consolida hacia fines de la primera mitad del siglo XX.  Los créditos y en general, los servicios de la banca se utilizan a favor de la agricultura. El Pima desplaza definitivamente al Aspero peruano y a las otras variedades anuales de algodón e implanta una tecnología agrícola sustentada en el uso de fertilizantes y pesticidas y en la política de campo limpio después de la cosecha. Proliferan las desmotadoras y las acopiadoras y se desarrolla la industria de aceite de la pepita de algodón.  El nuevo auge algodonero de la post-guerra intensificó el proceso de concentración de tierras.

 

La agricultura pasó a ser una empresa; los antiguos intermediarios -generalmente extranjeros- convertidos en hacendados, además de ocuparse en la producción se encargaron también de la comercialización de sus productos. La base del sistema fue el monocultivo y la exportación algodonera. La burguesía comercial que se desarrolló diversificó sus actividades en y fuera de la región a partir de este producto; desde las fábricas aceiteras hasta las de textiles, pasando por la industria cervecera, la importación y exportación de maquinarias e incluso interviniendo en las grandes finanzas.

 

De manera cualitativamente distinta, la nueva dinámica del ciclo agroexportador y la modernización del agro absorbieron también al campesinado costeño y junto con él, a la pequeña y mediana propiedad no hacendaria.  Se vieron obligados a seguir el ritmo agrícola de la élite hacendaria: respetar el mismo cronograma de siembra, utilizar el mismo sistema de irrigación, adoptar el uso de fertilizantes e insecticidas y, sobre todo, servirse del crédito bancario. Su producción era vendida a acopiadores y finalmente comercializada en conjunto con la de la gran propiedad.

 

Pero en estos últimos años la crisis del algodón y la creciente dificultad en el acceso al crédito agrícola va de la mano con la diversificación de los cultivos: aumenta el hectareaje de productos como el arroz, el maíz y la caña de mercado nacional y el de plátano y el de mango de mercado mixto, nacional e internacional.

 

Al momento, una incipiente industria busca aprovechar los recursos regionales:  criaderos de langostinos en Tumbes, fábricas conserveras en Sechura, de productos lácteos en Sullana y de aceite de limón en el Alto Piura.   La agroindustria se perfila como la alternativa al desarrollo económico regional.

 

El Golpe Militar: un militarismo populista

 

En 1968, un golpe de estado coloca en el gobierno de la república a una junta militar: "la Revolución Peruana" se había iniciado. El Estado intervino en los diferentes aspectos de la vida pública del país. Por medio de decretos-leyes se propuso mejorar la producción nacional y su distribución, las relaciones laborales, el sistema educativo, el uso de los medios de comunicación, etc.

 

Sus primeras acciones pretendieron asegurar la intangibilidad de los derechos nacionales frente a las empresas extranjeras. La nacionalización de la International Petroleum Company, con sede en Talara, encabezó la de muchas otras, como la de Cerro de Pasco Mining Co. o la de la Marcona Mining Co. que se convirtieron en empresas estatales: Petroperú, Centromin Perú y Hierro Perú, respectivamente. Mientras que la primera monopolizaba la extracción y la venta del petróleo y de sus derivados, Minero-Perú centralizaba toda la comercialización de los productos mineros.

 

Con la Reforma Educativa se impuso un programa de enseñanza único y obligatorio a nivel nacional que había sido elaborado en base a un diagnóstico exhaustivo de la realidad educativa.  El objetivo de la Ley General de Educación (1972) fue rescatar los valores de la cultura nacional y promover en el estudiante la solidaridad y la cooperación con la sociedad a fin de consolidar  el proyecto político general. Para reorganizar el sistema, se crearon los Núcleos Educativos Comunales (NEC) que zonificaban y  descentralizaban la administración educativa y promovían la participación de la comunidad.  Pero la ley no dio los resultados esperados: en su contra se combinó la ineficiente burocracia estatal y la oposición de los maestros, que defendían sus antiguas condiciones laborales.

 

Dentro del marco de las políticas educativas, el Gobierno Revolucionario pretendió también la socialización y la democratización de los medios de comunicación: sobre todo la prensa pero también la radio, la televisión, la publicidad y el cine fueron afectadas por normas que "parametraban" la libertad de expresión.  Los diarios de oposición intransigentes, Expreso y Extra, fueron entregados a los trabajadores (1970) mientras que más tarde se intervendría en los demás de circulación nacional (1974) para adjudicarlos a grupos organizados: El Comercio a la Confederación Nacional Agraria, La Prensa a la Comunidad Industrial, El Expreso al Ministerio de Educación, etc.  Ya en la segunda fase, múltiples problemas de gestión y financiamiento provocaron la crisis de los diarios y como consecuencia, su estatización; y en la lógica del desmantelamiento de las reformas iniciales, se revirtió el proceso y los diarios fueron devueltos a sus antiguos dueños.

 

Gremios, sindicatos, yanaconas, comunidades campesinas y nativas, fueron el foco de atención de la nueva política del Estado.  Se les benefició con un conjunto de medidas que cruzaron desde lo económico con el reparto de tierras de latifundio, pasando por lo social con las nuevas leyes laborales y hasta lo político pues se impulsó su participación en cuanto grupos populares organizados.  Se buscaba así su apoyo para las reformas emprendidas: el gobierno de facto se legitimaba con el consenso de una amplia base social.  El Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social (1972) fue el organismo encargado de la organización y capacitación de estos beneficiarios.  Con un accionar controvertido, el SINAMOS entró muchas veces en competencia con otras dependencias del Estado -sobre todo Ministerios- encargadas de ejecutar las diversas reformas.

 

La Reforma Agraria en Piura

 

La sequía de 1965 detuvo el proceso de acumulación de tierras en la costa de Piura, generado por el nuevo auge algodonero de la post-guerra. En paralelo, se comenzaron a vender algunas haciendas importantes del bajo Chira, del alto Piura e incluso de la sierra; familias como los Romero prefirieron invertir en la industria y finanzas más que en la agricultura.  La reforma agraria propiciada por Belaúnde afectó tan sólo a algunas haciendas serranas, que fueron compradas por el Estado a solicitud de sus dueños. Por su lado, las comunidades de Tacalpo, Andanjo y Catacaos iniciaron las tomas de tierras volviendo a reivindicar la antigua posesión comunal.

 

La Reforma Agraria implementada por el Gobierno Revolucionario, afectó de inmediato a los grandes latifundios azucareros; las haciendas piuranas no estaban aún en la mira de la expropiación.  Ante la presión del campesinado regional y para evitar la descapitalización de los fundos, en 1969 se declaró a Piura como zona de aplicación de la Reforma.  Para acelerar los procedimientos administrativos de expropiación, el SINAMOS promovió tomas de tierras y la creación de ligas agrarias; a su intervención se sumaba la de otras fuerzas políticas radicales que tenían sus propios proyectos de reforma.  En dos años fueron ocupadas cerca de 20 haciendas en los valles del Chira y del Alto Piura.

 

Los beneficiarios de la Reforma fueron grupos campesinos organizados bajo formas cooperativas.  La tierra de las antiguas haciendas fue la base de las nuevas asociaciones agrarias que debían constituirse en empresas campesinas autogestionarias. Dos modelos fueron establecidos e impulsados, uno desde el Estado y el otro reformulado de acuerdo a las necesidades regionales: las Cooperativas Agrarias de Producción (CAPs) asociaban a los antiguos trabajadores de las haciendas que como socios participaban de la propiedad de la tierra mientras que en las Cooperativas Comunales de Trabajadores, ésta pertenecía a la comunidad.  Las primeras se localizaron en el  Chira y Alto Piura y las segundas, por el Bajo Piura.  En paralelo, surgió una forma alternativa a ambos modelos: las Unidades Comunales de Producción.

 

Campesinos sin tierras de la Comunidad de Catacaos ocuparon los terrenos eriazos marginales del valle y los habilitaron para   el cultivo. Estas tierras no dejaron nunca de pertenecer a la Comunidad sino que fueron y son explotadas en común por los socios de las UCP's.  Este modelo de organización es posible únicamente en el marco de la propiedad comunal.

 

En la sierra, la reforma fue mucho más tardía y tímida que en la costa (1975): la tierra fué adjudicada mayoritariamente a grupos campesinos y comunidades.  No obstante, los agricultores serranos no aceptaron el modelo cooperativo.  SINAMOS se vio obligado a organizarlos en comités para adjudicarles la tierra: los "Grupos Campesinos" detentaban en común la propiedad de la tierra y fueron pensados como organizaciones transitorias hacia formas asociativas.

 

Tierras adjudicadas por la Reforma Agraria en Piura  

 

Fuente : Arce, E. La Reforma Agraria en Piura. (Lima, CEDEP, 1983).

   

 

Pero en Piura, la Reforma no se implementó sobre un agro desorganizado. Dos grandes asociaciones reunían a los agricultores.  De un lado la "Liga Departamental Agraria y Ganadera de Piura" congregaba a los hacendados y accionistas de sociedades agrarias; del otro, la Federación de Campesinos de Piura (FEDECAP), creada durante el primer gobierno de Belaunde, agrupaba el mayor número de campesinos ya sindicalizados desde la época del '50.

 

La ejecución de la Reforma Agraria fue el campo de batalla de los diferentes grupos y partidos políticos.  Para evitar el enfrentamiento, la antigua Liga Departamental Agraria se vio obligada a aceptar a pequeños y medianos productores surgiendo entonces la Federación Regional Agraria de Piura y Tumbes (1973).  El ingreso de la Comunidad Campesina de Catacaos a la FRADEPT (1978) y la unificación de las bases de las dos principales centrales nacionales (CCP y CNA) significaron su conversión en el órgano máximo de representación del campesinado regional.  

 

La segunda fase: el desmantelamiento de las reformas

 

En términos económicos, los planes del gobierno militar no dieron los resultados esperados; al contrario, se acrecentó la deuda externa y el déficit fiscal. En 1975, Velasco es depuesto por una nueva junta militar, a cuya cabeza se encontraba Francisco Morales Bermúdez.

 

La política de esta "segunda fase del gobierno revolucionario de la Fuerzas Armadas" fue el desmantelamiento de los proyectos puestos en ejecución por la anterior, revirtiendo la ejecución de algunos, dejando que otros siguieran por inercia e intentando realizar cambios en la economía nacional. Para ello desarrolló una política de devaluaciones y de reducción del gasto interno, fomentando la exportación y estableciendo un control de precios sobre un conjunto de productos básicos.

 

El nuevo modelo económico tampoco funcionó. Se multiplicaron las huelgas y las protestas por la política del gobierno, reclamando el retiro de la junta militar. El creciente descontento que fue desde las protestas de los policías (1975) hasta el primer Paro General a nivel nacional (1977) se conjugó con la presión internacional para la vuelta a la democracia.  Finalmente se convocó a elecciones para establecer una Asamblea Constituyente que redactara una nueva Constitución del Estado (1979). Los partidos de centro-izquierda, el APRA y la Izquierda -por primera vez constituida como frente-, obtuvieron la mayoría de los sufragios y junto con el Partido Popular Cristiano, la tercera mayoría, sentaron las bases para la restitución de la democracia.

 

El gobierno constitucional y la reestructuración Post Reforma

 

Fernando Belaúnde Terry volvió a ser elegido presidente y esta vez obtuvo también el mayor número de escaños en ambas cámaras.  Reactualizando y concertando alianzas políticas, el AP se convirtió en la mayoría absoluta del parlamento.

 

Su política económica procuró combatir la crisis heredada de los gobiernos anteriores, "desembalsando" progresivamente la economía: se retomaron las "mini-devaluaciones", se propició la libre importación y se anuló el control de precios.  Sin embargo, el tibio liberalismo de las nuevas medidas generaría una situación de inflación permanente.

 

La Reforma Agraria fue uno de esos proyectos que la Segunda fase del gobierno militar dejó seguir casi por inercia.  El gobierno accio-populista tampoco contempló a la Reforma dentro de su programa político pero en la práctica, sí implementó una serie de medidas para desmantelarla.

 

A pesar que la Reforma consiguió redimensionar la propiedad agraria, no fue suficiente para elevar el nivel de ingreso del campesinado.  El problema del agro no era solamente la tenencia de la tierra sino la presencia de un sistema de comercialización y de precios controlado por diferentes grupos económicos.

 

El sistema cooperativo no se consolidó en el país. A las contra-medidas legislativas se sumaron los problemas de precio y de mercado, la falta de capacidad de gestión de las nuevas empresas y la corrupción administrativa. Como consecuencia se produjo la parcelación entre los socios de las CAP's del alto Piura mientras que en el valle del Chira se redimensionaron, formándose cooperativas más pequeñas.

 

Pero la reestructuración no consistió únicamente en la división de la tierra: los campesinos organizados desarrollaron también formas alternativas de tenencia y usufructo de la tierra. A raíz de las invasiones de cooperativas (1978) en el alto Piura (Chulucanas, Morropón y Salitral) surgen los Comités Campesinos y las Cooperativas Agrarias de Usuarios.  Estos comités y las CAU's combinan la tenencia individual de la tierra con el uso colectivo de la infraestructura, el equipo (maquinaria) y los créditos agrícolas. Las variaciones generadas por la comunidad en el modelo cooperativo estatal, las CCTs y las UCPs no sólo sobreviven sino que se consolidan.  Incluso las UCPs se expanden y "se exportan" de la Comunidad de Catacaos a la de Castilla.

 

Por su parte, en la sierra, los "Grupos Campesinos" empiezan a reclamar su reconocimiento como comunidades campesinas. Estas antiguas formas de propiedad y organización social, reestructuradas, terminarían generalizándose en la zona andina de Piura.

 

La crisis económica y el desborde popular

 

El desgaste político del gobierno acciopopulista y la continuidad democrática permitieron el ascenso del APRA al poder  bajo el   liderazgo de Alan García.  En el plano económico, se implementó una política heterodoxa orientada a reactivar la economía.  Del relativo éxito inicial, se pasó a un acelerado proceso inflacionario y recesivo sin precedentes: para la mayor crisis de la historia peruana confluyeron el aislamiento del sistema financiero internacional y el intento de nacionalización de la banca. Los índices inflacionarios en el país alcanzaron niveles jamás pensados; en Piura mismo la inflación del último año del gobierno aprista sobrepasó el promedio nacional: alcanzó más del tres mil doscientos por ciento.

 

El desarrollo del interior de país y la asistencia a las áreas marginales de las ciudades fue parte de la política social de los gobiernos constitucionales. En el primero se reactivó Cooperación Popular encargándosele la edificación de infraestructura (colegios, postas, mercados) y la atención a las iniciativas de los pobladores; en el segundo se creó el Programa de Asistencia al Ingreso Temporal (PAIT) como medio para la realización de pequeñas obras pero sobre todo para apoyar económicamente a sectores deprimidos de la población. También se crearon las Corporaciones Departamentales de Desarrollo (CORDES) encargados de administrar localmente los fondos para la implementación de estructura regional y para apoyar acciones de desarrollo.  Desafortunadamente muchas veces estas instituciones fueron utilizadas política y partidariamente.

 

A nivel nacional, la década de los '80s está marcada por el crecimiento y el desarrollo del movimiento popular organizado. Las rondas campesinas, las asociaciones agrarias, los clubes de madre, los comedores populares, las asociaciones barriales, etc. surgen ante la manifiesta incapacidad del Estado para atender las necesidades y las demandas de una población cada vez más urbana, de crecimiento explosivo, con mejor nivel educativo y mayor conciencia de sus derechos.  En medio de una economía de crisis, la gente se organiza para mejorar sus condiciones de vida, para su defensa o simplemente para la supervivencia.

 

En Piura, este proceso se aceleró con la emergencia ocasionada por las lluvias del 83; muchas de las actuales asociaciones populares surgieron en esta época. Algunas -clubes de madres y comités del vaso de leche- se han consolidado tanto en el ámbito urbano como en el rural y otras, en particular las rondas campesinas, han logrado una fuerte representación local y se vienen consolidando como organizaciones para el desarrollo.

 

Pero esta década marca también el violento incremento del narcotráfico y la insurgencia de grupos armados interesados en desestabilizar el gobierno constitucional.  La expansión y la impunidad de sus actos en contra de la sociedad junto con las constantes violaciones de los derechos humanos, tanto por los grupos terroristas como por las fuerzas del orden, han hecho patente la debilidad del Estado y la falta de integración nacional alrededor de un proyecto común.

 

 

Democracia y regionalización: dos procesos inacabados

 

La nueva Constitución de 1979 contemplaba la regionalización del país como medio para descentralizar la economía y la administración pública.  Recién cuatro años después de la promulgación del Plan Nacional de Regionalización (1984) se crea la primera región que reúne nuevamente los departamentos de Tumbes y Piura (1988).  Casi de inmediato la Región Grau fue dividida por su Asamblea Regional en tres subregiones: Piura (Piura provincia, Morropón, Huancabamba), Luciano Castillo Coloma (Sullana, Paita, Talara, Ayabaca) y Tumbes (Tumbes, Zarumilla, Contralmirante Villar).

 

A nivel nacional se crearon trece regiones, que alcanzaron  diferentes grados de institucionalización y representatividad las que sin embargo, no pudieron llegar a consolidarse.  Los cambios en la política interna truncarían el proceso.

 

Concluido el gobierno de Alan García en total descrédito, la crisis general del estado se manifiesta claramente en la creciente desconfianza en los medios políticos tradicionales. Situación que se ve influenciada por el nuevo panorama político-económico internacional: la ruptura del equilibrio de poderes post-segunda guerra mundial, la nueva división del trabajo (este-oeste) con la desaparición del escenario de los países del llamado tercer mundo, la creciente liberalización e internacionalización de la economía. La caída del muro de Berlín es el signo del cambio precipitado que dio la preeminencia al sistema político capitalista, desplazando al socialismo como una opción de desarrollo.

 

El desencuentro de la sociedad civil con el Estado genera una perdida de credibilidad en los partidos como canales de intermediación y la lleva a buscar personas sin trayectoria política pública.  El proceso catapulta, en menos de dos meses, a Alberto Fujimori a la Presidencia, reviviendo en el interín la polarización social y religiosa de diferentes sectores del país.  Pese a las promesas de corregir gradualmente la economía, se opta por un liberalismo radical; la primera acción de este gobierno fue el desembalse de precios que generó una hiper-hiper inflación (7,600% en Lima y 9,400% en Piura), medida conocida como el Fujishock.

 

Con un parlamento de oposición y en constante enfrentamiento con el ejecutivo, opta por un autogolpe de estado tomando como pretexto la incapacidad de los congresistas y su lentitud para legislar las medidas correctivas necesarias sobre todo en los campos económico y antisubversivo; prioritarios de la línea política del gobierno en el frente interno.  Poco tiempo después, bajo la presión internacional, Fujimori convoca elecciones para un Congreso Constituyente Democrático (CCD) en el que logra la mayoría parlamentaria.

 

Las desacertadas políticas del gobierno aprista habían generado el aislamiento de la comunidad económica internacional; el proceso de reinserción que se venía dando se vio gravemente afectado por el autogolpe. Sin embargo, en el plano nacional, se logra disminuir la tasa inflacionaria y asestar un duro golpe a la subversión con la captura de algunos de sus líderes; hechos que fortalecen el gobierno "democrático", marcadamente autoritario y centralista.  Como prueba, el desmantelamiento del proceso de regionalización y la reimplantación de los departamentos como divisiones jurídico-políticas.

 

La fuerte crisis del estado que se ha manifestado claramente con la presencia de políticos "independientes", se deja sentir en todo el escenario nacional.  Los últimos comicios municipales, demostraron que en las provincias, la opción por candidatos de prestigio local, vistos muchas veces como independientes a pesar de pertenecer a un determinado partido, se combina con la supervivencia de maquinarias partidarias.